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viernes, 8 de mayo de 2009

Las playas escondidas de Sur y Palermo

Los 4.000 metros de rambla, desde la calle Jackson hasta la escollera Sarandí, no se respetaron ni los meandros, ni los requiebres de la costa, ni las dos playas que existían entre la Ramírez y el Cementerio Central, las de Patricios y Santa Ana. La construcción de la rambla Sur, obra del Ingeniero Juan Pedro Fabini, está asociada a un momento particular de nuestra historia, que se reflejaba en la realización de obras colosales. En el mismo período en que se hizo la rambla Sur, se construían el Hospital de Clínicas, el Estadio Centenario, el Palacio Salvo y el Palacio Legislativo. Todo al mismo tiempo y pagos, en la mayor parte de los casos, al contado. Cuando se observan las fotos de la construcción de la rambla Sur se comprende en toda su dimensión no solo la magnitud de la obra sino la poderosa idea que estaba detrás. Esa rambla costanera que bordea la ciudad es antes que nada el producto de una concepción cultural, que buscó construir una mirada que definiera y disciplinara un paisaje.

Rellenar las playas y construir la rambla Sur hoy exigiría una inversión del entorno de los 300 millones de dólares. El costo de una obra de semejante envergadura desató la polémica. Y así lo registran los debates de los ‘30. Quienes dudaban sobre la conveniencia de construirla machacaban con un argumento estentóreo: la inversión equivalía a construir todos los barcos de la flota mercante más grande del mundo. ¿Uruguay podía darse ese lujo? Hubo que expropiar 929 fincas y rellenar dos playas y sus ensenadas. Entre las calles Gaboto y Magallanes existía una playa denominada Santa Ana y entre Médanos y Vázquez otra denominada Patricios. Allí se erigieron miradores. Con la venta del terreno ganado al mar se financió el balcón al mar. Para agregarle monumentalidad al gesto, se hizo de granito rosado. Los números son colosales. Se utilizaron 500.000 metros cúbicos de arena y piedras equivalentes a 50.000 camiones cargados de esos materiales, una fila que continua desde Montevideo iría más allá de Tacuarembó. Para construir el muro se utilizó, en hormigón, el equivalente a lo necesario para levantar la estructura de 160 edificios de 10 pisos, es decir la tercera parte de los edificios de 10 pisos actualmente existentes en la ciudad. Se requirieron 2 millones 400 mil jornales, o sea tres días de toda la población económicamente activa. Para sustentar el límite donde había que rellenar, se arrojaron miles de bolsas de portland, las que se solidificaban bajo el agua. En veredas se construyó una superficie cubierta equivalente a seis estadios Centenarios. Las dimensiones de la maquinaria utilizada invitaban a los montevideanos a la costa, quienes las observaban boquiabiertos, al punto que al día de hoy, ninguna de las constructoras que trabajan en la región posee una grúa tan poderosa como la usada en 1930. Y como veremos en notas próximas, ese majestuoso balcón al mar fue la tribuna de insospechados acontecimientos. En base a material extractado de http://www.montevideo.gub.uy/montevideoenlamano/02/ramblasur.pdf

1 comentario:

Pablo Alejandro Macías Torres dijo...

Existen maravillas que la gente no ha conocido en muchos países. Yo quedé maravillado con ese hermoso hotel en Punta del Este, pero estoy convencido que existen playas olvidadas que son simplemente maravillosas.