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sábado, 6 de junio de 2009

El Parque Anchorena y La Torre Gaboto

La Torre Gaboto - foto Mariana Lafont (diario Página 12)

Por este paraje, situado en las confluencias del Río de la Plata y el río San Juan, pasó en 1516 Juan Díaz de Solís y en 1520 Fernando de Magallanes que en su viaje hacia el sur encontraría el estrecho que hoy lleva su nombre, ansiado camino hacia oriente.

En 1527 llega el veneciano Sebastián Gaboto en busca de la legendaria Sierra de Plata que dará nombre al río. Recién será en 1542 que los españoles se afincarán en la zona, cuando el capitán Juan de Romero, enviado desde Asunción por el adelantado Alvar Núñez Cabeza de Vaca, instale una población, San Juan Bautista, que apenas duró seis meses.

Los españoles recién retornarán en 1681 a fundar allí la Guardia del San Juan, motivados por la fundación de Colonia del Sacramento por los portugueses.

La desembocadura del río San Juan, forma una Barra de definida silueta y blancas arenas; su curso es lugar ideal de navegación. A principios del siglo veinte, estas tierras protagonizan un hecho épico en la vida de uno de los personajes argentinos de la época.

Aarón de Anchorena era hijo de una acaudalada familia porteña y era poseedor de un gran espíritu aventurero. Junto a Jorge Newbery en 1907, se propusieron el cruce del Río de la Plata, pero de un modo muy particular: en globo. Una hazaña que lograron a pesar del mal tiempo y que les hizo descubrir estos parajes de los que Anchorena no se separarí jamás.

La idea era comprar el territorio donde bajase el globo "Pampero" en el cual estaban volando. Pero al no estar disponibles esas tierras, la madre de Anchorena compro 11000 hectáreas junto a la desembocadura del Rio San Juan, un terreno que Anchorena había visto desde el aire.

Jorge Newbery y Aarón de Anchorena, momentos antes de la histórica ascención del "PAMPERO". El salvavidas que pende pertenece al "Pampa", navío argentino. Foto: Instituto Argentino de Historia Aeronáutica Jorge Newbery (Juan Viegas)

El joven y emprendedor Aarón se dedicó desde entonces a modelar una obra arquitectónica y paisajística en la que ocupó el resto de su vida. En un enclave custodiado por las islas de Martín García y San Gabriel, donde en días claros emerge del horizonte la silueta de los edificios de Buenos Aires a 55 kilómetros al otro lado del río, hoy se reuerda la osadía de aquel vuelo aerostático de principios de siglo. Esa hazaña sólo es superada por las obras que Anchorena realizó en sus tierras.

Su casa, que recuerda la campiña inglesa, la capilla sobre el barranco, el establecimiento rural pionero de la época, la torre de Gaboto y un bosque de 686 hectáreas, son sólo algunas de sus más importantes realizaciones personales.

En 1965, los 87 años de edad, en 1965 fallece y lega al estado uruguayo un predio de 1370 hectáreas como testimonio de amor al lugar que fue testigo y cómplice de sus sueños. En el testamento, se dispone que el parque sea destinado con fines educativos para la población y que la residencia pase a ser lugar de descanso de los jefes de estado uruguayos.

Casco de la Estancia Presidencial Anchorena

Con una fachada de estilo normando, la entrada de la casa principal mira hacia un gran parque en el que se encuentra un lago artificial. El lado oeste de la residencia, de estilo Tudor, se orienta hacia el Río de la Plata. El interior, sobrio y confortable, recrea el clima de las fincas rurales inglesas. La sala, presidida por una gran chimenea, se reviste de lambriz y decora su techumbre con vigas de madera. Allí, se conserva una colección de pájaros embalsamados formada por especies provenientes de la zona.

El escudo de los Anchorena simboliza la tradición de la vieja familia. Desde el salón se pasa a la biblioteca, toda de madera, donde luce el magnífico apero de oro y plata del antiguo dueño de casa. El escritorio es una sobria habitación. Sirve como lugar de trabajo y conserva recuerdos como fotos del Pampa y de los veleros con los que Anchorena llegara incluso a Europa.

El señorial comedor con piso de mármol blanco y verde oscuro abre sus ventanales hacia el Río de la Plata. Cada detalle de la decoración recuerda las grandes pasiones de Anchorena: los viajes y la caza.

En 1927, como homenaje a los descubridores españoles al cumplirse 400 años de su llegada a estas tierras, Anchorena erige una monumental torre de piedra de 75 metros de altura. La efigie de Gaboto recuerda el propósito de la construcción y al pie de la cual se ubica la tumba que guarda sus propios restos, según sus deseos, desde su muerte en 1965. A esa fecha, Anchorena conservaba 4700 hectáreas de las 11000 que le había comprado su madre.

La escalera que conduce a la cumbre de la torre

Desde las alturas de la torre se domina una vasta extensión del Plata, del Río San Juan y de todo el parque. Un pequeño museo, emplazado en su interior, conserva numerosas piezas paleontológicas halladas en la zona, rica en restos de animales prehistóricos que las barrancas han ido dejando al descubierto. También atesora objetos de valor arqueológico, correspondientes a los asentamientos españoles encontrados en las excavaciones que se practicaron para construir los cimientos de este extraordinario edificio. Estas investigaciones se han reanudado para seguir esclareciendo el pasado.

Desde Buenos Aires, en los días claros, se divisa la torre que aporta al paisaje la belleza de sus líneas y que es muestra del espíritu decidido de quien la erigiera en aquellos años con limitados medios técnicos.

La costa del río San Juan, refugio de naturaleza y de tranquilidad, alberga en primavera y verano cientos de embarcaciones que se internan siguiendo su sinuoso curso. En sus márgenes crecen especies características de nuestro monte ribereño, como el Ceibo, el Canelón o el Sauce Criollo, asociadas a especies exóticas y de atractivos cambios estacionales. Al otro lado del río San Juan, la vegetación nativa dibuja el paisaje tradicional.

Mientras tanto, la rivera sobre el Río de la Plata cae a pico en pintorescas barrancas de 8 a 10 metros de altura donde es posible ver el proceso erosivo provocado por el embate de las olas, el viento y la lluvia. Resulta poco creíble que en las dos semanas de sudestadas que acompañaron las históricas inundaciones de 1959, el Río de la Plata haya lamido las cumbres de esos barrancos. Una marca perdura registrando el nivel máximo alcanzado por el río, producto combinado del entonces persistente viento y de los aportes diluviales del Paraná y del Uruguay.

En su testamento, Aarón de Anchorena legó al Estado una fracción del campo de 500 hectáreas aproximadamente, incluyendo sus plantaciones y edificaciones. A su vez, se destinó la casa principal -con sus colecciones y objetos de arte- para el uso de los Jefes de Estado. El parque forestal se extiende hoy a través de 686 hectáreas, diseñado por paisajistas europeos, alberga más de 140 especies arbóreas y arbustivas, algunas únicas en el país, provenientes de sus viajes por todas partes del mundo, lo que le confiere valor de arboreto.

Las más de 40 especies de Eucaliptos traídas por Anchorena desde Australia junto con otras especies nativas y exóticas conforman un mágico y calmo ecosistema coronado por el canto de los pájaros. El parque posee también abundante fauna: más de 75 especies de aves, especialmente acuáticas, que imponen su presencia en el lugar.

Sin embargo, el ciervo Axis, hoy disperso en todo el país, originario de Europa y que Anchorena introdujo en la década del veinte, se constituye en el mayor atractivo. Durante el día es posible ver numerosas manadas que recorren el parque.

Anchorena introdujo también otros animales como jabalíes, antílopes, canguros y búfalos. Unos prosperaron, otros no; lamentablemente el jabalí se extendió luego como maliciosa plaga a toda la región. La noche también alberga una urdimbre silenciosa de vida nativa. Bajo la luz de la luna, la presencia de los ciervos se intuye por sus gritos que rompen la noche y solo se acallarán por un instante cuando nuevamente el sol ilumine la obra de un visionario: Aarón de Anchorena.

El Parque Anchorena tiene un gran potencial para el desarrollo de actividades de investigación científica. Hasta el momento, se realizaron diversos estudios en coordinación con otras instituciones estatales, entre las que se encuentran el Departamento Forestal de la Facultad de Agronomía, el Departamento de Paleontología de Facultad de Humanidades y el Museo y Jardín Botánico de la Intendencia de Montevideo. Por su parte, el Ministerio de Ganadería Agricultura y Pesca, a través de la División Fauna, ha realizado el inventario de las especies animales , el relevamiento de los cultivos y los árboles y otros de carácter geo-paleontológico.

2 comentarios:

javikelland dijo...

no pude dejar de imaginarme a mi viejo en su juventud viviendo en ese lugar. Hoy ya fallesido,son incontadas las preguntas que le haria sobre su vida alli.Recuerdos muy pobres me quedan en la memoria de lo que contaba él cuando era un niño. Sus padres,hermanos,y amigos,de los no se cuantos escalones de la torre gaboto,delrio san juan,sus playitas y hasta de un gran cañaberal donde hacian no se que cosa. Lo perdi cuando era chico y todavia no prestaba atencion a esas historias.Como me gustaria escucharte ,viejo!!!. Si alguien tiene mas datos de las personas que vivian y trabajaban en la barra,agradeseria me hicieran llegar datos o anecdotas para seguir imaginando a mi padre contando como propias esas historias.

Anónimo dijo...

Es posible subir aún a la Torre de Anchorena?? Mis padres vivieron en la Estancia durante 14 años, siendo mi padre, encargado del Destacamento de Prefectura antes de los años 70.
Un amigo suyo, le comentó días pasados, que ya no es posible subir a la torre...
Es ésto verdad?
Dicen que dicho monumento se encuentra al borde del derrumbe... y me parece muy extraño, siendo ahora, propiedad del Estado... que semejante obra arquitectónica y con tanto valor histórico, esté a punto de caer... por eso mi curiosidad, y porque me gustaría volver a visitar ese lugar tan querido para mis padres.