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martes, 28 de julio de 2009

1930 - El Mundial de Montevideo

Fue en Barcelona, el 18 de marzo de 1928 y con la firma de Alfonso XIII, donde el congreso de FIFA decidió que la primera Copa del Mundo se celebraría en julio de 1930 en Uruguay, país que ostentaba los títulos olímpicos de 1924 y 1928. España era candidata a la organización, pero el peso de los sudamericanos decidió la elección.

El Novísimo Estadio Centenario y sus alrededores colmados. La gramilla bastante ausente...

Quedaba lo más duro: organizar algo enorme desde la absoluta nada. Valga como ejemplo que Brasil acudió con un equipo en el que no estaban los jugadores paulistas, los mejores que tenían. No se creían que eso de un Mundial iba a ser algo importante y decidieron quedarse jugando su Liga.

A Uruguay 1930 no se llegó por fase de clasificación y sí por invitaciones. Europa, herida toda por la elección de Uruguay, boicoteó el evento. Sólo Francia, Rumania, Bélgica y Yugoslavia cruzaron el Atlántico en barco para llegar a Montevideo.

José María Mateos, por entonces seleccionador español, aseguró que aquello era un viaje “impracticable” tanto por la distancia hasta Montevideo como por el perjuicio que suponía a los clubes tener que ceder a sus jugadores en pleno campeonato.

Jules Rimet tuvo que viajar en tren hasta Bucarest para que el mismísimo rey Carol de Rumania decidiera que su país tomara parte en el Mundial. Tan dudoso estaba todo, que la organización no realizó el sorteo de los grupos hasta que todos los equipos estuvieron en Uruguay.

El ‘Conde Verde’ partió de Génova, donde subieron los futbolistas rumanos, con paradas en Villefranche-Sur-Mer, donde subieron los franceses y en Barcelona, donde lo hicieron los belgas. Luego Lisboa, Madeira, Canarias, Río de Janeiro, donde abordaron los brasileños, para finalizar su recorrido en Buenos Aires.

Yugoslavia viajó a bordo del Florida, un pequeño barco de correos.

"Aplastando el Hormigón..." - En nuestras búsquedas por la web dimos con esta notable foto: un conglomerado de gente, sin explicación alguna, en la tribuna Colombes... La Olímpica aún estaba ausente.

El balón echó a rodar el 13 de julio, en la cancha de Peñarol, en Pocitos, ya que el Estadio aún no estaba listo, contrariando a los afiches que se imprimieron anunciando la disputa para entre el 15 de julio y el 15 de agosto. Las limitaciones de la época no alcanzaron para corregir un error que quedó impreso para la posteridad.

Afiche Oficial del Mundial; nótese la discrepancia de fechas.

Las clásicas boinas que lucían varios jugadores, no tenían sino la finalidad de protegerse del duro balón, que tenía una costura exterior, por lo cual había que tener bastante coraje para darle de cabeza. Una solución era jugar de gorra. Los más listos las rellenaban con papel de periódico o cartón.

El Mundial de Uruguay bien se podía haber llamado "de Montevideo". Es el único que se ha celebrado sólo en una ciudad y faltó muy poco para que únicamente se celebrara en el estadio Centenario. Sólo el retraso en la inauguración del gran estadio hizo que se tuviera que jugar también en los campos de juego de Peñarol y Nacional, en Pocitos y en el Parque Central.

No hubo partido de definición de tercer y cuarto puesto: Uruguay apabulló a Yugoslavia en las semifinales por 6-1. Los balcánicos, indignados porque se les había anulado un gol legal, se negaron a disputar el tercer y cuarto puesto ante Estados Unidos.

¡Y el talón de un anillo central de Olímpica contra Amsterdam! Inaugurada con el hormigón sin todavía terminar de curar...

Se vendieron un total de 547.308 entradas en los 18 partidos jugados, y con la curiosidad de que la recaudación de la semifinal entre Uruguay y Yugoslavia fue superior a la de la final ante Argentina: 35.057 pesos por 30.000.

Lucient Laurent, de Francia, entró en la historia como el autor del primer gol de la historia de los Mundiales. Fue a los 19 minutos del partido inaugural entre México y Francia.

Pablo Dorado pone el 1 a 0 a favor de Uruguay en el arco de la Colombes. Obsérvese la posición de los fotógrafos sobre la línea misma, hoy inadmisible.

La final fue lo que se esperaba: un mano a mano entre Uruguay y Argentina, los dos gigantes del Río de la Plata. El 30 de julio, en un estadio Centenario que se inauguró con el Mundial ya iniciado, la celeste batió a sus vecinos. En el primer tiempo el equipo argentino ganaba 2 a 1, pero en la etapa final salió a relucir el clásico temperamento de los uruguayos, que sobre la base primordialmente de una mayor física, lograron dar vuelta el resultado y se impusieron por 4 a 2.

Mañana miércoles 29 complementaremos esta nota con un expléndido video documental de la época muy poco difundido sobre la histórica final de 1930.

Texto ampliado a partir de una reseña de Miguel A. Lara.