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martes, 21 de julio de 2009

Natalicio de Pedro Figari, Pintor de la Patria Mía

Candombe, Pedro Figari 1921 - óleo sobre lienzo 75 x 105 cm - Colección Constantini

Pedro Figari Solari nació en Montevideo, el 29 de junio de 1861. Pintor, abogado, político, escritor y periodista. Una de las figuras más destacadas de la pintura uruguaya y latinoamericana, perteneciente a la escuela postimpresionista, caracterizado por su carácter polifacético y su voluntad americanista.

Su obra está aislada como la de ningún otro artista nacional precisamente porque fue convencidamente uruguayo y por haber desarrollado su alto intelecto en exploraciones de la cultura rioplatense, un caso de raro culto por el esencial dominio de los ingredientes más propios y la sabiduría que emana de la expresión que corre como linfa sin esfuerzos.

Óleo sobre cartón, 68 x 78,7 cm - Colección Banco de la República

La vida de este pintor, como la de todo creador genuino, tiene sus características singularísimas. Hombre evidentemente social, gozó en su juventud de la simpatía de los triunfos. Primero fue un abogado, recibido a los veinticinco años en la Universidad de la República, sobresaliente en el derecho penal como defensor de inculpados en causas célebres de su tiempo; letrado del Banco República; funcionario en el alto cargo de Inspector de Escuela de Artes y Oficios del país, donde por sus directivas quiso ensayar el estudio del desarrollo decorativo de los elementos de la fauna y flora nativas; político del Partido Colorado que ocupó bancas de representante nacional por Rocha y después por Lavalleja.

Cumplió esas actividades destacadamente, llegando hasta a abarcar la diplomacia, que fue vivida por Pedro Figari con un parejo interés por las actividades intelectuales del puro y gratuito ejercicio.

Fue ensayista de la belleza en su libro Arte, Estética, Ideal publicado en 1912. Autor de razonamientos sobre belleza, como los poemas "El arquitecto" (1930), su pensamiento fijado en palabras forma una notable unidad con su plástica, ya que sus libros pueden ser leídos en su pintura.

Los escenarios de largos horizontes en los que los seres se integran en el paisaje señalan el credo panteísta como el mensaje último de un artista filósofo. Comprendiendo como pocos en que grado las artes representan la sabiduría del pensamiento humano, supo compendiar todas sus ideas fragmentadas en actividades múltiples en la unidad visual del cuadro pintado.

Al iniciar decididamente su entrega a la pintura, la conciencia debió serle clara sobre el destino futuro, pues no podía ignorar su inmersión voluntaria en el descrédito ante los círculos y mundo oficial en que actuaba, el abandono total de los halagos fugaces y de la suspensión en su país por un largo lapso de su condición popular de prohombre, todo lo cual sucedió. Por otra parte, hasta el momento de su decisión hacia la pintura, los círculos artísticos a los cuales iría a integrar no le estimaban más que como aficionado, como sólo persona destacada y brillante que amaba la pintura.

Cuando Figari estructuró toda la creación de su arte tras larga meditación y paciente recato, fue a Buenos Aires a producir. Allí vivió cuatro años pintando sin reposo. Del ejercicio salió su incomparable estilo, porque en la pintura también la mano piensa. Figari parte desde Montevideo con su vocación ya marcada a instalarse primero en Buenos Aires (1921-1925) y luego en París (1925-1933) .

"La Pampa" - óleo sobre cartón
Los temas de Figari, eran ciertamente afines a los usados por artistas argentinos, así que allí completa su repertorio con interpretaciones de motivos argentinos, como el episodio de "Barranca Yaco", del retrato del personaje literario "Don Segundo Sombra" y las danzas provincianas. Encontró en Buenos Aires un medio, una "élite" culta, acogedora, pero lo suficientemente reciente en el contacto del artista para apreciarlo como versión totalmente inédita y respetarlo en su virginidad interpretativa. Una "élite" de alta napa de la sociedad bonaerense lo sostiene y alienta. Algunos literatos intuyen su gran aporte a la cultura ciudadana.

En lo colectivo, es un momento en que el arte de América del Sur se ve invadido por los pintoresquistas y los cultores del tipismo. Pero Figari se aisló en su posición; nada reprodujo, nada subrayó: todo en su pintura fue un comentario. Que lejos de ser pirotecnia propagandista del folclore, era solera y prosapia rioplatense; una historia usada, sabia e íntima. En Buenos Aires, Paris y un último año, en 1934 en Montevideo, cuando cesa de pintar dejando amontonados a su muerte dos mil quinientos cartones pintados, es que se realiza su largo relato. Cada cartón suyo es una palabra de ese enorme mundo experimentado por este, sin duda, insólitamente culto pintor. Ese hombre universitario y de letras, redactor de ensayos filosóficos, se convierte en el visualizador por excelencia.

Figari -bien lo afirmaba el artista en todas sus conversaciones- tuvo su tema, cuyos motivos son todos innegablemente parecidos al escenario del Río de la Plata. Bastante fácil es comprender que en este aspecto solo puede interesar al uruguayo o al argentino, pero los temas en pintura empiezan a ser válidos desde las mismas creaciones de los artistas y no por méritos referenciales que solo atraen a la gente local; lo que importa afirmar es que Figari creó su propio tema, y que la narración de ese folklore íntimo del artista interesa a todo el mundo porque se le comprende como extraído desde dentro del pintor y no como captación externa o pintoresca de las cosas reales.

Pedro Figari

Figari falleció en Montevideo, el 24 de julio de 1938, el mismo día que falleció el escritor Carlos Reyles.

Extractado de la Enciclopedia de uso libre Wikipedia.