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jueves, 9 de julio de 2009

Sismos en el Uruguay: 2da Parte (1848)

Sismo de Montevideo de 1848 - Zona estimada del epicentro - Grado V o VI

Un fenómeno que en un principio no logró ser nada bien explicado, ocurrió en nuestro país entre los meses de agosto y setiembre de 1848. La primera vez que sucedió fue apenas caída la nochecita del 9 de agosto, a eso de las 18.35 horas. Se sintió un gran estruendo subterráneo, un potente tronar, acompañado de estremecimientos del suelo. Duró unos 5 segundos y fue sentido en la ciudad de Montevideo con una intensidad entre V y VI grados de la Escala de Mercalli Modificada.

Nadie dudó entonces de que aquello había sido un terremoto, y así se lo calificó repetidamente en la prensa y en los escritos de la época. Sin embargo, dada la estructura geológica de nuestro suelo, se lo consideraba poco menos que imposible por estos parajes.

Las ondas sísmicas provenían del sudeste, y mantuvieron en las repeticiones posteriores su dirección desde allí hacia el noroeste, lo que afirma la característica de “réplicas” de los eventos registrados en días posteriores: el 15 de agosto a las 08:22 horas (4 segundos), el 17 de agosto a las 23:45 (8 segundos), casi enseguida, el 18 de agosto a las 0:20 (2 o 3 segundos) y el 11 de setiembre a las 08:13 (15 segundos).

En la zona de Kiyú y barrancas de San Gregorio el terremoto fue sentido con bastante intensidad, pero sin embargo su propagación hacia el interior continental del país no excedió en su percepción según la documentación de la época de los 150 kilómetros.

Algunas de las crónicas de la época incluso enuncian la falta de referencias de fenómenos similares anteriores, lo que constituye una mejor base para afirmar que este fue el primer evento en el Río de la Plata desde la colonización europea.

Los documentos de esa época:

Los curiosos de estos temas pueden consultar el "Comercio del Plata" o el diario del gobierno del Cerrito, "El Defensor de la Independencia Americana", donde abundan las referencias al extraño suceso, que si bien no produjo víctimas ni daños de importancia, sí provocó un buen susto, como es comprensible, "…causando entre los habitantes la sorpresa que era natural, a vista de una novedad física tan inesperada y terrífica, cuyos efectos suelen ser fatales".

A tal punto impresionó el fenómeno que aún bastante tiempo después seguía dando que hablar. Fue a consecuencia de la aparición de misteriosas piedras, de origen nada bien explicado, en las cercanías del arroyo Solís. Y así lo narra el diario sitiador del Cerrito:

"Poco tiempo después del terremoto del día 9 de agosto (como 25 o 30 días según estamos informados) empezaron a salir en la costa inmediata al Arroyo de Solís algunas piedras de un color moreno oscuro, que por lo pronto, ya por razón de ser en muy poca cantidad, y por poco frecuentado aquel paraje, no llamó mucho la atención. Y aunque algunas personas se fijaron en ellas, como que visiblemente era una sustancia extraña entre las que en general se encuentran en las playas, no creyeron que fuese de alguna importancia examinar su naturaleza.”

“Pero habiéndose observado después por los Comandantes de las partidas militares que recorren aquellos parajes, que el mar iba arrojando diariamente porción de esas mismas piedras, extendiéndose por la costa en una distancia como de cuatro o cinco leguas; que eran de una materia porosa, y bastante leve para flotar entre dos aguas, recogieron algunas, y el resultado del análisis practicado por el Sr. Dr. Robert es el que a continuación copiamos”.

El doctor Robert era un médico francés residente en el Cerrito, con consultorio en el Pueblo de la Restauración, en la entonces calle del General Artigas, hoy 8 de Octubre. Científico, muy versado en ciencias naturales, examinó al microscopio las extrañas piedras aparecidas, y su dictamen fue: Las piedras "presentan una reunión de pequeños cristales planos en forma de romboides, algunos cristales de feldespato vidrioso, de mica bronceada y también señales de óxido de hierro. El análisis químico demuestra que son formadas de "silicat" de alúmina de potasa, de varias partículas de fierro, de magnesia y de azufre”.

“Estas piedras que, mediante un examen superficial pudieran confundirse con el carbón de piedra calcinado, son, como se ve, completamente extrañas a esta producción". Y entonces, para explicar la aparición, el doctor Robert lanzó una hipótesis audaz y fascinante: serían escorias arrojadas por un volcán submarino próximo a la costa del arroyo Solís, que habría entrado en erupción, ocasionando ‘el terremoto’ de los primeros días de agosto…

La tradición oral desempeña en estas ocasiones un aporte invalorable. Transcribimos de “Mitos, Leyendas y Tradiciones de la Banda Oriental” unos párrafos de una de sus tantas e increíbles páginas, pues en ella, Gonzalo Abella nos revive esta breve historia que hoy por cierto resulta tan fascinante cómo esclarecedora sobre los sucesos de 1844:

“Asegura la Abuela Melchora que hay países en donde la tierra tiembla. Si la tierra tiembla y las casas se caen, es un redemoto (sic). Acá la gente no tiembla y la tierra tampoco. Tembló la tierra una vez, asegún la Abuela; fue cuando la Guerra Grande, cuando Oribe sitiaba Montevideo. La Abuela dice que la tierra tembló furiosa por tanto gringo que había en Montevideo metiendo sus narices en los asuntos de los criollos. Porque hay muncho (sic) gringo bueno, que viene a trabajar; y gringos como usted, que pregunta y pregunta pero no jode a nadie. Pero también hay gringos con maldad.

“Por ese tiempo había franceses, estaban los italianos del Garibaldi ese, todos hablaban que el gaucho era un atraso, que gaucho bueno era gaucho muerto, que el progreso barrería con los indios brutos. Y en respuesta la tierra tembló con furia y coraje. La gente nuestra no sabía que era eso, munchos se asustaron. Entonces unos pocos, que habían resultado viajeros, lo explicaron.

“El finado Sierrita (...) había cruzado los Andes con el Gral. San Martín, y en Chile lo agarró un temblor. Contaba Sierrita que en ese momento la gente corrió a buscar refugio, era un desparramo. Pero él era hombre de a caballo, no gustaba de correr... Esa es una diferencia entre el paisano nuestro y el charrúa, ¿ve? (...) El Sierrita no era una excepción, así que mientras todos corrían, (...) Sierrita se acercó al fogón, sacó el agua caliente y se cebó un mate. Se sentó en el suelo tembleque y se quemó una pierna con un salpicón de agua, pero no dijo ni pío. Sorbió lentamente y solo comentó con lentitud: “¡Qué lo parió!”

Según el ingeniero master en geofísica Alberto Benavídez Sosa “sin lugar a dudas se trató de un fenómeno sísmico muy importante” “El foco seguramente se ubicó en la región de la Cuenca de Punta del Este más próxima a la ciudad de Montevideo por la gran intensidad con que el hecho se sintió en esta ciudad y por la dirección de las ondas sísmicas”

Fuentes de compilación para toda la serie: “Sismicidad y sismotectónica en Uruguay” de Alberto Benavídez Sosa; Enciclopedia Libre Wikipedia; “Mitos, Leyendas y Tradiciones de la Banda Oriental” de Gonzalo Abella; “Boulevard Sarandi” de Milton Schinca; Periódico “Mente Abierta” Nº19, Julio – Agosto 2008; “Terremoto en Uruguay, quizás" del diarioEl País de Montevideo, por Gabriela Vaz, del 27 de mayo de 2007; “El país tiene cinco zonas con riesgo sísmico”, del diario Clarín, Argentina, del 19 de agosto de 2007 y “Mira como tiemblo” del diario “El Observador” del 10 de abril de 2009.

1 comentario:

Ali dijo...

Hola me llamo Alicia Saquieres y me gusta escribir cuentos cortos y poesía (a veces no lo hago muy mal).- Integro un foro literario de nombre Quieroquemeleas y tengo dos blogs RECUENTOS y DIVERSOS.-
En este último publiqué "CHILE Y MI ARAÑA DE CAIRELES" con fecha 17.junio.2009 que tiene relación con el tema que tratan de los sismos en Uruguay.-
DIVERSOS - http://liricas-ali9.blogspot.com