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martes, 18 de agosto de 2009

El Banco Inglés (Las Desventuras de John Drake)

¿Por qué el tan famoso como temible Banco Inglés al sudeste de Montevideo lleva ese nombre?

Se ignora cuál fue el primer buque en naufragar en el Río de la Plata, pero a mediados de 1516 una de las tres carabelas de Francisco Torres, segundo de Juan Díaz de Solís, naufragó en medio de una sudestada a la altura de la isla de Lobos. Los cronistas de Magallanes ya hablaban con temor del Río de Solís y desde los viajes de Sebastián Gaboto las cartas señalan un banco que bloqueaba el ingreso al río, denominado Bajo de los Castellanos que se extendía del meridiano de Montevideo hacia el Oeste.

Lo que poco a poco fueron descubriendo los marinos es la existencia de un banco de piedra y arena ubicado a pocas millas de la costa montevideana, con un perímetro de 79 kilómetros y diecisiete mil hectáreas de extensión, a oscilantes cinco metros de profundidad. En días de calma lo descubre la visión de blancas rompientes alzadas en el horizonte y el oído por su rugido. En la cabecera norte, frente a la isla de Flores, hay un metro de profundidad, pero hacia el N.O. forma un acantilado que pasa de cuatro a diez metros de hondura. Ha sido la pesadilla de incontables marinos y por empezar, del que le dio el nombre de Banco Inglés.

El pirata Sir Francis Drake (Crowndale 1543 - Portobelo 1596) había navegado desde muy joven. A sus quince años se alistó en un mercante destinado al golfo de Vizcaya. En 1565 intentó su primer negocio en las Indias Occidentales, pero su cargamento fue confiscado por los españoles. Su barco fue, en la expedición de John Hawkins a las américas, uno de los dos que pudieron escapar a la destrucción a manos de los españoles (1567).

Después de efectuar dos viajes más a las Antillas, decidió cambiar de táctica y pasar a la ofensiva: zarpó de Plymouth (1572), atacó con éxito el puerto colombiano de Nombre de Dios y capturó varios barcos españoles.

Cruzando el istmo de Panamá hasta la cima de la cordillera, pudo haber sido el primer inglés que contempló el Pacífico. En 1573 regresó a Inglaterra, donde equipó tres fragatas y se puso al servicio del conde de Essex para atacar Irlanda.

Posteriormente fue presentado a Isabel I, que aprobó su proyecto de penetrar en los mares del Sur y saquear las posesiones españolas. Recibió para ello una escuadrilla de cinco naves y partió de Plymouth el 13 de diciembre de 1577 hacia el Río de la Plata.

Francis fue, luego de la expedición Magallanes - Elcano, el segundo capitán europeo en circunnavegar el planeta. Aunque simplemente se lo considere como afortunado corsario, representó el mayor arquetipo inglés de la gloria naval de Albión, esquilmando sistemáticamente las arcas de los buques españoles.

Un año después de partir de Plymouth, pasó quince días en el Río de la Plata y desembarcó en la bahía de Montevideo, según el diario de su sobrino John Drake, quien lo acompañaba.

Su tío ya no habría de regresar a estos lares, pero sí su sobrino John. El destino marcaba que las aguas del Plata serían la tumba de la pinaza Francis y que su mismo fin iniciaría la historia que daría nombre a un escenario de imponencia trágica, donde tantos buques y hombres hallarían su tumba.

En efecto, en febrero de 1583 John “no ligó bien” cuando un temporal hundió su nave contra las rocas de Isla de Lobos (aunque algunos autores lo sitúan mas cerca de Punta del Este, en la Laja del Inglés).

Al llegar a tierra con dieciocho sobrevivientes, “ligó menos bien” y fue capturado presumiblemente por los charrúas. Trece meses pasó la tripulación en cautiverio de los indígenas, hasta que John Drake junto a dos compañeros consiguieron huir en una canoa. Cruzaron el río en maravillosa hazaña en busca de su libertad y lograron alcanzar la orilla bonaerense... ¡pero sólo para “ligar” peor aún!

Es que hallados por españoles en costas cercanas a Buenos Aires y obligados a ocultar su condición de piratas, dijeron ser los únicos sobrevivientes de un barco mercante naufragado en el Bajo de los Castellanos. La mentira no funcionó del todo bien y tuvo dos consecuencias: los enviaron primero a Asunción; de allí al Santo Oficio de la Inquisición, en Lima, para ser juzgados por por piratas y herejes (aunque al menos con resultado benévolo), y el Bajo de los Castellanos quedó rebautizado hasta nuestros días como Banco Inglés.

Sus arenas y rocas hundieron más barcos a vela que ninguna armada conocida en la historia de las batallas navales. La fuerza de los vientos y las corrientes convirtieron sus cabeceras Este y Norte en una siniestra tumba durante varios siglos. Con semejante recibimiento, se comprende que entre los navegantes, pronto se conociera el río como “el infierno de los marineros” y nadie se confiara al cruzar sus aguas, al grado que el costo de los seguros marítimos de los barcos que entraban al estuario equiparaba el de la travesía entre Europa y su embocadura.

Texto parcial de “Sudestada” Nº62, Septiembre 2007; apoyado con notas del libro "Naufragios y Leyendas en las Costas de Rocha" , de Juan Antonio Varese de Editorial Aguilar (ISBN 9974-653-35-5); http://www.mgar.net y Enciclopedia Libre Wikipedia.

2 comentarios:

Harol dijo...

No me queda clarocomo si se hundió frente ala Isla de Lobos le llaman "banco inglés" a una formación que está frente a Montevideo.
Ezequiel.

Mi Uruguay dijo...

La nomenclatura a veces tiene esas cosas... Pero todas las fuentes coinciden sin embargo en ese origen.