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martes, 11 de agosto de 2009

Pio Nono y el Quita Calzones (1ra. Parte)

La cuenca hídrica oculta de Montevideo entraña sorpresas por cierto. El turno es ahora para el Arroyo Quita Calzones, al que iremos descubriendo a lo largo de un par de notas.

En algún lugar de Montevideo, el Quita Calzones aún escurre un hilo de agua en su desembocadura. Descubre en las siguientes dos notas por donde corre este no tan pequeño arroyo de Montevideo

Empezaba el año 1824 cuando arribó a Montevideo, el mismísimo 1° de enero, el bergantín francés Heloísa, a cuyo bordo venía el canónigo Giovanni Maria Giambattista Pietro Pellegrino Isidoro Mastai Ferretti Sollazzi. Por obvias razones no volveremos a repetir aquí su nombre completo, bastará con recordar que con el tiempo se convertiría en el Papa Pío Nono.

Una tempestad había rechazado la nave que lo transportaba en las costas de Maldonado, la que consiguió a duras penas derrotar al Río de la Plata y arribar al puerto de Montevideo, desde donde siguiría viaje a Buenos Aires.

De allí, el futuro Pío IX partió la misión por tierra a Chile, para estudiar el reconocimiento de su independencia nacional por parte del Vaticano, viaje no sin percances, en cuya travesía las vinchucas de San Luis diéronle, según la tradición, una mala noche a Mastai Ferreti en el rancho en que se alojó, obligándolo a pasarla a la intemperie, tendido sobre un cañizo y soportando la lluvia.

Hasta octubre de ese año, permaneció su misión en el país trasandino, pero regresó desde allí esta vez por mar al Río de la Plata antes de volver a Europa.

A finales del ‘24, llegó la nave al puerto de Montevideo. No estaba escrito entonces en los libros de San Felipe y Santiago que se hallaba hospedando en su seno nada menos que al futuro Papa, el canónigo Mastai Ferreti.

Isidoro de María, uno de los primeros periodistas de nuestras tierras, relata que Dámaso Antonio Larrañaga hospedó entonces al Nuncio Apostólico Muzzi en su casa, y don Manuel Jiménez hizo lo propio en la suya albergando al canónigo Ferreti.

Dámaso Antonio Larrañaga, albergó en su domicilio al Nuncio Apostólico.

Un día, ocurrióles a gentes de buen humor convidar a los viajeros a una fiesta campestre en la quinta de Juanicó, detrás de la quinta de Larrañaga, que aceptaron a los distinguidos huéspedes con sumo agrado. Todo se había preparado allí para obsequiarlos espléndidamente, y en el día convenido, invitados e invitantes se ponen en camino para los prados. Pero, ¿quién diría que un arroyuelo llamado Quita Calzones, les jugaría una mala pasada?

Pues sí, al intentar cruzarlo en su rumbo a las quintas, se empantanó el birlocho en que iba Mastai Ferreti, costando un triunfo sacarlo del su atolladero.

Era una nueva aventura por que pasaba por tierras sudamericanas Mastai Ferreti, que no olvidaba ni la de las vinchucas, ni la de la maniobra de marinería en el Cabo de San Antonio en la que había debido tomar parte bajo un temporal. Sin inmutarse dicen, el buen canónigo sonreíase del percance, preguntando cómo llamaban a aquel arroyo. Quita Calzones, señor, le dicen. “Pues hombre” -respondió muy jovial- “lo que son los nuestros no nos los ha quitado”. Y tomó entonces nota del nombre para su cartera de viaje.

Con retraso llegaron a la quinta, donde el percance ocurrido en Quita Calzones fue el tema obligado de la conversación y de la broma, no faltando alguno que dijera: "Vaya, sin ese incidente, no habría conocido el canónigo las chanzas del Quita Calzones".

Varias personas de distinción y parte del clero habían sido invitadas para la fiesta; y para amenizarla fueron convidados también algunos artistas líricos. Mesa espléndida. Banquete en regla. El Nuncio tomó asiento a la cabecera, y el canónigo Mastai Ferreti fue colocado entre una prima donna italiana y una bailarina francesa, que juntamente con un tenor milanés, hacían parte de los convidados.

"La cantatriz y la bailarina (y esto va por cuenta y riesgo del Padre Sallusti, cronista de la fiesta, según el general Mitre) unían a su brío y vivacidad natural, una belleza afectada, con traje elegante y un fantástico tocado dispuesto con caprichosa maestría”

"A los postres se cantaron las más bellas composiciones de Rossini, terminando con el di tanti palpiti, di tanti pene, ejecutado por la prima donna y el tenor, que fueron muy aplaudidos, incluso por un fraile español que hacía de bajo”.

"Los viajeros creyeron ver en esta fiesta una escena premeditada para comprometer su carácter sacerdotal; pero hombre social y de carácter ameno, el canónigo Mastai Ferreti, no lo tomó a mal".

Al regreso a la ciudad, antes que se cerrasen a la caída del sol los portones de la vieja San Felipe, decíanle en tono de broma al canónigo, los que tenían confianza con él, "cuidado con el Quita Calzones; con la segunda edición de esta mañana".

Pio IX era sólo Giovanni Maria Giambattista Pietro Pellegrino Isidoro Mastai Ferretti Sollazzi cuando sucedió esta historia.

“No hay cuidado”, -contestó el futuro Papa Mastai- “el cochero ya es baqueano, como dicen por estas tierras, no caeremos en la trampa; pero por las dudas, vayan otros adelante”.

Los vehículos se pusieron en marcha para la ciudad, llegando a salvo de otro Quita Calzones, pero con el cuento del pasaje del canónigo Ferreti, que fue el platillo por muchos días, saliendo a relucir cada vez que se hablaba de paseo por aquellos contornos.

El canónigo Mastai Ferreti, a las vueltas en Quita Calzones, estaba predestinado para ocupar 21 años después la Silla de San Pedro en Roma, bajo el nombre de Pío Nono, viniendo a ser el primero y único de los Papas que antes de ascender al Pontificado, pisó suelo uruguayo, admiró su espléndida naturaleza, y aspiró los aires del Miguelete, recordando siempre el percance de Quita Calzones.

Giovanni Maria Mastai Ferretti, luego Pio IX, fue Papa desde el 16 de junio de 1846 hasta su muerte, el 7 de febrero de 1878. Había nacido el 13 de mayo de 1792 y ejerció el 255º papado.

La historia del Quita Calzones continúa en nuestra próxima entrega, el día jueves, junto con los planos precisos de su recorrido por la ciudad. Fuente principal: "http://es.wikisource.org/wiki/Mastai_Ferreti_y_el_Quita_Calzones_-_1824"

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Giovanni Maria Mastai Ferretti era soldado y aparentemente por razones de salud termino eclesiastico. Hombre progresista para su época, intereso a Garibaldi que vuelve a Italia, acompanado de sus soldados, cuando lo nombran papa, creyendo que estara de acuerdo con él para hacer de su patria una Italia unificada.
Hay un cuento escrito por uno de los convives de esa comida, en el que se habla de la cantatrice y MF, pero no recuerdo el nombre.
isabel soto

Novelas y Caminos dijo...

Un esfuerzo bárbaro y una riqueza de fotografía en todo su blog, felicidades, es una forma de ver y sentir un pueblo querido y añorado.

Saludos