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martes, 1 de septiembre de 2009

Estampas del Camino del Indio (1ra. Parte)

Ofrendo este trabajo a mis nietos: Joaquín y Valentina Rocha Izquierdo.

Néstor Rocha.
INTRODUCCIÓN:

Camino Del Indio, Ruta 14 - Panoramio - foto: AlejandroT

Reiteradamente se enumeran los dones que la naturaleza brindó al territorio del Departamento de Rocha. Es un conjunto heterogéneo de paisajes: el océano con su costa y sus dunas, las Lagunas con sus variados ambientes y disímiles entre si, las sierras, los humedales o bañados de diversas características, el palmar butiá único en el mundo como también lo es el monte de ombúes entre otros componentes de la geografía de Rocha. A lo reseñado precedentemente hay que asociar las riquezas de otros elementos de la flora que implícitamente va acompañado de una extensa y diversificada fauna. No queda al margen de este contexto el factor humano que interactúa en esta obra “pictórica natural” dando una identidad propia incluso en su expresión idiomática. Rocha posee profundas y ricas raíces aún para descubrir, quizás a través de otros senderos; aprender a recorrer este territorio de una manera distinta y en ese transitar surgirán elementos, vivencias y matices de vida sorprendentes. El Profesor Humberto Ochoa Sayanes con el siguiente aforismo nos realiza una invitación o sugiere un camino: “La vida canta, a diario, con millones de voces, audibles e inaudibles, en trinos de aves, en rumor de agua, en suaves aleteos de mariposas, en palpitar de estrellas... Basta con dirigir la sensibilidad a estas manifestaciones para percibir su música y comprender su magnificencia... Cuando se lleva el alma dispuesta es fácil entender los mensajes del silencio”.

EL CAMINO DEL INDIO: Nombre que suena a una invitación de aventura, obviamente que sí, con andanzas distintas conduciéndonos a nuevos destinos siendo caminantes con capacidad de asociar una serie de contextos de vida y componentes físicos que brinda la naturaleza. De esta manera comprenderemos valorar y potencializar estos recursos para futuras generaciones. Marcando un punto de partida, el Camino del Indio o a Los Indios –como antiguamente se le denominaba- nace en la ciudad de Castillos y por ella surgirán diversas estampas a lo largo de su extensión. Este trayecto comprende las rutas 16 hasta el entronque con la 14, a la altura del Destacamento Policial Los Indios, luego por la 14 hasta arribar a la ruta 9 próximo al Balneario La Coronilla, precisamente en el trébol donde se emplaza el Resguardo de Aduana homónimo al balneario.

EL ANTIGUO CAMINO: Antes de que se construyera el Camino (hoy Rutas 16 y 14) se accedía a esos parajes por el Camino de las Sierras ó de Las Estancias, que desde Castillos tenía como punto de partida el Matadero o Abasto Municipal, continuando luego por la Cueva del Tigre prolongándose hasta llegar a la Punta de las Sierras, La Blanqueada, Peñón del Sauce, el Paraje Los Indios y otros. A lo largo de este trayecto se unían diversos caminos vecinales. Para transitar estos senderos era necesario abrir un sinnúmero de porteras, vadear bañados, arroyos, otros cursos de aguas menores y superar escabrosas sierras a ejemplo de otras vallas naturales.

INCIANDO EL VIAJE: A dos kilómetros de Castillos, en la loma del primer gran repecho, el Camino utilizó el predio de un corral de piedras de grandes dimensiones que estaba ubicado en los campos de Elciria Rocha de Rocha ó Da Rocha de Da Rocha que era acompañado por otro, pero de tunas de gran porte. Este corral de piedras, según descendientes de la referida propietaria fue construido por mano esclava e indígena. Era común que se realizaran periódicamente en él diversas actividades religiosas como ser: misas campales, casamientos, bautismos y confirmaciones. Además, en el domicilio de doña Elciria se dictaban clases de catecismo. Prosiguiendo este imaginario viaje nos encontramos con numerosos y variados escenarios paisajísticos que abrigan historias silenciosas de cuantiosas vivencias humanas. Hoy, algunas de ellas afloran al conocimiento público a través de la tradición oral como la crónica relatada anteriormente.

LA CUEVA DEL TIGRE. A nuestra izquierda luce gallardo el Cerro de los Rocha con su parte más prominente: La Cueva del Tigre.

Según la leyenda dice, un negro esclavo de nombre Joaquín, apodado “Barbate” y “propiedad” de Joaquín Sipriano Da Rocha, aceptó el desafío de matar al tigre o más bien yaguareté y para ello utilizó un gran facón mientras que en el otro brazo se envolvió un poncho grueso de paño. De esta manera se enfrentó al felino y tras una encarnizada lucha, ultimó al último yaguareté de la zona según la crónica recogida. Este lugar es una inmejorable atalaya para disfrutar y deleitarse a pleno de las bellezas naturales que conforman un interesante panorama de la región de Castillos. Este paisaje también fue escenario de otras actividades religiosas en la misma época que la narrada anteriormente y consistía en encender grandes hogueras en las noches de San Juan, San Antonio y San Pedro en las partes más altas del entorno de la Cueva del Tigre reuniendo a todos los vecinos del lugar.

LA SENDA EN EL PALMAR.

Palmares de Rocha - Panoramio - foto de Amgvvv

A nuestra derecha se extiende un profuso palmar de la especie butiá capitata. Este ecosistema único en el mundo adquiere el nombre según el apellido de los propietarios o de otros elementos de denominación, por ejemplo “El Palmar de las Enviras”. La tradición oral indica que por el 1763 el Virrey Pedro de Cevallos mandó abrir una senda en el palmar –recuérdese que en esas épocas no existían los actuales trazados de rutas- para el traslado del tren de carretas, pertrechos, artillería, utilería y el ejército, con el fin de desalojar a los portugueses quiénes al mando de Tomás Luis de Osorio estaban atrincherados en la fortaleza de Santa Teresa. Al respecto, Orestes Araujo en su Diccionario Geográfico del Uruguay editado en 1900 establece: “...la noticia histórica de que fue el General Cevallos, en su célebre expedición a Río Grande, quien con un gallardo cuerpo de Gastadores y Zapadores, abrió a través de la selva de palmares el camino que aún conduce al Paso del Bañado.”

EL PALMAR DE TIBURCIO. Donde culmina el promontorio del Cerro de los Rocha, a principios del siglo XX, su propietario Don Tiburcio Rocha Rocha dejó un ejemplo difícil de emular en estos tiempos que transcurren: con enorme paciencia recogió las pequeñas palmeras butiá en riesgos de supervivencia de los lugares afectados a diversas tareas del laboreo de la tierra. Las trasplantó y paulatinamente ocupó un predio cuadrangular de una hectárea de extensión y por el resto de su vida las cuidó celosamente. Supo ignorar las ironías de sus vecinos por el trabajo que realizaba y hoy poseemos un tesoro y su ejemplo: el Palmar de Tiburcio. Al respecto, fue un pionero en la preservación de esta especie tan significativa y simbólica para los rochenses y particularmente los castillenses.

EL PASO DEL BAÑADO.

Obrero de la crin forestal - Foto: Néstor Rocha

El Paso del Bañado, conocido antiguamente como Paso de la Lechiguana, alberga en su baúl de los recuerdos numerosas historias. Existió en este lugar una importante concentración de pobladores con diversos comercios, desde almacén hasta herrería y pistas de carreras de caballos o pencas.

La principal actividad laboral de estos vecinos fueron diversos rubros de la explotación agropecuaria; luego surgió una fábrica de crin vegetal que se obtenía de las hojas de palma; el pionero según la aseveración de vecinos fue un señor de apellido Dinegri. Luego se instalaron Benigno Sena con su planta de elaboración de fibra Miropalm, “Quico” Rodríguez y Fábrica Uruguaya de Alpargatas. Este hermoso paraje fue escenario de uno de los combates de la guerra civil de 1897, y al respecto recurrimos a una publicación del periódico “El Palmareño” de mayo 1997 de la pluma del Prof. Jesús Perdomo titulado “El combate del Maturrango - La Lechiguana” del cual extraemos el siguiente texto:

“...en el combate de La Lechiguana, en lo más duro del mismo, se peleó en la falda del cerro de este nombre: se enfrentaron dos contingentes nutridos, por lo menos trescientos cincuenta combatientes en cada bando; hubo heridos y muertos, se tomaron prisioneros... un combate en toda regla!”. Mario Ubal Olivera, nieto de una de las sobrinas del Coronel Leonardo Olivera -protagonista junto a otros héroes de la gesta emancipadora del Uruguay- comentó “... la espada que usó Leonardo en la Batalla del Sarandi y en la toma de la Fortaleza de Santa Teresa por el 1825 entre otros combates, fue utilizada por un tío mío llamado Gabino Ubal Olivera en la guerra civil de 1897 y estuvo en la Batalla del Maturrango. Los blancos derrotados y perseguidos se dispersaron. Gabino apremiado y temeroso de que la espada quedara en manos enemigas, la enterró separada de su vaina de suela y de su puntero de bronce en lo más espeso de los pajonales del Paso del Bañado. Lograda la paz de septiembre de 1897 junto a uno de sus hermanos y el negro Avelino Abreu, volvieron a buscar el arma, labor que les llevó un día. Encontraron la espada, pero la vaina nunca más apareció... En 1938 mi familia donó la espada, un trabuco y una foto de Leonardo Olivera al Museo de la Fortaleza de Santa Teresa”. En la Estancia de los Risso, en el galpón de esquila existió un cajón con restos humanos de tres personas que según la tradición oral, perteneció a combatientes de la batalla El Maturrango-La Lechiguana. Varios años después, en las primeras décadas del siglo veinte, fueron llevados en tres coches que arribaron a la estancia luciendo banderas blancas. Los referidos cuerpos pertenecían al Escuadrón San José. La memoria de nuestros mayores sigue aportando datos interesantes sobre la zona de influencia del Camino del Indio: por ejemplo Don Gil Taylor aseveró: “... en la Estancia Del Cerro, en las sierras del potrero El Aguay, que tiempo después fue propiedad de la Caja Notarial en un lugar conocido como La Piedra Hueca, existe una loza larga que pasando a caballo sobre ella retumba como que es hueca. Dicen que debajo hay enterrado, escondido, armamentos de la Guerra Civil del 97, de la gente de Aparicio...”.

LOS CORRALES DE PALMAS.

Corral de palmas en medio de los arrozales, a 23kms de El Maturrango -Panoramio -Foto de Amgvvvv

La región de Castillos tiene la singularidad de poseer numerosos corrales de palmas utilizados en la época colonial bajo el dominio de españoles y portugueses para el manejo del ganado; en el Camino del Indio encontramos varios de ellos.

En los troncos de las palmeras de estos corrales se ven con nitidez un estrangulamiento o estrechamiento y al respecto se manejan algunas hipótesis de este fenómeno: por un lado aseveran que es un traumatismo a consecuencia del trasplante, pero otros lo atribuyen al tiento o guasca de ganado vacuno mojado que unían una palma a otra y que al secarse iba generando una importante opresión sobre el tronco. Esta última versión fue recogida a un vecino de avanzada edad que se lo escuchó a un descendiente indígena asentado en la región.

Corral de Palmas - Panoramio - foto: Final Cut

Se maneja la hipótesis que estos corrales fueron construidas con mano indígena misionera y esclava. Los hay de diversas formas: solamente de palmas, de palmas y piedras, y de palmas y banana silvestre (bromelia fastuosa) Además existieron los de palmas con palo a pique entre cada una de ellas, y obviamente los de piedra exclusivamente.

FENÓMENO BIOLÓGICO:

Palma butiá de múltiples cabezas - Foto: IMM / Jardín Botánico www.montevideo.gub.uy/botánico

La Profesora Adriana Bonfrisco Mancebo, consultada al respecto precisó: “...de acuerdo a los datos extraídos del libro Flora arbórea y arborescente del Uruguay de Atilio Lombardo, la palma butiá tiene un tronco o estípite –los dos nombres son sinónimos- que se eleva entre cuatro y ocho metros. Hojas pinnaticompuestas, son hojas compuesta de hojuelas insertas de uno y otro lado del pecíolo de color ceniciento. La palmera tiene una ramificación monopodial simple y esto significa que tiene una yema –donde está el tejido joven- en el extremo superior del tallo hacia arriba que permite a la vez que éste crezca y la generación de hojas. Cuando las hojas caen, dejan una cicatriz en el pedacito de tallo que originó la yema, dándole un aspecto característico. Si se divide el tallo en dos o tres estípites, cada uno tiene un follaje vulgarmente denominado cabeza; esto es producto de una mutación según la información obtenida en el Departamento de Genética de la Facultad de Agronomía...”

A lo largo del Camino del Indio, en donde transcurre el palmar, es posible detectar palmeras con un único tronco y varias “cabezas”. Existen de uno y otro lado del Camino con desde dos hasta la que hubo de nueve “cabezas”: por ejemplo en la Estancia El Palmar, existió una con nueve a la que actualmente le quedan tres; en el mismo establecimiento existieron otras: una de siete a la que le quedan seis, y otra de seis de las que sobreviven cuatro. Otro ejemplo es en un establecimiento rural ubicado atrás de la Escuela del Paso del Bañado, que posee un ejemplar de cuatro follajes o cabezas.

LA RIQUEZA BIOLÓGICA: Casa Ambiental realizó diversos estudios pormenorizados de la riqueza biológica de la región de influencia de las lagunas Negra y Castillos. El Camino del Indio significó la columna vertebral de las investigaciones de zoólogos, botánicos y ecólogos constatando pistas valiosas para comprender mecanismos y procesos naturales que brindan un conocimiento para planificar políticas productivas y de desarrollo con sentido sustentable.

LA LAGUNA DE LOS DIFUNTOS.

Laguna Negra - Panoramio - Foto: Anonedu

La Laguna Negra es una de las estampas paisajísticas de singular belleza. Antiguamente fue conocida como “Laguna de los Difuntos” en virtud de que en las cuevas de los cerros del lugar se encontraron esqueletos humanos, afirmándose que se trataba de indígenas acompañados de diversas utilerías de uso doméstico y de caza entre otros elementos.

Laguna Negra - Panoramio - foto: Carlos Brandi

Sus cerros, sierras y montes indígenas fueron lugar propicio para dar cobijo a personas con otros estilos de vidas: matreros como “El Cuba”, Mateo Cabral y otro de apellido Fuentes. Con éstos interactuaban los contrabandistas de cargueros a caballo llevando mercadería brasileña proveniente del Chuy a diversas partes del Este uruguayo; los ecosistemas enumerados fueron ambientes propicios para llevar a término el fin que buscaban.

Este mismo fenómeno se dio frente a este lugar, a la izquierda con orientación a la ruta 14 en el paraje conocido como Cerro Negro. En él vivieron numerosas personas al margen de los convencionalismos sociales dominantes o fuera de la Ley. Entre ellos, Santos Emilio Barboza, “El Brasilero”, que se dedicaba a la elaboración de carbón con la materia prima que le brindaba el monte indígena. En la convivencia directa con la naturaleza se ganó la amistad de diversos animales y por ejemplo, tenía algunos zorros: dos ellos se llamaban Marcelino y Cirilo. Otra persona de nombre Juan Moreira apodado “El Pulga” ó “El Pulgar”, que aún vive, siendo más joven estuvo al margen de la Ley y se refugió en Cerro Negro oculto por mucho tiempo y subsistiendo con alimentos que proporcionaba el lugar o de pequeños hurtos de carne, galletas, yerba y tabaco en las estancias aledañas hasta que un día fue descubierto por los peones de la estancia Santa Ana. En su permanencia en Cerro Negro además de las incursiones por los establecimientos rurales se dedicaba a hacer figuras humanas o muñecos con tierra arcillosa o greda. Actualmente es peón de campo y aún permanece conchabado en distintos establecimientos rurales de la zona; es común verlo transitar a pie por el Camino del Indio.

LA PORTERA NEGRA. En la intersección de las rutas 16 y 13 existió un núcleo poblado integrado por vecinos de la comunidad negra que superaba la treintena de familias y fue conocida como “La Portera Negra”. Dicha denominación no fue consecuencia de los vecinos asentados en el lugar, sino de una portera de grandes dimensiones pintada de bleque de la Estancia El Cerro y por la que se accedía antes de la construcción de la Ruta 16 a los parajes Peñón del Sauce, Los Ajos, Potrero Grande y Bañados Los Indios... Este pueblito aportó a las estancias de la región peones “pa`todo” y las mujeres además de atender las tareas domésticas se dedicaban al lavado y planchado de ropa de las estancias del lugar. En sus proximidades existió un local de feria ganadera conocido como “La Feria del Ocho” y los troperos tenían como punto de reunión y distracción este vecindario. Existieron en su oportunidad hasta tres almacenes y uno de ellos tuvo teléfono: precisamente el almacén San Cono de Marcos D`Onollo que actualmente es una tapera, único y mudo testimonio de aquella población de negros.

LOS ÚLTIMOS PARAÍSOS. Casa Ambiental con la ONG Profauna efectuó un taller de video que utilizó como escenario y argumento básico imágenes de los ecosistemas del Camino del Indio; los protagonistas de este desafío fueron los jóvenes de Casa Ambiental. La temática seleccionada para la realización del film fue la introducción de especies exóticas y sus consecuencias en el medio ambiente. Con ingredientes de aventura y amor en una escenografía natural y con el asesoramiento técnico especializado, se logró el cortometraje titulado “Los Últimos Paraísos”, estrenado en la Sala de Cine “2 de Mayo”.

EL RESCATE DE CAIFÁS. El capataz de la estancia La Laguna Negra Rubén Iroldi Escobar era propietario de un perro de nombre Caifás. Un día, y como es costumbre diaria en los establecimientos rurales, salieron a cumplir diversas tareas. Iroldi partió con su Caifás y dos perros mas llamados Tarascón y Trabuco rumbo a la laguna; hacía tiempo que se les cruzaba un zorro que pifiaba a los perros y éstos le habían tomado encono porque no le podían dar alcance. Lo persiguieron hasta las sierras y el zorro se metió en una de las cuevas allí existentes y Caifás por ser más delgado de cuerpo se metió a capturarlo y quedó atrapado. Ante esta situación, el 24 de septiembre de 1957, con total apoyo del propietario del establecimiento rural, se resolvió rescatar el perro atascado entre las piedras empleando punzones, picos y marrones pero no se logró el objetivo. El patrón como buen tozudo resolvió pedir apoyo al Batallón de Infantería Nº 12 de la ciudad de Rocha para recuperar el perro, gestión que se logró trabajando con barrenos hasta remover las piedras. Luego de varios días de labor se recuperó con vida a Caifás. Durante la operación de rescate se contó con el apoyo del médico veterinario Dr. Milton Almandós. Este gesto motivó que la Sociedad Protectora de Animales fuera hasta la estancia La Laguna Negra para la entrega de medallas y una placa de reconocimiento por la labor desarrollada en el rescate luciendo el siguiente texto: “AUPA en reconocimiento de quienes en noble gesto rescataron a un perro fiel: Caifás”. Pero Caifás estaba marcado por la tragedia. Un día de los tantos acompañó a la peonada que fueron a desarmar un corral de cerdos ubicado en un lugar donde proliferaban víboras y una crucera le picó en el hocico por andar husmeando en el lugar. Nuevamente se luchó por su vida pero fue infructuoso y resultó imposible salvarlo. Al respecto existe un romance compuesto por el peón de la estancia Oroniel Santurio del cual extraemos una parte de su composición:

.........................................
No importa lo que gastaron
Esta es la hazaña cumplida,
Del personal de una estancia
Que supieron con prestancia
Poner a salvo una vida,
No importa los cinco días
De trabajo realizado,
Ellos solo habían ansiado
Salvar a su amigo fiel
Como si hubieran soñado.

Para todo el personal
Y para el joven estanciero,
Les brindo el verso campero
Con un saludo cordial,
Al capataz igual
Que han hecho de la bondad,
Toda la felicidad
Al destruir un gran cerro
Y salvar un gran perro
De diez años de edad.

............................................
EL COMANDO REVOLUCIONARIO.

Bañado Los Indios, sobre ruta 14 - Panoramio - Foto: Carlos Brandi

La Estancia La Blanqueada es el centro de diversas historias tejidas a lo largo de su extensa vida. Cuentan que en el año 1925, un comando revolucionario del Partido Libertador del Estado de Río Grande del Sur estuvo asentado por muy poco tiempo donde recibió un importante armamento proveniente de la capital de nuestro país.
El Dr. Amaranto Paiva Coutinho, titular de la estancia y médico de Santa Victoria Do Palmar, era integrante del Partido Libertador enfrentado al gobernador riograndense Borges Mederos. Este gobernante era considerado un déspota autoritario, rodeado por personas que estaban por encima de la ley y herederos de la filosofía de gobierno de mano dura de Julio Castilhos en Río Grande del Sur: eran los tiempos del gobierno de Getulio Vargas. El Jefe del comando revolucionario brasileño era el Coronel Adalberto Correa quien cultivaba las mismas ideas que el Dr. Amaranto Paiva pero con perfiles personales diametralmente opuestos. Los revolucionarios se habían ubicado en uno de los montes de la estancia rumbo a la laguna, y en un lugar conocido como “Los Aguaíses”, recibieron el armamento esperado, acomodado en grandes cajones de máquinas de esquilar de marca alemana, que fue depositado en el almacén, ferretería y acopios de frutos del país de Simón Otero para de allí ser transportado hasta la estancia. Cuando estaban realizando los preparativos del traslado de las armas al Brasil, todo aquel que llegara al establecimiento rural quedaba detenido. Cuentan que ese día “Ramireya” -un peón rural- salió de la estancia Corral de Palma para La Blanqueada y cuando llegó le salieron al paso cuatro brasileños que lo retuvieron; con mansedumbre campesina “Ramireya” empezó a desensillar su caballo frente a la atenta mirada de sus secuestradores. Caminó lentamente, sin apuro, abrió la portera del potrero para soltar su caballo e imprevistamente montó en pelo y se les fugó ganándose a las sierras de los Correa; allí abandonó su caballo agotado y llegó a pie a Castillos donde efectuó la denuncia en la comisaría.

Los campos del bañado Los Indios eran propiedad de la sociedad Yaguna (o Llaguna) y Terra (Gabriel Terra, presidente de la República de 1931 a 1938) y en este lugar estaba el puestero Claudio Rocha apodado “El Capincho” quien se encargó de cruzar el armamento por ser un conocedor de la zona.

Cuando el comando estaba acampado a la orilla del bañado para cruzar al otro lado llegó un comisario de apellido Cáceres o Cásales con cinco policías y entabló diálogo con Adalberto Correa para que depusiera de su actitud y se entregara. Éste tomó una metralleta y expresó: “yo no vengo a hacer lío acá en el Uruguay pero en un minuto barro con ustedes”.

El comisario ante esta situación dio vuelta con sus subalternos y avisó al destacamento de batallón que había en San Miguel. En tanto ocurría esto, los revolucionarios ya habían cruzado el bañado y en las proximidades de la comisaría del antiguo pueblo Gervasio y el Camino a la Higuera se produjo el enfrentamiento. Hubieron solamente heridos y uno de ellos fue el Coronel Adalberto Correa, que no quiso que el Dr. Álvarez Caimí lo anestesiara por miedo a que lo mataran. Allí concluyó la aventura revolucionaria de Correa.

ARTE RUPESTRE. Sobre ruta 14, próximo al acceso a Potrero Grande existe una zona rocosa, lugar inmejorable para dominar una vasta región dando la sensación de un espacio infinito ante sí. Este sitio no hace mucho tiempo llamó la atención a los lugareños y luego a los investigadores por determinadas formas grabadas en las piedras. Profesionales de la Universidad realizaron investigaciones al respecto dado que existen testimonios claros de identificación de los estudios realizados en lo que se supone que se trata de arte rupestre de alguna comunidad indígena que viviera en el lugar. Es un total misterio el significado de esos símbolos y la difusión que se ha dado de ella es prácticamente nula, al menos para el ciudadano común.

BAÑADO LOS INDIOS.

Bañado y Camino del Indio - Pareja de federales - Panoramio - foto: Final Cut

El Biólogo de Casa Ambiental Giancarlo Geymonat brindó su opinión sobre los roles de la naturaleza en sistemas como el arroyo y bañado Los Indios. “El bañado Los Indios representa hoy uno de los puntos de observación de fauna de mejor acceso para el amante de la naturaleza. El turista, al igual que nosotros, puede hacer un alto en el camino y munido de prismáticos, catalejos, o mejor aún, de un telescopio, podrá identificar unas ochenta y cinco especies de aves y admirar su comportamiento”.

“Desde el pequeño Junquero al gran Chajá, desde la esbelta garza mora al regordete Macacito y desde la nerviosa Golondrina a la estática Becasina, la diversidad de adaptaciones en formas, colores y movimientos parece infinita. Con suerte podremos ver fugazmente a varios mamíferos. Nutrias y carpinchos, comiendo tranquilamente tiernas hojas de camalotes; zorros recorriendo los pajonales en busca de algún pequeño ratón, murciélagos surcando las últimas luces de la tarde. Si permanecemos quietos durante un buen rato, cobrarán movimiento numerosas criaturas a nuestro alrededor: saltamontes, langostas y ranas, tímidas avecillas y hasta alguna culebra inofensiva se nos acercará sin temor. Otro mundo de sensaciones se abrirá ante nosotros si esperamos la puesta de sol. Y si por algunos minutos cerramos nuestros ojos y nos dedicamos sencillamente a escuchar, un halo místico y musical, formado por miles, millones de plantas y animales, crean un concierto de vida...”

“Pero si bien hoy estas exuberancias nos impactan, algunas narraciones de cronistas y naturalistas del siglo pasado nos indican que las condiciones y la dinámica de las aguas en el bañado de Los Indios ha sufrido severos cambios, principalmente a partir de la realización de las obras de canalización para la desecación de los bañados adyacentes.” “Hoy, el antiguo arroyo de Los Indios perdió su cauce y se convirtió en un denso pajonal. Muchos factores han cambiado sensiblemente el espectáculo que hoy nos puede ofrecer el bañado de Los Indios, a pesar de que no hemos sido plenamente conscientes de dicho cambio. Hoy depende de todos nosotros que el bañado de Los Indios perdure... que vuelva a brindarnos su concierto de vida.”

EL PUENTE.

Puente del bañado Los Indios, Ruta 14 - Panoramio - foto: Carlos Brandi

En la década de 1930 se construyó el puente sobre el ecosistema del arroyo y bañado Los Indios, el mismo implicó una ardua labor. Antiguamente se vadeaba por un afirmado de piedras que permitía el paso de las carretas, carros, caballos y la tropa muy próximo al puente, se le conoció como el Paso de las Carretas. Durante la construcción del puente, dos obreros de la empresa ALBINO ZECCHI tuvieron un enfrentamiento, el sobrestante Corbo Hutton comunicó a la Sub. Comisaría de la Punta de la Sierra el hecho, en los siguientes términos: “... Comunico a ud. Que en la tarde de hoy (era el viernes 18 de junio de 1937) y a la hora 16 y10 dos obreros de la empresa ALBINO ZECCHI, que construye el puente “LOS INDIOS” se trabaron en pelea resultando herido de bala en el cuello el operario Gregorio Vizcaíno, lo que pongo en conocimiento de esa Policía a los efectos del caso: el heridor es el operario Mariano Deodoro Mieres, esperando la más rápida intervención saluda a Ud. muy atte. M. Corbo Hutton – Sobrestante”.

CONCLUSIÓN: El Camino del Indio la construyó la empresa Neyeloff y Barrandegui donde los obreros emprendieron la obra prácticamente a pico y pala. Beltrán “Beto” Pérez –fundador del Museo Arqueológico de Castillos, que hoy lleva su nombre- relató su experiencia como obrero de esta ruta “... la empresa exigía más de lo que uno humanamente podía, era una vida dura y se trabajaba al extremo de socavar nuestra resistencia física... cobrar los salarios era una dificultad mayor, casi tan dura como la labor de abrir a pico y pala la ruta, la deuda llegaba hasta los sueldos de tres meses y apenas nos pagaban el de un mes... para exigir venían en un caballo árabe, para pagar en una mula manca”. Las viviendas de los obreros del Camino del Indio eran precarias, consistían en unas tres hiladas de terrón, techo de paja y piso de tierra: unas aripucas. Cuando la construcción de la ruta se distanció del campamento a los obreros los trasladaban en camiones, sin toldos que los resguardaran del frío en invierno, del sol en el verano y de la tierra que al transitar del vehículo se levantaba dificultando la respiración.

El campamento permanecía hasta que a la empresa no le era redituable llevarlos y traerlos desde el lugar de la obra, armándose un nuevo asentamiento en la avanzada. La segunda guerra mundial afectó en la forma de hacer el trazado, pues la maquinaria existente en aquellas épocas no contaba con el combustible para ser movilizada a causa de la veda ocasionada por la contienda mundial.

El obrero a pico y pala y fundador del Museo “Beto” Pérez compuso un poema titulado “Camino del Indio” , del cual extraemos algunas estrofas:

....................................
Este Camino del Indio
Que culebrea hasta el Chuy,
Casi niño, a pico y pala,
En mis tiempos recorrí...

Armábamos la herrería
Debajo el canelón
Y, apenas amanecía,
Meta martillo y marrón!

Aquí dejamos el jugo
Y gotitas de sudor
Bajo el miserable yugo
De un gringuito explotador...

Qué tiempos aquellos tiempos
Difíciles de pelar!...
Arrastrados por los vientos
¿Dónde habrán ido a parar?

NÉSTOR ROCHA - puntoazul@adinet.com.uy Mi Uruguay y Luis Daniel Ibarrola agradecen este invalorable aporte testimonial y absolutamente desinteresado a Néstor Rocha, periodista independiente, más de cuyas notas pueden encontrarse en www.chuynet.com.uy

2 comentarios:

macarena garcia dijo...

conocia la historia de caifas de niña ya que mi padre me la contaba, no sabia que este perro tenia tanta mala suerte.
me parece un gran aporte su revista para conocer algo mas de nuestro urugay y poder contarle algo mas de nuestra historia a mi familia del exterior

lucinesrl dijo...

Anduvimos por esas rutas (caminos) en el enero 2005. No sabíamos que la ruta no tenía asfalto y lo lamentamos pero ganamos conociendo y dejándonos envolver por la magia y los misterios del camino.
La Laguna Negra... esa no me agrada. No sé qué sensación extraña sentí cuando la visité .No quiero volver . Alguna energía chocó con la mía. Pero al final todo me gusta, conocer, sentir, sentir, sentir yo mismo.
Felicitaciones por este maravilloso trabajo. Lucía Ro.