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martes, 8 de septiembre de 2009

Estampas del Camino del Indio (2da. Parte)

Ofrendo este trabajo a mis nietos: Joaquín y Valentina Rocha Izquierdo.

Néstor Rocha.

Palmares de Rocha - Panoramio - foto de Amgvvv

LA SENDA EN EL PALMAR. A nuestra derecha se extiende un profuso palmar de la especie butiá capitata. Este ecosistema único en el mundo adquiere el nombre según el apellido de los propietarios o de otros elementos de denominación, por ejemplo “El Palmar de las Enviras”. La tradición oral indica que por el 1763 el Virrey Pedro de Cevallos mandó abrir una senda en el palmar –recuérdese que en esas épocas no existían los actuales trazados de rutas- para el traslado del tren de carretas, pertrechos, artillería, utilería y el ejército, con el fin de desalojar a los portugueses quiénes al mando de Tomás Luis de Osorio estaban atrincherados en la fortaleza de Santa Teresa. Al respecto, Orestes Araujo en su Diccionario Geográfico del Uruguay editado en 1900 establece: “...la noticia histórica de que fue el General Cevallos, en su célebre expedición a Río Grande, quien con un gallardo cuerpo de Gastadores y Zapadores, abrió a través de la selva de palmares el camino que aún conduce al Paso del Bañado.”

EL PALMAR DE TIBURCIO. Donde culmina el promontorio del Cerro de los Rocha, a principios del siglo XX, su propietario Don Tiburcio Rocha Rocha dejó un ejemplo difícil de emular en estos tiempos que transcurren: con enorme paciencia recogió las pequeñas palmeras butiá en riesgos de supervivencia de los lugares afectados a diversas tareas del laboreo de la tierra. Las trasplantó y paulatinamente ocupó un predio cuadrangular de una hectárea de extensión y por el resto de su vida las cuidó celosamente. Supo ignorar las ironías de sus vecinos por el trabajo que realizaba y hoy poseemos un tesoro y su ejemplo: el Palmar de Tiburcio. Al respecto, fue un pionero en la preservación de esta especie tan significativa y simbólica para los rochenses y particularmente los castillenses.

EL PASO DEL BAÑADO. El Paso del Bañado, conocido antiguamente como Paso de la Lechiguana, alberga en su baúl de los recuerdos numerosas historias. Existió en este lugar una importante concentración de pobladores con diversos comercios, desde almacén hasta herrería y pistas de carreras de caballos o pencas.

Obrero de la crin forestal - Foto: Néstor Rocha

La principal actividad laboral de estos vecinos fueron diversos rubros de la explotación agropecuaria; luego surgió una fábrica de crin vegetal que se obtenía de las hojas de palma; el pionero según la aseveración de vecinos fue un señor de apellido Dinegri. Luego se instalaron Benigno Sena con su planta de elaboración de fibra Miropalm, “Quico” Rodríguez y Fábrica Uruguaya de Alpargatas. Este hermoso paraje fue escenario de uno de los combates de la guerra civil de 1897, y al respecto recurrimos a una publicación del periódico “El Palmareño” de mayo 1997 de la pluma del Prof. Jesús Perdomo titulado “El combate del Maturrango - La Lechiguana” del cual extraemos el siguiente texto:

“...en el combate de La Lechiguana, en lo más duro del mismo, se peleó en la falda del cerro de este nombre: se enfrentaron dos contingentes nutridos, por lo menos trescientos cincuenta combatientes en cada bando; hubo heridos y muertos, se tomaron prisioneros... un combate en toda regla!”. Mario Ubal Olivera, nieto de una de las sobrinas del Coronel Leonardo Olivera -protagonista junto a otros héroes de la gesta emancipadora del Uruguay- comentó “... la espada que usó Leonardo en la Batalla del Sarandi y en la toma de la Fortaleza de Santa Teresa por el 1825 entre otros combates, fue utilizada por un tío mío llamado Gabino Ubal Olivera en la guerra civil de 1897 y estuvo en la Batalla del Maturrango. Los blancos derrotados y perseguidos se dispersaron. Gabino apremiado y temeroso de que la espada quedara en manos enemigas, la enterró separada de su vaina de suela y de su puntero de bronce en lo más espeso de los pajonales del Paso del Bañado. Lograda la paz de septiembre de 1897 junto a uno de sus hermanos y el negro Avelino Abreu, volvieron a buscar el arma, labor que les llevó un día. Encontraron la espada, pero la vaina nunca más apareció... En 1938 mi familia donó la espada, un trabuco y una foto de Leonardo Olivera al Museo de la Fortaleza de Santa Teresa”. En la Estancia de los Risso, en el galpón de esquila existió un cajón con restos humanos de tres personas que según la tradición oral, perteneció a combatientes de la batalla El Maturrango-La Lechiguana. Varios años después, en las primeras décadas del siglo veinte, fueron llevados en tres coches que arribaron a la estancia luciendo banderas blancas. Los referidos cuerpos pertenecían al Escuadrón San José. La memoria de nuestros mayores sigue aportando datos interesantes sobre la zona de influencia del Camino del Indio: por ejemplo Don Gil Taylor aseveró: “... en la Estancia Del Cerro, en las sierras del potrero El Aguay, que tiempo después fue propiedad de la Caja Notarial en un lugar conocido como La Piedra Hueca, existe una loza larga que pasando a caballo sobre ella retumba como que es hueca. Dicen que debajo hay enterrado, escondido, armamentos de la Guerra Civil del 97, de la gente de Aparicio...”.

NÉSTOR ROCHA - puntoazul@adinet.com.uy Mi Uruguay y Luis Daniel Ibarrola agradecen este invalorable aporte testimonial y absolutamente desinteresado a Néstor Rocha, periodista independiente, más de cuyas notas pueden encontrarse en www.chuynet.com.uy

1 comentario:

ivan dijo...

me gustaria comunicarme con el periodista de la nota del "LA HISTORIA DE UN PERRO: CAIFÁS
por Néstor Rocha "

nellyinzaulrraldeiroldi@hotmail.com