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martes, 22 de septiembre de 2009

Estampas del Camino del Indio (4ta. Parte)

Ofrendo este trabajo a mis nietos: Joaquín y Valentina Rocha Izquierdo.

Néstor Rocha.

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Laguna Negra - Panoramio - Foto: Anonedu

LA LAGUNA DE LOS DIFUNTOS.

La Laguna Negra es una de las estampas paisajísticas de singular belleza. Antiguamente fue conocida como “Laguna de los Difuntos” en virtud de que en las cuevas de los cerros del lugar se encontraron esqueletos humanos, afirmándose que se trataba de indígenas acompañados de diversas utilerías de uso doméstico y de caza entre otros elementos.

Laguna Negra - Panoramio - foto: Carlos Brandi

Sus cerros, sierras y montes indígenas fueron lugar propicio para dar cobijo a personas con otros estilos de vidas: matreros como “El Cuba”, Mateo Cabral y otro de apellido Fuentes. Con éstos interactuaban los contrabandistas de cargueros a caballo llevando mercadería brasileña proveniente del Chuy a diversas partes del Este uruguayo; los ecosistemas enumerados fueron ambientes propicios para llevar a término el fin que buscaban.

Este mismo fenómeno se dio frente a este lugar, a la izquierda con orientación a la ruta 14 en el paraje conocido como Cerro Negro. En él vivieron numerosas personas al margen de los convencionalismos sociales dominantes o fuera de la Ley. Entre ellos, Santos Emilio Barboza, “El Brasilero”, que se dedicaba a la elaboración de carbón con la materia prima que le brindaba el monte indígena. En la convivencia directa con la naturaleza se ganó la amistad de diversos animales y por ejemplo, tenía algunos zorros: dos ellos se llamaban Marcelino y Cirilo.

Otra persona de nombre Juan Moreira apodado “El Pulga” ó “El Pulgar”, que aún vive, siendo más joven estuvo al margen de la Ley y se refugió en Cerro Negro oculto por mucho tiempo y subsistiendo con alimentos que proporcionaba el lugar o de pequeños hurtos de carne, galletas, yerba y tabaco en las estancias aledañas hasta que un día fue descubierto por los peones de la estancia Santa Ana. En su permanencia en Cerro Negro además de las incursiones por los establecimientos rurales se dedicaba a hacer figuras humanas o muñecos con tierra arcillosa o greda. Actualmente es peón de campo y aún permanece conchabado en distintos establecimientos rurales de la zona; es común verlo transitar a pie por el Camino del Indio.

LA PORTERA NEGRA.

En la intersección de las rutas 16 y 13 existió un núcleo poblado integrado por vecinos de la comunidad negra que superaba la treintena de familias y fue conocida como “La Portera Negra”. Dicha denominación no fue consecuencia de los vecinos asentados en el lugar, sino de una portera de grandes dimensiones pintada de bleque de la Estancia El Cerro y por la que se accedía antes de la construcción de la Ruta 16 a los parajes Peñón del Sauce, Los Ajos, Potrero Grande y Bañados Los Indios...

Este pueblito aportó a las estancias de la región peones “pa`todo” y las mujeres además de atender las tareas domésticas se dedicaban al lavado y planchado de ropa de las estancias del lugar. En sus proximidades existió un local de feria ganadera conocido como “La Feria del Ocho” y los troperos tenían como punto de reunión y distracción este vecindario.

Existieron en su oportunidad hasta tres almacenes y uno de ellos tuvo teléfono: precisamente el almacén San Cono de Marcos D`Onollo que actualmente es una tapera, único y mudo testimonio de aquella población de negros.

LOS ÚLTIMOS PARAÍSOS.

Casa Ambiental con la ONG Profauna efectuó un taller de video que utilizó como escenario y argumento básico imágenes de los ecosistemas del Camino del Indio; los protagonistas de este desafío fueron los jóvenes de Casa Ambiental. La temática seleccionada para la realización del film fue la introducción de especies exóticas y sus consecuencias en el medio ambiente.

Con ingredientes de aventura y amor en una escenografía natural y con el asesoramiento técnico especializado, se logró el cortometraje titulado “Los Últimos Paraísos”, estrenado en la Sala de Cine “2 de Mayo”.

EL RESCATE DE CAIFÁS.

El capataz de la estancia La Laguna Negra Rubén Iroldi Escobar era propietario de un perro de nombre Caifás. Un día, y como es costumbre diaria en los establecimientos rurales, salieron a cumplir diversas tareas. Iroldi partió con su Caifás y dos perros mas llamados Tarascón y Trabuco rumbo a la laguna; hacía tiempo que se les cruzaba un zorro que pifiaba a los perros y éstos le habían tomado encono porque no le podían dar alcance. Lo persiguieron hasta las sierras y el zorro se metió en una de las cuevas allí existentes y Caifás por ser más delgado de cuerpo se metió a capturarlo y quedó atrapado.

Ante esta situación, el 24 de septiembre de 1957, con total apoyo del propietario del establecimiento rural, se resolvió rescatar el perro atascado entre las piedras empleando punzones, picos y marrones pero no se logró el objetivo. El patrón como buen tozudo resolvió pedir apoyo al Batallón de Infantería Nº 12 de la ciudad de Rocha para recuperar el perro, gestión que se logró trabajando con barrenos hasta remover las piedras.

Luego de varios días de labor se recuperó con vida a Caifás. Durante la operación de rescate se contó con el apoyo del médico veterinario Dr. Milton Almandós.

Este gesto motivó que la Sociedad Protectora de Animales fuera hasta la estancia La Laguna Negra para la entrega de medallas y una placa de reconocimiento por la labor desarrollada en el rescate luciendo el siguiente texto: “AUPA en reconocimiento de quienes en noble gesto rescataron a un perro fiel: Caifás”.

Pero Caifás estaba marcado por la tragedia. Un día de los tantos acompañó a la peonada que fueron a desarmar un corral de cerdos ubicado en un lugar donde proliferaban víboras y una crucera le picó en el hocico por andar husmeando en el lugar. Nuevamente se luchó por su vida pero fue infructuoso y resultó imposible salvarlo.

Al respecto existe un romance compuesto por el peón de la estancia Oroniel Santurio del cual extraemos una parte de su composición:

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No importa lo que gastaron
Esta es la hazaña cumplida,
Del personal de una estancia
Que supieron con prestancia
Poner a salvo una vida,
No importa los cinco días
De trabajo realizado,
Ellos solo habían ansiado
Salvar a su amigo fiel
Como si hubieran soñado.

Para todo el personal
Y para el joven estanciero,
Les brindo el verso campero
Con un saludo cordial,
Al capataz igual
Que han hecho de la bondad,
Toda la felicidad
Al destruir un gran cerro
Y salvar un gran perro
De diez años de edad.
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EL COMANDO REVOLUCIONARIO.

Bañado Los Indios, sobre ruta 14 - Panoramio - Foto: Carlos Brandi

La Estancia La Blanqueada es el centro de diversas historias tejidas a lo largo de su extensa vida. Cuentan que en el año 1925, un comando revolucionario del Partido Libertador del Estado de Río Grande del Sur estuvo asentado por muy poco tiempo donde recibió un importante armamento proveniente de la capital de nuestro país.

El Dr. Amaranto Paiva Coutinho, titular de la estancia y médico de Santa Victoria Do Palmar, era integrante del Partido Libertador enfrentado al gobernador riograndense Borges Mederos. Este gobernante era considerado un déspota autoritario, rodeado por personas que estaban por encima de la ley y herederos de la filosofía de gobierno de mano dura de Julio Castilhos en Río Grande del Sur: eran los tiempos del gobierno de Getulio Vargas.

El Jefe del comando revolucionario brasileño era el Coronel Adalberto Correa quien cultivaba las mismas ideas que el Dr. Amaranto Paiva pero con perfiles personales diametralmente opuestos. Los revolucionarios se habían ubicado en uno de los montes de la estancia rumbo a la laguna, y en un lugar conocido como “Los Aguaíses”, recibieron el armamento esperado, acomodado en grandes cajones de máquinas de esquilar de marca alemana, que fue depositado en el almacén, ferretería y acopios de frutos del país de Simón Otero para de allí ser transportado hasta la estancia.

Cuando estaban realizando los preparativos del traslado de las armas al Brasil, todo aquel que llegara al establecimiento rural quedaba detenido. Cuentan que ese día “Ramireya” -un peón rural- salió de la estancia Corral de Palma para La Blanqueada y cuando llegó le salieron al paso cuatro brasileños que lo retuvieron; con mansedumbre campesina “Ramireya” empezó a desensillar su caballo frente a la atenta mirada de sus secuestradores. Caminó lentamente, sin apuro, abrió la portera del potrero para soltar su caballo e imprevistamente montó en pelo y se les fugó ganándose a las sierras de los Correa; allí abandonó su caballo agotado y llegó a pie a Castillos donde efectuó la denuncia en la comisaría.

Los campos del bañado Los Indios eran propiedad de la sociedad Yaguna (o Llaguna) y Terra (Gabriel Terra, presidente de la República de 1931 a 1938) y en este lugar estaba el puestero Claudio Rocha apodado “El Capincho” quien se encargó de cruzar el armamento por ser un conocedor de la zona.

Cuando el comando estaba acampado a la orilla del bañado para cruzar al otro lado llegó un comisario de apellido Cáceres o Cásales con cinco policías y entabló diálogo con Adalberto Correa para que depusiera de su actitud y se entregara. Éste tomó una metralleta y expresó: “yo no vengo a hacer lío acá en el Uruguay pero en un minuto barro con ustedes”.

El comisario ante esta situación dio vuelta con sus subalternos y avisó al destacamento de batallón que había en San Miguel. En tanto ocurría esto, los revolucionarios ya habían cruzado el bañado y en las proximidades de la comisaría del antiguo pueblo Gervasio y el Camino a la Higuera se produjo el enfrentamiento. Hubieron solamente heridos y uno de ellos fue el Coronel Adalberto Correa, que no quiso que el Dr. Álvarez Caimí lo anestesiara por miedo a que lo mataran. Allí concluyó la aventura revolucionaria de Correa.

ARTE RUPESTRE.

Sobre ruta 14, próximo al acceso a Potrero Grande existe una zona rocosa, lugar inmejorable para dominar una vasta región dando la sensación de un espacio infinito ante sí.

Este sitio no hace mucho tiempo llamó la atención a los lugareños y luego a los investigadores por determinadas formas grabadas en las piedras. Profesionales de la Universidad realizaron investigaciones al respecto dado que existen testimonios claros de identificación de los estudios realizados en lo que se supone que se trata de arte rupestre de alguna comunidad indígena que viviera en el lugar. Es un total misterio el significado de esos símbolos y la difusión que se ha dado de ella es prácticamente nula, al menos para el ciudadano común.

NÉSTOR ROCHA

puntoazul@adinet.com.uy Mi Uruguay y Luis Daniel Ibarrola agradecen este invalorable aporte testimonial y absolutamente desinteresado a Néstor Rocha, periodista independiente, más de cuyas notas pueden encontrarse en www.chuynet.com.uy

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