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martes, 17 de noviembre de 2009

El Cerro de los Rocha

Cerro de los Rocha; al pie la Ciudad de Castillos; al fondo Valizas y la duna del Cerro de la Buena Vista.

por Néstor Rocha

El cerro de los Rocha se ubica unos 3 o 4 kilómetros al norte de la ciudad de Castillos. Según Orestes Araujo, en su Diccionario Geográfico editado en septiembre de 1900, el nombre Cerro de los Rocha se asignaba a “un eslabón importante de la Sierra de los Difuntos que corre paralelo al mar, a 10 kilómetros de la costa, conocido hoy con el nombre de Cuchilla o Sierra de los Rochas, que es lo que geográficamente llaman los marinos Cerros de Navarro”.

Y agregaba Araujo “el principal de ellos recibe la denominación de cerro del Tigre, que se lo da una cueva, caverna o salamanca que existe en él”

Es un hermoso lugar, singular por su belleza; una atalaya que permite observar y tener un amplio dominio visual hacia los diferentes puntos cardinales; desde el Cerro de los Rocha y la Cueva del Tigre, se observan a simple vista las Lagunas de Castillos y Negra, los extensos palmares y así sucesivamente los diversos paisajes de la región hasta el punto imaginario del encuentro del cielo con la tierra.

EL LABOREO DE LA TIERRA

Este lugar está conformado por numerosas pequeñas empresas rurales familiares, particularmente de laboreo de la tierra. Históricamente se han dedicado al cultivo de la papa, boniato, maíz, sandías, porotos y zapallos entre otros tipos de cultivos.

Los pobladores del lugar han encontrado mientras trabajaban la tierra numerosas boleadoras, trabucos y monedas de plata de la época colonial.

LOS POBLADORES

Las primeras casas fueron de piedra o de terrón quinchados con paja o hojas de palma butiá; posteriormente se construyeron con ladrillos. La vivienda más cercana a la Cueva del Tigre perteneció al hogar formado por José Tomás Rocha y Honorata Rocha. Estaba a una distancia de unos 200 a 300 metros. Allí además existió una manguera o corral de tunas para el manejo del ganado.

Hay quiénes sostienen que estas construcciones son de la época colonial y recurrentemente se afirma que podría tratarse de la Guardia de Navarro, dado que desde este lugar se domina una amplia región, permitiendo una eficaz vigilancia.

Los sostenedores de este argumento señalan que antes de llamarse Cerro de los Rochas se le llamó Cerro de Navarro.

La tradición oral comenta que la casa de la familia Tomás y Honorata Rocha la desarmaron piedra a piedra “porque en las noches aparecía una luz y por otras historias calculaban que había plata. La gente escarbaba para buscar, iba hasta gente del pueblo” afirmó don Adenor Rocha, vecino del lugar.

Cerro de los Rocha y Cueva del Tigre.

El nombre de Cerro de los Rocha surge a consecuencia del asentamiento de una numerosa familia de apellidos Rocha. Se especula que el primer poblador fue Joaquín Manuel Da Rocha, luego vinieron Joaquín Cipriano Da Rocha, Luciano Quintín Da Rocha y Elciria Da Rocha entre otros, provenientes de San Pedro de Río Grande del Sur, Brasil. El apellido se castellanizó y pasó a ser solamente Rocha.

Hoy se recuerdan algunos nombres de descendientes de las primeras familias Rocha radicadas en el lugar: Honorato, Damasceno, Leonino, Tiburcio, Silverio, Genaro, Liberato, Ana, Gregoria, Evangela, Gervasio entre otros, progenitores de muchos de los Rochas afincados en el paraje de la Cueva del Tigre, en Castillos y otros lugares de la región.

LA ESCUELA Y EL PALMAR

Dos de estos nombres dieron un aporte muy importante a la zona del Cerro de los Rocha.

Por un lado Gervasio Rocha, que donó una fracción de campo para la construcción de la hoy Escuela del Cerro de los Rocha Nº 20. Rosalina Rocha Funes que nació y creció en el paraje recuerda su vida escolar: “en el año 1930 fui a la Escuela del Cerro de los Rocha, tendría unos ocho años. Las primeras maestras de este centro de enseñanza fueron en este orden: María Terra, Felicia Terra y Julieta Pereyra Romay. Las clases se dictaban en la casa de Don Gervasio Rocha que luego donó el predio para que se construyera la Escuela, esto fue en la década del 1920, concurrían unos ochenta alumnos y los atendía una sola Maestra que daba las clases de 1º, 2º, 3º y 4º año.” Esta Escuela en muchas ocasiones organizó las fiestas de fin de curso en la Cueva del Tigre.

Por otro lado, otro lugareño, Tiburcio Rocha, con paciencia elogiable recogió las pequeñas palmeras butiá de las parcelas de tierra donde se iban formando chacras y otras que él consideraba que sufrían riesgos de supervivencia. Así formó un palmar de una hectárea de extensión aproximadamente que hoy lo conocemos como el “palmar de Tiburcio”.

LOS OTROS APELLIDOS

Con el tiempo, en este paraje se fueron asentando familias de apellidos Rivero, Decuadro, Cardoso, San Martín entre otras, que con los Rocha aumentaron y dieron diversidad a las familias del lugar y aferrados a la tierra. Esta comunidad tuvo una activa vida social: por ejemplo los días sábados se organizaban bailes en las casas de familias. Rotándose los referidos días en distintos hogares, se disputaban carreras de caballos o pencas.

También existieron comercios y pudimos rescatar que Feliciano Rocha en las décadas de 1920 a 1930 tuvo almacén y un taller de zuequería, y que Tenencio Decuadro fue propietario de un almacén de ramos generales. Numerosos vecinos elaboraban carbón de leña para venderlo en la ciudad.

LAS CEREMONIAS RELIGIOSAS

Las ceremonias religiosas no estuvieron ausentes, hemos rescatado algunos apuntes de las distintas actividades religiosas realizadas en Castillos y su zona de influencia en las décadas de 1930 y 1940. A modo de ejemplo:

“El 14 de mayo de 1938, en horas de la mañana, se realizó una misa campal en el Cerro de los Rocha. Cumplida la misa campal se rezó por el éxito del Tercer Congreso Eucarístico Nacional, ofició misa el Cura Párroco Joaquín Freire, se oyó en esta oportunidad la renovación del juramento de las promesas hechas en el bautismo, después de la misa campal su primera comunión”.

Otro ejemplo de apuntes de actividades religiosas: “El 27 de junio de 1941, detrás del Cerro de los Rocha se realizó una misa campal dirigido por el cura párroco Hermenegildo Carbini y se bautizó a más de veinte personas entre niños y adultos, en la casa de campo de Don Pedro Rivero”.

LOS FOGONES

Dos de los hijos de Liberato Rocha, Antoñito y Dorito, durante mucho tiempo armaron y encendieron enormes fogones en la cima de la Cueva del Tigre en las Noches de San Juan, San Antonio y San Pedro. Rosalina Rocha lo recuerda de esta manera: “Siempre hacíamos fogatas sobre el cerro con mis hermanos, especialmente en la noche de San Antonio, por mi hermano. Todo el mundo hacía hogueras y era un espectáculo muy hermoso, lo armábamos con pencas de las palmas y leña del monte, cantábamos y bailábamos y bajábamos encandilados por la tanta luz, la noche se transformaba en una oscuridad impresionante”.

EL TIGRE

A través de la historia oral, el nombre de Cueva del Tigre surge a consecuencia de que en el referido cerro se guareció un yaguareté, a los que por estas zonas llamaban tigres, en un gran hueco formado por la superposición de enormes piedras. Este felino de hábitos nocturnos, solitario y hábil trepador, causó estragos en la zona, particularmente con el ganado vacuno y tuvo en jaque a los vecinos del lugar.

Don Adenor Rocha, de 81 años a finales del siglo veinte cuando lo entrevistamos, nos respondió que nació, creció y formó su hogar en la zona y fue productor rural toda su vida en este lugar. En su relato afirmó: “Muchos cuentan o trazan la historia del tigre de distintas formas. Los vecinos salían con armas, lazos y el tigre no aparecía, salía de noche o en tardes de tempestad. Había un negro esclavo llamado Joaquín Da Rocha, apodado “Barbate”. Llevaba el mismo nombre que su “dueño” y se había ofrecido a enfrentarse al animal; ante esta voluntad lo mandaron matar al tigre, le envolvieron un poncho de paño en un brazo y le dieron un gran facón”.

Adenor afirmó que “Logró matar al tigre tras una lucha encarnizada y cuando Barbate llegó a las casas no se sabía que color era, magullado y arañado por todos lados. Fue dura la lucha, de cuerpo a cuerpo, esto fue después de 1870 según me dijeron”.

Existen distintas historias al respecto, optamos por Adenor Rocha en virtud de su edad y vínculo con el paraje, por ser uno de los descendientes directos de aquellos protagonistas y conocedor de este hecho a través de sus mayores. Aceptó en la oportunidad del reportaje que esta historia la cuentan de distintas formas, pero el punto coincidente es la presencia y la lucha con el tigre o yaguareté, pero relatado con otros ingredientes.

DIFUNDIDO EN EL PROGRAMA PUNTO AZUL DE CASA AMBIENTAL EN ESTEÑA FM 103.1 Contribución con Mi Uruguay de: NÉSTOR ROCHA

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Soy de la zona del Cerro y les puedo asegurar que lo de "la luz" no es cuento. Es más yo vi eso y no se ahora pero hasta hace muy poquitos años la luz se seguía encendiendo y haciendo el recorrido de siempre, se enciende en lo más alto del cerro, recorre y se apaga en la tapera nombrada.

Anónimo dijo...

Como no podía ser de otra forma y por eso soy de apellidos Rocha Rocha, les cuento que vi de la famosa luz. Siendo niño no más de 8 años y en más de una oportunidad iba con mi madre de Castillos a casa de una tía al otro lado del Cerro y para ello debíamos cruzar sobre él. Ese día nos agarró la noche cuando estabamos terminando de cruzar el cerro y de pronto en las piedras más altas veo una luz como si alguien llevara un farol encendido, pero en ese lugar yo sabía que nadie podía ir caminando por lo enorme de las piedras y lo agreste del lugar. Así que pregunté a mi madre que era aquella luz y la respuesta fue "callate la boca gurí y sigue caminando" Mucha gente que hoy vive en el lugar a visto la luz y muchas pienso que ni lo comentan de tan natural que es para el lugar.

Jose I. Burgueño Rocha dijo...

Hola, que tal?
Soy descendiente de esos Rocha (mi abuelo era Idalino Rocha Olivera) y me emociona mucho ver este articulo.
Mi madre tiene una estampita de la misa campal que mencionas, cuando vaya para afuera la traigo, la escaneo y te la paso por mail.
Te felicito por el blog.
Saludos