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jueves, 17 de diciembre de 2009

70 Años de la Voladura del Graf Spee frente a Montevideo
Última Parte

El final del Graf Spee, hoy hace 70 años, a las 19.55 del 17 de diciembre de 1939

El 17 de diciembre, el Admiral Graf Spee zarpó poco después de las 18:00, apenas dos horas antes de que expirase el plazo acordado por el gobierno uruguayo.

Graf Spee frente al Cerro de Montevideo, con camuflaje de ondas en la flotación

El buque levó anclas. La nave avanzó lentamente por el estrecho canal en dirección a alta mar seguida de cerca por el carguero Tacoma (el cual había escapado del puerto del Montevideo contraviniendo órdenes del Comando Naval de Uruguay). Fondeó a escasa distancia, a menos de cinco millas de la costa Luego aparecieron dos remolcadores que provenían de Buenos Aires. Una serie de embarcaciones menores iban y venían del acorazado al Tacoma, transportando a la tripulación, de más de 1.000 hombres. Más de medio millar de tripulantes fueron trasladados a Buenos Aires y otra parte a Montevideo, en el propio buque mercante Tacoma, refugiado en el puerto uruguayo desde el comienzo de las hostilidades.

Aguardaban las naves británicas. Los espectadores del muelle y la rambla de Montevideo esperaban asistir -de lejos y sintiéndose a salvo, desde luego- al raro espectáculo de un combate naval...

A las 19:55, cinco minutos antes de vencer los plazos, una enorme columna de llamas y fragmentos dispersos brotó repentinamente del Admiral Graf Spee. Al cabo de unos segundos, desde la costa se escuchó una fuerte explosión. El Graf Spee había sido volado: los alemanes habían hundido su buque.

Tanto en Buenos Aires como en Montevideo, unos 200 oficiales fueron dejados en libertad y se fugaron a Alemania, donde reingresaron en la Marina Alemana, mientras que los marineros fueron internados en cuarteles militares rioplatenses.

La imposibilidad de asegurarles residencia en Montevideo, motivó que el Poder Ejecutivo en 1942, (efectivizado en 1943) dispusiera el traslado a Sarandí del Yí (al Cuartel del Paso del Rey) de 96 marineros de la tripulación del "Graf Spee" y del "Tacoma", también buque alemán; designándose a efectivos de la Región Militar II para vigilarlos. Allí permanecieron hasta su traslado a Montevideo y repatriación a Alemania en 1946.

Numerosos objetos pertenecientes al Graf Spee se encuentran en el museo del Cuartel Paso del Rey en Sarandí del Yí, en el Departamento de Durazno en Uruguay.

De acuerdo a las instrucciones de Raeder en su última comunicación a Langsdorff, el buque había sido destruido completamente. Previamente el capitán de navío Hans Langsdorff había preparado cuidadosamente el paso de su tripulación a Buenos Aires, donde iba a ser internada. El 19 de diciembre, allí volvió a dirigirse a sus hombres y terminó diciendo:

“La opinión pública discutirá seguramente durante mucho tiempo a fin de averiguar si estábamos equivocados o teníamos razón de destruir nuestro buque, si no hubiera sido más heroico ofrecer de nuevo combate al enemigo y que éste acabara con la muerte de los marinos. Lo habríamos hecho sin murmurar una sola palabra y con alegría. Por mi parte facilitaré la prueba de que eso no ha ocurrido por falta de valor personal”

Los hombres del Admiral Graf Spee no comprendieron sus palabras hasta el día siguiente, 20 de diciembre, en que se encontró al capitán de navío Hans Langsdorff muerto en su habitación del Hotel de Inmigrantes en Buenos Aires.

Se había envuelto en la bandera alemana y suicidado de un tiro de pistola en la cabeza. Con anterioridad había escrito una carta, dirigida al embajador de Alemania en Buenos Aires, que dice:

“Excelencia: Después de haber luchado largo tiempo, he tomado la grave decisión de hundir el acorazado Admiral Graf Spee a fin de que no caiga en manos del enemigo. Estoy convencido de que, en estas circunstancias, no me quedaba otra resolución que tomar después de haber conducido mi buque a la trampa de Montevideo.”

“En efecto, toda tentativa para abrir un camino hacia alta mar estaba condenada al fracaso a causa de las pocas municiones que me quedaban. Una vez agotadas esas municiones, sólo en aguas profundas podía hundir el buque a fin de impedir que el enemigo se apoderara de él. Antes de exponer mi navío a caer parcial o totalmente en manos del enemigo, después de haberse batido bravamente, he decidido no combatir, sino destruir su material y hundirlo...”

“Desde un principio he aceptado afrontar las consecuencias que implicaba mi resolución. Para un comandante que tiene sentido del honor, se sobreentiende que su suerte personal no puede separarse de la de su navío... Ya no podré participar activamente en la lucha que libra actualmente mi país. Sólo puedo probar con mi muerte que los marinos del Tercer Reich están dispuestos a sacrificar su vida por el honor de su bandera. A mí sólo corresponde la responsabilidad del hundimiento del acorazado Admiral Graf Spee. Soy feliz al pagar con mi vida cualquier reproche que pudiera formularse contra el honor de nuestra Marina. Me enfrento con mi destino conservando mi fe intacta en la causa y el porvenir de mi Patria y de mi Führer.”

“Dirijo esta carta a Vuestra Excelencia en la calma de la tarde, después de haber reflexionado tranquilamente, para que usted pueda informar a mis superiores y, si es necesario, desmentir los rumores públicos.”

Capitán de navío Langsdorff Comandante del acorazado Admiral Graf Spee

Los marinos alemanes fueron internados y pocos fueron los que escaparon y volvieron a su patria en guerra. La mayoría fueron poco a poco asimilándose a la comunidad casándose con argentinas o uruguayas y dejando una amplia descendencia.

En el año 1943 un grupo de 350 marinos integrantes de la tripulación del acorazado Admiral Graf Spee fueron enviados por la Marina Argentina al ex Club Hotel para su internación bajo la vigilancia del Regimiento V de Infantería Argentina, su estadía duró 2 años hasta mediados de 1945.

El Graf Spee en la actualidad.

En 1997, uno de los cañones secundarios del Admiral Graf Spee de 150 mm fue rescatado, reparado y está expuesto en la actualidad en un predio del Museo Naval de Uruguay en Montevideo.

En febrero de 2004, un equipo de rescate uruguayo dirigido por el investigador Héctor Bado y asesorado por el doctor en arqueología de la Universidad de Oxford Mensun Bound, empezó a trabajar en los restos del Admiral Graf Spee.

La operación fue financiada parcialmente por el gobierno uruguayo (junto con una serie de empresas, alguna de ellas alemana), puesto que el casco, profundamente hundido en el fango, está a apenas 8 metros de profundidad, constituyendo un peligro para la navegación. El 25 de febrero de ese año se extrajo la primera pieza de tamaño significativo, el dispositivo de puntería del buque: un telémetro de 27 toneladas.

Se ha estudiado rescatar el casco mediante el sistema de piscina, una empresa cuyo costo se estima en más de 30 millones de euros. Muchos veteranos alemanes no aprueban este intento de reflotación, considerando que el pecio es una tumba marina (aunque no hubo marinos que se hundieran con el) y un monumento histórico submarino que debe ser respetado.

Uno de ellos, Hans Eupel, antiguo mecánico especialista en torpedos, con 87 años en 2005, añadió que el intento "... era una locura, demasiado caro y sin sentido. También dijo que era peligroso, ya que una de las tres cargas explosivas que habían colocado no había explotado". Aunque se rumorea que las versiones sobre explosivos activos esparcidas por sobrevivientes son una forma de frenar la extracción de la nave naufragada.

El Gran Águila.

El régimen nazi colocaba en la popa de sus barcos de guerra un águila imperial que con sus garras sujetaba la cruz esvástica como símbolo de su lucha y poder. Pero como Adolf Hitler no estaba dispuesto a que sus enemigos pudieran usarlas como trofeos de guerra al capturar a alguno de sus buques, en 1940 decidió que fueran retiradas.

En diciembre de 2005, el equipo de buzos logró ubicar el águila de bronce, pero para transmitir su hallazgo se esperó poder terminar el complejo trabajo de sacar 145 tornillos para despegar la pieza del barco. El 10 de febrero sacaron del río el imponente mascarón de proa; una imponente águila imperial de 400 kilogramos de peso y de dos metros de altura por 2,6 de ancho que con sus garras sujetaba la cruz esvástica. Para evitar molestias de la colectividad judía, al exponerla, se cubrió la esvástica con una lona.

Pero luego de que el propio presidente del Comité Israelita del Uruguay, expresara que era conveniente exponer la pieza sin censura sobre sus símbolos, los que pasaron a verla pudieron verla en su totalidad, apenas velada por un cristal sombreado.

Según la ley uruguaya, la mitad de los beneficios obtenidos de rescates pertenecen al Estado uruguayo y la otra mitad al rescatista; no obstante, el estado uruguayo puede impedir la salida del país si la considera parte del patrimonio nacional.

El último sobreviviente del buque Graf Spee, Gustav Friedrich Adolph Quick, falleció en Montevideo en 2007, a sus 89 años, donde vivía con su familia. Esta decidió sepultarlo en el cementerio británico, y no en el Cementerio del Norte, donde están las tumbas del medio centenar de tripulantes del Graf Spee muertos en Uruguay.

2 comentarios:

Sonnia dijo...

Me encantan los artículos que edita su revista.Todos ellos son muy muy interesantes y amenos.Nos ayudan a conocer el pasado de nuestro país.Sigan adelante y gracias.FELICIDAD EN EL 2010.

Anónimo dijo...

Que lastima que ya no sigan con las publicaciones, pues el blog era interesantisimo!!! una verdadera lastima