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jueves, 10 de diciembre de 2009

La Batalla del Río de la Plata - 3ra Parte

El Graf Spee ante una tan espectante como ingenua ciudadanía volcada a la rambla, abandona el puerto de Montevideo.

La Batalla del Río de la Plata

Muchos ignoran que la Segunda Guerra Mundial, a cuatro meses de comenzada, tuvo un episodio de magnitud en aguas territoriales uruguayas. Y más aún desconocen que la población de Montevideo se volcó masivamente a la costa en su inaudita “esperanza” de ver una guerra naval. La Batalla del Río de la Plata (conocida localmente también como Batalla de Punta del Este) fue la primera batalla naval entre buques ingleses y alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. También se dice que fue la última batalla naval “clásica”, sin intervención de submarinos ni aviones. Además, fue el único episodio de la guerra desarrollado en América del Sur, en aguas territoriales uruguayas. Participaron el acorazado de bolsillo Admiral Graf Spee, los cruceros ligeros Ajax y Achilles y el crucero pesado Exeter.

En la mañana de aquel día de diciembre de 1939, el Graf Spee estaba a unos cientos de kilómetros de la costa frente al estuario del Río de La Plata. Los vigías oteaban el horizonte desde el amanecer y uno de ellos dio alarma de mástiles en el horizonte.

El Graf Spee estaba camuflado con ondas blancas en sus líneas de aguas y un esquema de camuflaje para simular un crucero inglés. El comandante de guardia, sorprendido de ver mástiles y no humo, ordenó despertar al capitán. El vigía creyó avistar un crucero y dos destructores. El comandante Langsdorff ordenó zafarrancho de combate y a cubrir puestos de combate; creía tener a la vista la avanzada de protección de un convoy.

Como el Graf Spee era superior a esas naves y el objetivo estaba acorde con las directivas dadas, decidió combatir, para luego hundir el convoy. Pronto Langsdorff descubrió su error: el pretendido crucero era un buque de 10.000 toneladas, inferior al acorazado alemán únicamente en el calibre de su artillería: seis piezas de 203 mm contra otras tantas de 280 mm. Los otros dos navíos, que habían sido tomados por destructores, eran cruceros ligeros que disponían entre ambos de dieciséis cañones de 152 mm. Se trataba de la fuerza naval del comodoro Harwood y los tres buques eran los cruceros Exeter, Ajax y Achilles.

Langsdorff decidió aplastar a sus adversarios uno a uno y concentró sus fuegos sobre el más poderoso y peligroso de ellos: el crucero pesado Exeter.

Harwood decidió dividir sus fuerzas para atacar al acorazado alemán desde diversos puntos y dispersar los fuegos del mismo.

A las 06:16 fueron disparados los primeros cañonazos desde los montajes triples de 280 mm del Admiral Graf Spee, y tres minutos después fueron contestados por el Exeter. La distancia se había acortado sensiblemente y no rebasaba los 15.000 metros. Las dos naves intercambiaban un rápido y nutrido fuego. El Exeter fue tocado, lo cual fue advertido por el Admiral Graf Spee gracias a las llamas y la densa humareda que salía de él. Algunos proyectiles del Exeter también habían alcanzado al acorazado alemán.

El primer acierto en el Exeter destruyó completamente la cocina, así como la red de agua potable de la nave. Otros dieron en el compartimiento de torpedos, averiaron el puesto de dirección de tiro antiaéreo y demolieron algunos camarotes. Hubo muertos y heridos. Pero los daños en el Admiral Graf Spee eran mínimos comparados con el infierno desencadenado en el Exeter, que en menos de una hora recibió más de cien proyectiles. Cinco de sus seis piezas fueron silenciadas.

El comodoro Harwood, que había efectuado una vasta maniobra con el Ajax y el Achilles, se acercó a toda velocidad para participar en el combate y socorrer a su buque en peligro. La primera salva que realizó impactó en el Admiral Graf Spee, destruyendo una pieza de 150 mm y matando a todo su personal. A pesar de la superioridad de fuego del acorazado alemán, los dos cruceros ligeros ingleses acribillaron al acorazado.

Langsdorff decidió concentrar su fuego entonces sobre los cruceros ligeros Ajax y Achilles, que no se encontraban a más de 8.000 m. Otro disparo del acorazado dio de lleno en las dos torres de popa del Achilles; las cuatro piezas de 152 mm fueron sacadas de servicio. Finalmente, los cruceros británicos se apartaron.

En este instante, Langsdorff tenía el combate en sus manos, pero debido a falta de información efectiva sobre sus resultados, la cantidad de bajas y pensando que estas unidades eran una avanzada de otras mayores, decidió no acabar con los sobrevivientes y se envolvió en humo alejándose a toda máquina hacía la costa.

Luego de salir del alcance de los poderosos cañones de 280 mm del acorazado, el comodoro Harwood decidió seguirlo, tratando de no perderlo de vista.

La “Batalla del Río de la Plata” es recordada hoy por ese nombre, aunque no se desarrolló en el estuario. Dejó un saldo de 113 muertos.

La trampa de Montevideo.

Los resultados del combate para el Graf Spee fueron 56 muertos y 20 impactos; los daños eran relativamente menores, pero habían mermado su provisión de municiones. Fue entonces cuando el acorazado alemán se dirigió hacia el Río de la Plata y entró al Puerto de Montevideo.

El gobierno uruguayo ofreció una estadía de 72 horas, que debía emplearse para la reparación de la nave con sus propios medios, o bien la internación del acorazado al término de la misma.

Junto a un remolcador de la Administración Nacional de Puertos, los féretros alemanes, cubiertos por banderas nazis son llevados a puerto para su posterior entierro en el Cementerio del Norte

El Almirantazgo británico se convenció de que la fuerza del Harwood no podría impedir que el acorazado se abriera paso hacia el océano y decidió reemplazar al Exeter por el pesado Cumberland.

Sin embargo, como se hallaba en las Islas Malvinas, aunque navegase a toda velocidad, no podría ganar la embocadura del Río de la Plata antes del 17 de diciembre, es decir, tres días más tarde.

La fuerza compuesta por el Renown y el Ark Royal, muy superior al Admiral Graf Spee, se encontraba a la altura de Pernambuco, 2.500 millas al norte, y antes de llegar a la desembocadura del Río de la Plata tenía que reabastecerse de combustible, por lo que su intervención antes de una semana, estaba descartada.

Por tanto, la diplomacia y los servicios secretos ingleses entraron a conjugar un sesudo plan para engañar a los alemanes respecto de su situación.

Las maniobras diplomáticas.

La delegación diplomática británica en Montevideo realizó una compleja y consistente labor de desinformación respecto de las fuerzas navales británicas apostadas en la salida del estuario del Río de La Plata e hizo circular falsos rumores, amenazas e intimidaciones.

De tal modo se emitieron falsos comunicados entre fuerzas inglesas inexistentes a la salida del estuario, que llevaron a Langsdorff a tomar decisiones equivocadas.

En el puerto de Montevideo, por otro lado, las reparaciones del Admiral Graf Spee fueron saboteadas, retrasando ex profeso las mismas, con el fin de retener en puerto a la nave de guerra alemana el mayor tiempo posible, hasta la llegada de los navíos británicos que ya estaban en camino, o incluso para lograr su internamiento o detención al cumplirse el plazo dado por el gobierno uruguayo.

Durante el tiempo que permaneció en puerto, los miembros de la tripulación muertos fueron enterrados en el Cementerio del Norte, en Montevideo. En el funeral, el capitán Hans Langsdorff usó el saludo naval, en tanto que el resto de los asistentes hicieron el saludo nazi. Los prisioneros de guerra desembarcados del Graf Spee acompañaron voluntariamente a los caídos en el cortejo fúnebre hacia el cementerio.

Hundimiento del Graf Spee.

El Alto Mando Naval alemán, a cargo del gran almirante Erich Raeder, evaluaba la situación de Montevideo a la luz de los informes del capitán Hans Langsdorff y los informes de inteligencia. Langsdorff envió un telegrama, en donde concluía:

“Me propongo avanzar hasta el límite de las aguas jurisdiccionales. Si es posible abrirme paso hacia Buenos Aires y librar combate con el resto de mis municiones. Para el caso de que tal tentativa condujera a la destrucción cierta del Graf Spee sin proporcionarle la oportunidad de causar daños al enemigo, pregunto si ha de hundirse el navío en el estuario del Plata, aunque los fondos en él son insuficientes, o bien debe permitirse su internamiento. Comandante Graf Spee.”

La respuesta de Raeder dejaba prácticamente en completa libertad de acción al comandante del Admiral Graf Spee, salvo en lo referente a la internación en Montevideo. La última frase de la orden del almirante Erich Raeder al capitán de navío Hans Langsdorff, comandante del "Graf Spee decía: “Procure que la destrucción sea total si se ve usted obligado a hundir su barco. Raeder"

continuará el próximo jueves

2 comentarios:

Ines dijo...

Muy interesante la historia real de batalla.
Ya que se mencionan cruceros, este año salen muchos cruceros desde Buenos Aires para ir de vacaciones!
Saludos

Eduardo Jorge Montemuiño dijo...

les invito a ver lo que se ha realizado desde el 2009 a la fecha en este tema oficialmente y sus conferencias, exposiciones, folleto oficial del Ministerio de Turismo y RREE más las propuestas actuales.
Arq E. Montemuiño
http://proyectobrp70.blogspot.com