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martes, 30 de junio de 2009

Centenario del Nacimiento de Juan Carlos Onetti

Juan Carlos Onetti (1909 - 1994)

Juan Carlos Onetti nació en Montevideo, el 1º de julio de 1909 y falleció en Madrid, el 30 de mayo de 1994, a la edad de 94 años.

“Juan Carlos Onetti escribía con las entrañas, fue el creador de la literatura moderna en español y lograba llenar de belleza historias crueles, oscuras y sórdidas gracias a su manejo del lenguaje literario” afirmó el escritor peruano Mario Vargas Llosa en un evento multitudinario en el que se rindió homenaje a la figura del autor de "El astillero", "Juntacadáveres" y "El infierno tan temido", entre otras obras, con motivo del centenario de su nacimiento.

"En la obra de Onetti siempre hay, por lo menos, una persona que, sintiendo la vida intolerable, como una cárcel asfixiante, se fuga a la ficción, a lo imaginario, hacia un mundo que inventa", explicó Vargas Llosa.

Biografía

Hijo de Carlos Onetti y Honoria Borges, tuvo dos hermanos, uno mayor que él, Raúl, y una hermana menor, Raquel. En 1930 se casó con su prima, María Amalia Onetti. En marzo del mismo año la pareja viajó a Buenos Aires, su nueva residencia.

El 16 de junio de 1931 nació su primer hijo: Jorge Onetti Onetti Borges, también escritor, fallecido en 1998. En 1933 se separa de su mujer y un año más tarde, de regreso en Montevideo, vuelve a contraer matrimonio, ahora con la hermana de María Amalia, María Julia Onetti.

En 1939 es nombrado secretario de redacción del semanario Marcha, cargo que desempeña hasta 1941, cuando comienza a trabajar en la agencia de noticias Reuters. Ese mismo año, conservando el empleo en Reuters, viaja nuevamente a Buenos Aires, donde permanecerá hasta 1955.

Trabaja como secretario de redacción de las revistas Vea y Lea e Ímpetu. En 1945 se casa con una compañera de trabajo en Reuters, la holandesa Elizabeth María Pekelharing. El 26 de julio de 1949 nació su hija Isabel María (Litti).

A fines de 1955 regresó a Montevideo y comenzó a trabajar en el diario Acción; contrajo matrimonio por cuarta vez, con la joven argentina de ascendencia alemana Dorothea Muhr (Dolly). Fue encarcelado en 1974, durante la dictadura de Juan María Bordaberry, y el poeta español Félix Grande, entonces director de Cuadernos Hispanoamericanos, recogió firmas para lograr su liberación.

Al año siguiente viaja a España con su esposa, invitado por el Instituto de Cultura Hispánica de Madrid, ciudad en la que finalmente fija su residencia. Cuando en 1985 la democracia regresa a Uruguay, el presidente electo, Julio María Sanguinetti, lo invita a la ceremonia de instalación del nuevo Gobierno; el escritor agradece la invitación pero decide permanecer en Madrid.

Onetti muere el 30 de mayo de 1994, en una clínica de la capital española, ciudad en la que vivió 19 años, de los cuales pasó enclaustrado los últimos cinco años, sin salir prácticamente de su cama.

Actividad literaria

La primera obra que publicó fue el cuento Avenida de Mayo-Diagonal-Avenida de Mayo el 1 de enero de 1933 en La Prensa (Argentina). Luego, en 1935 y 1936, en La Nación de Buenos Aires aparecen otros dos cuentos: El obstáculo y El posible Baldi. De aquella época son el relato Los niños en el bosque y la novela Tiempo de abrazar, que no serán publicados sino hasta 1974. En 1939 ve la luz su primera novela: El pozo.

En esos años publica artículos y cuentos policiales con los seudónimos de Periquito el Aguador, Groucho Marx y Pierre Regy. La novela Tierra de nadie, publicada en Losada (Buenos Aires) en 1941, obtiene el segundo puesto en el concurso Ricardo Güiraldes. Ese mismo año La Nación publica Un sueño realizado, considerado su primer cuento importante.

En los próximos años verán la luz la novela “Para esta noche” y una serie de cuentos en La Nación, entre los que destaca “La casa en la arena” (1949), por ser el que da comienzo al mundo de su ciudad de Santa María, que desarrollará en la novela “La vida breve”, publicada en 1950.

Precisamente en esa ciudad mítica transcurrirá la acción de la gran mayoría de sus nuevas novelas y cuentos. En 1993 publicó la que fue su última novela, “Cuando ya no importe”, considerada una especie de testamento literario.

La escritora uruguaya Cristina Peri Rossi, considera que Onetti es "uno de los pocos existencialistas en lengua castellana". Y Mario Vargas Llosa, que prepara un ensayo sobre Onetti, dijo en una entrevista a la agencia AFP en mayo de 2008 que "es uno de los grandes escritores modernos", y no sólo de América Latina. "No ha obtenido el reconocimiento que merece como uno de los autores más originales y personales, que introdujo sobre todo la modernidad en el mundo de la literatura narrativa". "Su mundo es un mundo más bien pesimista, cargado de negatividad, eso hace que no llegue a un público muy vasto".

Con anterioridad, Vargas Llosa había comentado que Onetti "era un escritor enormemente original, coherente; su mundo era un universo de pesimismo que supera gracias a la literatura".

Premios y distinciones:

Juan Carlos Onetti recibió numerosos premios a lo largo de su vida, entre los que destacan el Premio Nacional de Literatura de Uruguay (lo recibe en 1962 por el bienio 1959/1960), el Premio Cervantes (1980), el Gran Premio Nacional de Literatura de Uruguay 1985, el Premio de la Unión Latina de Literatura 1990 y el Gran Premio Rodó a la labor intelectual, de la Intendencia Municipal de Montevideo (1991).

En 1972 fue elegido como el mejor narrador uruguayo de los últimos 50 años en una encuesta realizada por el semanario Marcha, en la que participaron escritores de distintas generaciones.

En 1980 fue propuesto por el Pen Club Latinoamericano como postulante al Premio Nobel de Literatura.

Obras:

1939: “El pozo”, 1941: “Tierra de Nadie”, 1943 “Para esta Noche”, 1950: “La Vida Breve”, 1954: “Los Adioses”, 1959 “Para una tumba sin nombre”, 1960: “La cara de la desgracia”; 1961 “El astillero”; 1962 “El infierno tan temido y otros cuentos”, 1964 “Juntacadáveres”, 1973 “La Muerte y la Niña”; 1974 “Tiempo de abrazar” (la empezó a escribir a mediado de los treinta, se le perdió, la reencontró sin final, y finalmente le obligaron a publicarla); 1979 “Dejemos hablar al viento”; 1986 “Presencia y otros cuentos”, 1987 “Cuando entonces”, 1993 “Cuando ya no importe”.

En Montevideo, se realizarán 14 conferencias o "intentos de ingresar al mundo del maestro de la literatura urbana", según el anuncio del ciclo impulsado por la Intendencia de Montevideo, el Centro Cultural de España y la Biblioteca Nacional. El ciclo, va del 15 de julio al 11 de noviembre, e incluye presentaciones de María Esther Gilio, periodista y amiga de Onetti que lo entrevistó en siete oportunidades, y del escritor argentino radicado en Uruguay Carlos María Domínguez.

Fuente principal: Enciclopedia Libre Wikipedia.

Mas información: http://www.clubcultura.com/clubliteratura/clubescritores/onetti/

sábado, 27 de junio de 2009

A 75 Años del Sobrevuelo de "El Dirigible"

Mediodía del 30 de junio de 1934, el dirigible sobrevuela aproximadamente Canelones y Ejido

En la noche del 29 de junio de 1934, muchos montevideanos se fueron apostando en diversos puntos, ocupando plazas, azoteas, balcones y diversas calles céntricas por donde se aseguraba pasaría el dirigible. Las emisoras de radio iban informando de la llegada de la nave y de esta manera intentaban orientar a la población sobre el curso que ésta seguiría sobre nuestra ciudad.

A eso de las 23.45 el Graf Zeppelin asomó hacia la Ciudad Vieja y la Plaza Independencia, dio varios giros y desapareció rumbo a Buenos Aires. Volvería en la mañana. Había partido de Alemania el 24 de junio .

El dirigible voló los cielos de Europa, Norteamérica, Sudamérica, Sudáfrica y la Antártida, durante siete años y recorrió 1.350.000 kilómetros. En 1929, circunnavegó el mundo en 22 días. Era lento en comparación con un avión, pero era más rápido que un trasatlántico. Volaba a baja altura, de manera que sufrían vientos y tormentas.

Llevaba unos sesenta pasajeros, que viajaban en su barquilla. El globo elíptico se rellenaba de hidrógeno, y eso lo convertía en un medio de navegación peligroso. De hecho, el Hindenburg se incendió durante un aterrizaje, fue un acontecimiento mundial y acabó con la era de los dirigibles.

Amanecer de Buenos Aires, el Zeppelin proa a Montevideo, sobre el Palacio Barolo

Para reabastecerse de agua y de alimentos el Graf Zeppelin bajó durante poco más de una hora en Buenos Aires, en la zona militar de Campo de Mayo. Luego, ascendió de nuevo. Y tras ser fotografiado ante el Palacio Barolo, palacio hermano del Salvo, se fue definitivamente rumbo a Montevideo, donde la nave comenzó a divisarse sobre el mediodía sobrevolando el Cerro, a una altura que muchos estimaron en 150 metros.

Mediodia de Montevideo, el Zeppelin sobre el Palacio Salvo
Cruzó la bahía hacia el centro de Montevideo. Bordeó el Salvo y la Plaza Independencia. En su recorrido sobrevoló la avenida Agraciada hasta el Palacio Legislativo, regresó al centro y enfiló hacia Ramírez y Pocitos, para desaparecer y no regresar jamás. Todo en apenas una hora.

El régimen de Adolf Hitler, en su afán publicitario, había pretendido seguir demostrando al mundo sus avances tecnológicos, extendiendo los vuelos del Graf Zeppelin iniciados en 1932, que cruzaban el Atlántico desde Alemania hasta la ciudad brasileña de Recife. La idea, nunca llevada a término, era extender el recorrido hasta Río de Janeiro y Buenos Aires, transportando pasajeros y correspondencia.

El comandante Eckener aludió para no descender a razones técnicas. Éstas eran en realidad las reservas disponibles de hidrógeno, el que sólo podía ser repuesto en la ciudad de Pernambuco y del cual se perdía una apreciable cantidad en cada aterrizaje.

El cruce de pasajeros de Alemania a Buenos Aires se hizo esa vez en un tiempo récord de cinco días.

Fuentes de la compilación: Jovialiste’s Blog y artículo de Ruben Borrazas para La República del 29 de junio de 2004, http://www.larepublica.com.uy/comunidad/145957-hace-setenta-anos-por-el-cielo-de-montevideo-cruzo-el-graf-zeppelin, www.genol.es

jueves, 25 de junio de 2009

1895 - La Peor Inundación de Montevideo y El Prado

(Este artículo es 2da Parte del publicado el martes 23)

El arroyo Miguelete totalmente fuera de madre entre Agraciada y Uruguayana (1895)

Nadie imaginaba entonces que el final del peaje sobre Agraciada iba a estar signado por la tragedia...

El antiguo puente iba a resultar destruido por un violento temporal, acompañado de una lluvia torrencial, que se desató en la noche del 27 y en la madrugada del 28 de marzo de 1895 y, finalmente, substituido por el que actualmente existe, que al librarse al transito, se hizo eliminando el peaje.

Sobre las inusuales crecientes decía la crónica del Diario El Día:

“Era opinión general ayer que no se recordaba desde hace mucho una lluvia tan fuerte y abundante. Después de un fuerte chaparrón a modo de prólogo y de la abundante granizada que había seguido, parecían haberse abierto las cataratas del cielo”.

Kilométricas sábanas de texto se destinaron en las crónicas de los diarios; hubo abundante material para los reporteros que escribían sobre el departamento cubierto por las aguas, con los cauces urbanos totalmente desbocados y fuera de curso.

Fueron al suelo columnas telegráficas, la capital quedó incomunicada con el interior y con Buenos Aires. Los servicios ferroviarios quedaron cortados. La policía quedó acuartelada en previsión de que la ciudad quedase a oscuras, y los soldados fueron destinados a desagotar sótanos y auxiliar gentes en peligro de vida...

El puente de Paso Molino se vino abajo, y atendiendo a que los trenes del abasto procedentes de Santiago Vázquez no podrían llegar, se dispuso la rehabilitación del antiguo matadero de Maroñas.

Así quedó el Puente de Paso Molino

Los periódicos se arrogaban mayores tirajes que nunca, cosa habitual por entonces; pero esa vez era real, pues invitaban a la gente a arrimarse a sus imprentas para verificar los tirajes.

Todos los procedimientos de ilustración existentes por entonces eran inasequibles: la litografía por exigencia de papel especial, la xilografía por no haber dibujantes grabadores, la fototipía era cara y la zincografía y el fotograbado español aún demorarían un tiempo en adaptarse a las exigencias de la composición tipográfica rápida.

Pero según todas las crónicas, los Arroyos Seco, Miguelete, Quita Calzones (del que ya hablaremos en nota próxima) y el Pantanoso se habían convertido en ríos torrentosos. La fosa del ferrocarril del Cordón (por donde hoy corre la calle Galicia) era un hervidero que, camino a la bahía, inundaba varias cuadras al llegar al cruce de la Avenida Rondeau. En el Puente de las Duranas, las aguas cubrían 500 metros por el Camino Millán.

En Paso Molino, la hoy Avenida Agraciada, con sus terraplenes de acceso de mampostería al puente que salvaba el Miguelete, obró a modo de funesta barrera contra la corriente, lo que puso la nota culminante y trágica al despeñar aguas abajo a un tranvía de caballos, ocasionando dos muertes.

Según crónicas de la época:

“Las aguas rebasaban el puente con velocidad vertiginosa, pero Julio Perdomo, temerario conductor del tranvía de 28 años de edad, decidió picar a sus caballos, acompañado solo por su guarda, Juan Cerviño. Desoyó a la gente que veía como minuto a minuto las aguas crecían y con vigoroso latigazo lanzó a su yunta. El vagón descarriló antes de llegar siquiera cerca del centro del puente, y pronto tras dar una vuelta sobre sí mismo las aguas arrastraron a los desdichados juntos al vagón y sus equinos ”

Este es el costado del puente por el que el tranvía cayo a las aguas

El puente de Agraciada al bajar las aguas aparecía destruido. Debió ser sustituido con el que a la postre es el actual y fue también el final del peaje.

Fue la mayor creciente históricamente observada en el arroyo Miguelete. Las inundaciones a nivel nacional de abril de 1959 rompieron marcas en casi todo el territorio; pero para Montevideo, las mayores inundaciones fueron las de marzo de 1895.

Pasando Malvín, la laguna del parque Pierre Durandeau (hoy Parque Rivera) colapsó vertiendo al Arroyo del Molino cantidades de agua que destruyeron parte del Molino de Pérez así como su rueda.

Otra referencia del nivel de las aguas del Miguelete es que alcanzaron 1,60 metros sobre el nivel del piso del actual destacamento de Radiopatrulla, que se halla junto al puente Buschental, y aunque la configuración del arroyo no era similar a la actual y se carece de más datos para establecer comparaciones de los volúmenes de agua desplazados, basta imaginar dicho puente cubierto.

Durante 1942 se realizaron obras que en general permitieron incrementar en un 50 % la sección del arroyo, revistiendo además las márgenes con piedra para aumentar la velocidad de desagote disminuyendo la fricción en las orillas. Así disminuyó la incidencia de las lluvias más atípicas, aunque aún hoy en algunas pocas ocasiones la corriente se derrama alcanzando las sendas peatonales del Prado próximo a la Avenida Agraciada, pero permaneciendo muy lejos de las calzadas de los puentes que en aquella ocasión, perdieron la batalla.

Fuentes: Diario “El Día”; "Los Barrios de Montevideo - Paso Molino, El Prado y sus alrededores" de Anibal Barrios Pintos y Washington Reyes Abadie, Intendencia Municipal de Montevideo e investigación realizado por el Portal Paso del Molino.

martes, 23 de junio de 2009

Los Peajes en... la Avenida Agraciada.

...a principios del siglo XX, el Puente Buschental se transformó en una nueva opción para atravesar el Aº Miguelete; pero mucho antes... (Archivo de fotos del Cabildo)

...pero mucho antes, la epidemia de fiebre amarilla que se abatió sobre Montevideo en 1857, determinó que muchas familias principales, huyendo del contagio, se instalaran en sus quintas de la zona del Paso del Molino.

Esta circunstancia y el creciente tránsito del paso determino que, el 12 de enero de aquel año, la Junta Económico-Administativa celebrara un contrato con una empresa integrada por los Sres. Adolfo Rodríguez, Tomas Tomkinson, Ricardo B. Hughes, Lucas Fernández y Juan F. de la Serna, que se denominaba "Sociedad Puente del Miguelete y Calzada del Arroyo Seco". Dicha empresa - como expresa su denominación - tenía por objeto la construcción a su costo, de una calzada de piedra en el arenal del Arroyo Seco - aproximadamente en el eje de la actual Avenida Agraciada, a la altura de la calle Entre Ríos - y un puente de material en el Paso del Molino.

El puente debía ser "una construcción de cal y canto con arcos de luz variable entre 15 y 18 varas, elevado, según buen calculo, sobre el nivel de las máximas avenidas, de modo que siempre pudiera dar paso a pie enjuto". Por la parte central circularían los vehículos y flanqueando la vía se extenderían dos veredas para uso de los peatones. Los empresarios tendrían derecho a explotar la obra por un termino de 50 años, cobrando el peaje que se fijara de acuerdo con las autoridades municipales, a cuyos efectos y para mejor percepción de las cuotas quedaban facultados para establecer barreras que cerrarían la vía.

Tras alguna demora provocada por la referida epidemia de fiebre amarilla, las obras fueron concluidas y habilitadas a fines de 1858. "Es digno notar - expresaba "La República", el 28 de noviembre del mismo año, citada por Alfredo R. Castellanos - la gran conveniencia que ese puente y calzada ha establecido ya para todos los vecinos de sus alrededores, facilitándoles el tránsito gratis, pues sólo los animales y rodados son los obligados a pagar peaje".

Al poco tiempo, el público que tantos elogios prodigara al puente sobre el Miguelete, el pueblo reaccionó en forma desfavorable. El Arroyo Seco, durante casi todo el año, era un hilo de agua y levantaba protestas que se tuviera que pagar peaje por un servicio que, en verdad, resultaba innecesario. Pero la sociedad, con ambos peajes, debía resarcirse del capital invertido en el puente del Paso del Molino. Una verdadera tempestad se levanto en el ambiente, y lo que se había estimado como una acción progresista de emprendedores vecinos, pasó a ser considerada una empresa de tremenda usura.

El Puente del Arroyo Miguelete sobre la hoy Avenida Agraciada (Paso Molino) hacia el año 1890 (foto de origen desconocido)

Los peajes se regulaban, según Juan Carlos Pedemonte, de acuerdo a la siguiente tarifa: Jinete: veinticinco centésimos. Animal vacuno, mular o caballar: diez centésimos. Cerdos o lanares: cinco centésimos. Vehículo, cargado o vacío, ida y regreso en el día: sesenta centésimos. Los peajes serían cobrados únicamente en uno u otro paso: no se pagaría nunca en un mismo sentido, en el Arroyo Seco y en el Paso del Molino.

El 12 de junio de 1859, se ordenó el retiro de las cadenas que cerraban el Camino al Cerro, hoy Avenida Agraciada, en el paso del Arroyo Seco, por considerarse que el servicio era accesorio del que se cobraba en el Paso Molino. Finalmente, ese mismo año, se anuló la concesión por considerarla ilegal. La sociedad recibió el importe de la obra, sin intereses y la concesión fue sacada a remate como lo disponía la Ley de 1829.

El 24 de marzo de 1860, se adjudicó el paso del arroyo Miguelete en el puente a don Juan Garatey. Por un año tendría este señor la concesión, debiendo abonarle 120 pesos mensuales a la Junta Económico-Administrativa.

La nueva sociedad cobraba un "vintén" (dos centésimos) a los peatones o jinetes y dos "vintenes" a los vehículos.

Por muchos años se utilizó por parte de gente a pie, de carros, diligencias, carruajes, jinetes y tropas aquel puente de cal y canto con tres arcos. Muchas veces quedó bajo las aguas de las grandes crecientes. Y en los períodos en que el arroyo no ofrecía dificultades para ser atravesado en cualquier punto, se vigilaba que nadie dejara de utilizar el servicio, para lo cual se cerraban los accesos con cadenas.

En 1869 comenzó a circular por el puente el tranvía de caballos, que llegaría en 1871 hasta el Cerro.

Nadie imaginaba entonces que el fin del peaje en el puente iba a estar signado por la tragedia a bordo de un tranvía...

(continuará el próximo jueves 25)

Fuentes: Diario “El Día”; "Los Barrios de Montevideo - Paso Molino, El Prado y sus alrededores" de Anibal Barrios Pintos y Washington Reyes Abadie, Intendencia Municipal de Montevideo e investigación realizado por el Portal Paso del Molino.

sábado, 20 de junio de 2009

La Problemática de los Palmares del Litoral:

La Extinción de una Especie

Guacamayo Azul Grande (foto: Laurie Black) Anodorhynchus hyacinthinus (similar al extinto Guacamayo Azul Chico, Anodorhynchus glaucus, pero de porte 30 centímetros mayor)

La población del Guacamayo Azul Chico (Anodorhynchus glaucus) si bien era extendida, se hallaba claramente localizada en el noreste argentino, el sur de Paraguay, en el nordeste uruguayo y en Brasil desde el estado de Paraná hacia el sur.

Era endémico en los cursos medios de los ríos principales como el Uruguay, el Paraná y el Paraguay, así como en áreas adyacentes. La mayor parte de los avistamientos provenían de Corrientes, Argentina. Sin embargo, allí ya se había hecho escaso para la segunda mitad del siglo XIX, y hay apenas dos registros con valor científico en el siglo XX: una observación directa, en Uruguay, en el departamento de Artigas en 1951, y uno basado en informes locales en el Estado de Paraná a principios de los años '60.

De plumaje turquesa, su tamaño de pico a cola era de 70 centímetros; se dice que su pico que era capaz de romper candados.

Mientras la mayoría de los ornitólogos lo consideran definitivamente extinto, rumores persistentes de observaciones recientes especulan que unos pocos ejemplares aún podrían todavía sobrevivir. El gran problema es que Anodorhynchus glaucus (de quien hablamos), es sumamente parecido a Anodorhynchus hyacinthinus y a Anodorhynchus leari, por lo que los pocos reportes existentes seguramente pertenecerían a estas últimas especies y no a la primera.

Durante los años '90, las expediciones en su búsqueda a Paraguay no obtuvieron resultados positivos. Se ha insistido sobre su existencia en el hábitat natural que perdura en el Parque Nacional del Palmar, en Entre Ríos, pero hasta el momento no hay evidencia confirmatoria.

Las observaciones en el pasado fueron relatadas sobre todo a lo largo de ríos principales, aunque sin embargo esto puede simplemente habría reflejado la dependencia de sus movimientos a los cauces fluviales, más que sus verdaderas exigencias de hábitat, los cuáles fueron lamentable y paulatinamente degradados.

Su pico negro estaba adaptado para consumir los duros frutos de las Palmas Butiá YATAY, abundantes en nuestro noroeste así como en Corrientes y Entre Ríos. Esta era la única palma con el fruto del tamaño apropiado para ellos, por lo que probablemente vagaba en los palmares del litoral (los palmares de Rocha están constituidos por Palmas Butiá CAPITATA) y potencialmente en áreas ligeramente arboladas. Anidaba en acantilados; su postura media era probablemente de dos huevos.

La pérdida extendida de palmares, ya fuese sustituidos directamente por la agricultura o por el impedimento de la regeneración de los mismos a causa de la cría del ganado que consume los brotes nuevos, puede haber sido determinante directo en la disminución de las poblaciones.

Además, el tamaño y el aspecto de esta ave la hicieron un objetivo primario para los cazadores, lo que provocó incluso la captura de ejemplares juveniles para su utilización como mascotas, pues a su belleza se agregaba su sociabilidad y su capacidad de articular sonidos humanos.

Si bien hay algunos rumores de que ha sido comercializado, al día de hoy sigue sin poderse sustentar el tráfico reciente de especímenes vivos. Obviamente si lo hubiese, cualquier comercio actual de huevos o especímenes vivos sería definitivamente nefasto.

Es la primer ave extinta de Uruguay; y en Brasil además se la considera como la primer ave extinta a causa de la intervención humana.

Fuentes de referencia: Wikipedia, Projeto Arará Azul, Aves de la Pampa, BirdLife International, Aves del Uruguay, El País de los Pájaros Pintados, imaginacaoativa.wordpress.com

jueves, 18 de junio de 2009

Breve Historia del Nacimiento del Peso Uruguayo

Papel moneda local, uno más de la variada oferta de billetes de entonces, emitido en este caso en Tacuarembó en 1872: 10 centésimos "pagaderos en moneda corriente"

No obstante las leyes dictadas sobre la acuñación de moneda y la que estableció normas para la creación de un régimen monetario durante la Guerra Grande, el país hasta 1862 carecía de un signo de cambio propio.

Si bien se mantenía el uso del peso fuerte y del patacón impuestos por la tradición tanto española como portuguesa, circulaban todo tipo de monedas metálicas, aunque gran parte de ellas de plata feble. Las monedas “flacas” habían comenzado a desalojar del mercado a la moneda sana.

Una ley del 23 de junio, estableció por primera vez un régimen monetario basado en la plata y el oro. Así se definió el PESO PLATA, equivalente a ¾ onzas de plata y que remplazó al peso antiguo o “peso corriente” que se dividía en 800 reis.

También se definió entonces al DOBLÓN DE ORO. Un doblón de oro equivalía a media onza de este metal, y a su vez a DIEZ PESOS PLATA.

Las monedas de plata se acuñarían en piezas de 5, 10, 20 y 50 centésimos y las de oro en ¼, ½ y un doblón. Para las fracciones menores se acuñarían simplemente monedas de bronce. Quizás ese es el verdadero motivo por el que en nuestra plaza se vieron circular monedas de valores que hoy nos parecerían muy extraños: 4 centésimos.

Pero en tanto no se acuñasen las monedas seguirían circulando las monedas extranjeras a los siguientes tipos de cambio:

1 peso plata = 1 peso plata español,

1 peso plata = 2000 reis brasileños,

4.70 pesos plata = 1 libra esterlina,

0,96 pesos plata = 1 dólar americano

Posteriormente, bajo gobierno del Gral. Venancio Flores, por decreto-ley se autorizó a los bancos a emitir sus propias monedas. Los billetes emitidos no podían superar el triple del capital efectivo de cada banco y debían ser pagaderos en oro sellado por un valor mínimo de 10 pesos. Las autorizaciones de emisión serían por 20 años y renovables por igual período, y la “contabilidad de los bancos debería ser efectuada en español”

El 7 de enero de 1865 se debió decretar el curso forzoso de todas las monedas por vez primera, cosa que la crisis de 1866 volvió a exigir, y frente al retorno del régimen de libre convertibilidad de la moneda el 1º de junio de 1868, los bancos Mauá, del Montevideano, del Italiano y del Navía cesaron sus operaciones, lo que supuso una catástrofe para el sistema financiero y económico en general y para los tenedores de sus billetes en particular.

En 1890 algo similar aconteció con el Banco Nacional. Un anuncio de inconvertibilidad de sus billetes en oro provocó una crisis de confianza que en 1891 terminó provocando el cierre de más de mil comercios tan sólo en Montevideo.

Aunque en realidad el privilegio de la exclusividad se hizo plenamente vigente recién una vez vencidos los plazos acordados para las emisiones previas de los bancos particulares, 1896 trajo consigo la creación del Banco de la República Oriental del Uruguay, con carácter INSTITUTO EMISOR PRIVILEGIADO, hasta que esta facultad fue transferida al Banco Central del Uruguay, fundado en 1967. Es por ese motivo que los billetes hasta fines de la década del ’60 mencionan al República y no al Central.

Compilación: L.D.I. Fuente: Colección “Nuestra Tierra” Nº32, “La Economía del Uruguay en el Siglo XIX” (Washington Reyes Abadie & José Claudio Williman)

martes, 16 de junio de 2009

Si el Palmar Hablara

La Problemática de los Palmares de Rocha

Palmares de Rocha - Foto de autor desconocido, publicada en: http://www.uruguaydestination.com.uy/img/galeria/costa/Palmares.jpg

Muchos son los ciudadanos rochenses que manifiestan su preocupación por el traslado y a veces comercialización de las Palmas Butiá, que luego aparecen procedentes de la nada en diversos lugares; en algunos casos y probablemente en mayor número sobre inapropiados suelos arenosos y salinos de la costa, desde la conjunción del Río de la Plata y el Océano Atlántico hasta Rocha, engalanando residencias, centros de diversión, complejos hoteleros o de edificios de apartamentos.

Quiero prevenir al lector, que no soy un contumaz radical o fundamentalista en la lucha por la protección del medio ambiente; sí un ciudadano que pretende actuar con responsabilidad ciudadana en pro de la conservación de las especies autóctonas y para que ellas tengan sus ecosistemas saludables. Un ecosistema vigoroso es también sinónimo de calidad de vida de una comunidad, es también querer, amar las cosas nuestras, valores que tienen que ser transferibles a las actuales y futuras generaciones.

Como ciudadano oriental quiero el desarrollo económico de mi país, pero también ambiciono para todos mis hermanos uruguayos, sin excepciones: calidad de vida, de salud, ambientes no contaminados, que se formen pobladores ejemplares en los mejores ámbitos de la enseñanza, que todos actuemos con responsabilidad ciudadana para ir cambiando el rumbo de esta sociedad que sufre diversos síndromes, buscando las raíces de los males que nos afectan. Seamos actores, constructores de un camino que nos conduzca al horizonte al cual queremos llegar.

Obviamente, existen mil y un problemas a solucionar. Pues aquí esta mi mano, marchemos juntos.

Obrero de la crin vegetal (corta de hojas de palma) - Foto: Néstor Rocha

Me aboco al problema del palmar butiá del departamento de Rocha; es una comunidad vegetal única en el mundo, cuyo ecosistema no goza de buena salud. Advierto a los desprevenidos que los palmares que aprecian quiénes transitan por Ruta 9 o por Ruta 16 (Camino de los Indios) no es un ecosistema íntegro: son ejemplares avejentados, “cansados”, de tantas centurias de edad. Lo mismo acontece en el Norte del Departamento de Rocha, particularmente en los aledaños de San Luis.

La renovación de nuevos ejemplares se da donde están a salvo del ganado, contra las alambradas, sobre la vera de las mencionadas rutas 9 y 16 desde el balneario Aguas Dulces, exhibiendo un ecosistema frágil y primario.

Recientemente agentes policiales de la localidad de 19 de Abril detuvieron un camión con dos palmeras en pleno crecimiento y de una edad aproximada a los veinte años. Al respecto he dialogado con los funcionarios del Ministerio del Interior como los de Transporte y Obras Públicas: los mismos han expresado el desconocimiento de leyes que protegen a la palma como individuo y como palmar.

Desde el Siglo XIX se reclama desde el mundo científico, la protección del palmar y la generación de políticas de gestión al respecto. Estamos en la primera década el siglo XXI, y debo señalar que el primer paso que dado en la preservación del palmar fue el de un vecino castillense, Don Tiburcio Rocha. Este butiacero no precisó elaborar un proyecto, sino que con sus manos y sus herramientas marcó el área donde plasmar su idea, trasplantó ejemplares y así formó un pequeño palmar, al decir de investigadores brasileños que visitaron este lugar: “un laboratorio biológico, viviente…”.

El 11 de setiembre de 1939 se promulgó la Ley 9872, que dice: PALMARES – Se ponen bajo la protección y contralor del estado, declarándose ilícito el comercio de su miel y dándose otras normas El Senado y la Cámara de representantes de la República Oriental del Uruguay, reunidos en Asamblea General, DECRETAN: Artículo 1º.- Decláranse bajo la protección y contralor del Estado, los montes o ejemplares aislados, de Cocus Yatay (Mart.), Palma Butia (vulgaris), que existen en los Departamentos de Rocha, Paysandú, Río Negro u otros de la misma especie vegetal que localice e incluya en las prescripciones de la presente ley el Ministerio de Ganadería y Agricultura. Artículo 2º.- Desde la promulgación de la presente Ley queda prohibida la tala, arranque o destrucción total o parcial de tales montes o ejemplares sin previa autorización del Ministerio de Ganadería y Agricultura. Artículo 3º.- Declárase ilícita la extracción, comercio o transporte de la miel de palma extraída de aquellas plantas. Artículo 4º.- Los propietarios, arrendatarios, ocupantes o medianeros, indistintamente, serán responsables del cumplimiento de las disposiciones de la presente ley. Artículo 5º.- Las infracciones a la presente Ley serán castigadas con las penas establecidas por la Ley Nº 9481 de Protección a la Fauna Indígena, las que se harán efectivas por el procedimiento fijado por la Ley de 29 de Mayo de 1916, asumiendo el Agrónomo Regional respectivo, la personería que allí se confiere a los Inspectores de Trabajo. Artículo 6º.- El producido de las multas se verterá a los fondos de la Sección Forestal de la Dirección de Agronomía. Artículo 7º.- Comuníquese, etc.

Luego, en 1987, se aprueba la Ley Forestal Nº 15939 que en su artículo 25 establece: “Queda prohibida la destrucción de los palmares naturales y cualquier operación que atente contra su supervivencia – El Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca a propuesta de la Dirección Forestal, por razones científicas o de interés general, podrá reglamentar la corta o la explotación de determinadas especies o ejemplares forestales, así como la utilización de resinas, cortezas, semillas, hojas u otras partes de árboles forestales nativos o exóticos…”.

Nuestro país se ha dado pasos importantes para conservar la biodiversidad, la Reforma de la Constitución del año 1996 en su Artículo 47 establece: “La protección del medio ambiente es de interés general. Las personas deberán abstenerse de cualquier acto que cause depredación, destrucción o contaminación graves al medio ambiente. La Ley reglamentará esta disposición y podrá prever sanciones para los transgresores.”

Hechos como el transporte de palmeras o la extracción de las mismas de la vera de la ruta frente mismo a una vivienda del M.T.y O.P. han generado malestar. En lo personal soy receptor de estas inquietudes. Compruebo los hechos y los pongo en conocimiento de autoridades de gobierno y de la comunidad.

Por lo expuesto en el párrafo anterior, he recibido mensajes, entre otros:

¿Las palmeras que están protegidas son sólo las que nacen de forma silvestre, y no así las que alguien plantó?

¿Si tienen guías de tránsito, estarían (más allá de consideraciones de si está bien o mal desde el punto de vista conceptual) dentro de lo que permite la ley?

¿Si las palmeras fueron sacadas del palmar o de un camino y ruta y no tienen su guía de tránsito se debe denunciar a la Dirección Forestal / Bosque Nativo?

¿Si planto cocos para que nazcan palmeras, ya que en una chacra que tenía nacían almácigos que después no seguían creciendo por distintas circunstancias, ahora que he logrado que germinaran y han nacido en unas macetas llevarlas a otro sitio es ilegal? ¿No es eso preservar los árboles nativos?

¿Si han crecido en el tronco plantitas de palmera, pueden transplantarse para hacer nuevas plantas?

La realidad de estas circunstancias, de diversas índoles, nos conduce a saber cuando, cómo y el porque amerita ser trasladada un palmera. Como ciudadano común interpreto que aún existen un vacíos legales: por ejemplo ¿los decretos reglamentarios de las mencionadas leyes, existen?

Debemos tomar conciencia que esta comunidad vegetal con un ecosistema decadente por su edad centenaria como tantas otras, van decayendo para dar paso al síntoma de “desahuciado” y en consecuencia futuras generaciones han de darle sepultura, generando un hueco, un espacio en el que será difícil engendrar nuevos ejemplares.

Luego, quizás, alguien con mano temblorosa deba bajar del escudo departamental el símbolo palmareño, una de las identidades rochenses y sólo sobrevivirán ejemplares aislados que en nada recordarán a los antiguos palmares.

¿Podemos nosotros negarle a los “hijos de nuestros hijos” el privilegio de este Monumento que la madre naturaleza nos regaló? ¿Quiénes somos en definitiva para dar semejante paso?

Concluyendo, tomo la siguiente cita para ir reflexionando: “Lo importante no es lo que nos hace el destino, sino lo que nosotros hacemos de él” Florence Nightingale

NÉSTOR ROCHA

N de la R: Néstor Rocha es periodista independiente. Sus trabajos pueden encontrarse en www.chuynet.com/columnistas Su correo de contacto es puntoazul@adinet.com.uy y está abocado a la recolección de las opiniones de sus lectores, por lo que agradecerá a quienes le hagan conocer sus puntos de vista o le acerquen otras colaboraciones sobre este tema.

sábado, 13 de junio de 2009

La Construcción de la Rambla Sur tras el temporal del '23

La Rambla Sur de Montevideo, en construcción, hacia 1930. Se aprecian las playas desaparecidas y el contorno de la por entonces futura terraza al mar frente a Juan D Jackson y Eduardo Acevedo.

En Mi Uruguay tenemos como idea ir alternando entre diversas misceláneas que hacen a todo lo nuestro. Pero en ocasiones, surge casi la “necesidad” de hilar las notas unas con otras, de darles ese acabado con una suerte de bordado que ate estas pequeñas historias.

En esta ocasión, en nota anterior vimos como en 1923 la rambla del Parque Hotel, que había sido construida “recientemente” (en 1906) quedó literalmente destruida. Pero nos quedamos sin poder comparar esa imagen de desolación con una previa que hablase del esplendor de ese viejo tramo de costa, centro de actividades recreativas de la moderna ciudad que incluso llegó a ver desfiles de carnaval y por la que arribaban los tranvías al Parque Urbano, hoy Parque Rodó, esa rambla que pese a su anchura moría por entonces súbitamente a la altura de la actual Eduardo Acevedo.

El trazado -casi mágico- finalmente ejecutado fue propuesto por el Ingeniero Fabini en 1922, un trazado quizás más austero que el del Ingeniero Sillard en 1910, que preveía una calzada de 70 metros de ancho con amplios espacios centrales arbolados, enjardinados y provistos de fuentes centrales en cada cuadra; pero también más conservador y mucho más armonioso que los propuestos por Abel Fernández en 1907 y Lord Grimthorpe en 1908, este último terriblemente invasivo, pues además de constituir la rambla en línea totalmente recta de oeste a este, lo hacía llegando a robar al mar unas cinco cuadras por ejemplo a la altura de Ciudadela y unas tres más que en la actualidad a la altura de Ejido.

De todos modos el trazado hizo desaparecer dos playas con sus respectivas ensenadas, las de Patricios y Santa Ana. Tantas veces habremos pasado por la avenida Gonzalo Ramírez y Yaro... y aunque de trabajo imaginarlo, allí donde hoy pasan las líneas de buses, Gonzalo Ramírez (llamada entonces Estanzuela) se encontraba discontinuada por las orillas de la playa Patricios; precisamente ese era el punto de contacto entre la tierra y el mar.

Si bien la ejecución de la rambla era una tarea ya propuesta, la necesidad de que no se repitieran las devastadoras consecuencias del tremendo temporal del 10 de julio de 1923 ofició de catalizador final. Al no haber habido contención, la creciente de más de cuatro metros y el oleaje bravío hicieron que el Río de la Plata penetrara cuadras y cuadras, ocasionando daños que nunca volvieron a verse, no solo porque nunca volvió a haber un temporal así, sino porque aunque fue duramente herida más de una vez, la férrea defensa a las sudestadas en que se constituyó esa rambla ofició desde entonces como nueva muralla defensiva de la ciudad. Las obras comenzaron en el mismo año 1923, y tras interrupciones por problemas presupuestarios, se inauguraron el 30 de diciembre de 1935.

Parque Hotel, 1916. Se distinguen los muretes con encolumnados, las casillas para los bañistas con ruedas para ser llevados hasta el mar, el tranvíarumbo al centro y cachilas estacionadas frente al hotel.

Bueno es saber que si bien las imágenes que aquí se publican se encuentran en resoluciones bajas, el CMDF (Centro Municipal de Fotografía de la Intendencia Municipal de Montevideo) posee una amplia colección de las mismas, las que se encuentran disponibles para su adquisición por el público en general en formatos de excelente ampliación y calidad.

Lamentablemente, las dos fotos de hoy surgieron de pesquisas en internet que no nos permitieron encontrar las fuentes originales de ninguna de ambas, de increíble valor testimonial. De la aérea publicada el 8 de mayo en “Las Playas Ocultas de Sur y Palermo” (y que es tomada en fecha levemente posterior a la de hoy) sabemos ahora que es parte de la colección municipal y que se identifica con el código 174E. Principales fuentes consultadas: “La Mirada Horizontal – El Paisaje Costero de Montevideo” de Alicia Torres Corral (Ediciones de la Banda Oriental) http://es.geocities.com/uruguayoculto/barrios/palermosur.htm

jueves, 11 de junio de 2009

Palmas y Palmares del Uruguay

Palma Pindó de 26 metros de altura, se dice de ella que el la más alta... Esta ubicada en la Vilardebó 1157, a dos cuadras de la Avenida Agraciada, en Montevideo, Uruguay.

Foto: Dario Niz

Mucho se ha hablado del origen de las palmas que conforman nuestros palmares. A veces se afirma que fueron ingresadas a la región. Y una de las leyendas más extendidas es que los jesuitas a medida que recorrían el largo camino hacia las misiones, se alimentaban de sus frutos arrojando las semillas, provocando entonces la proliferación de extensos palmares a lo largo de un camino que atravesaría el país en diagonal, “naciendo” en el este y siguiendo luego de atravesar el centro y el litoral por Entre Ríos, Corrientes, Misiones y finalmente el sur de Paraguay.

Dicha afirmación es falsa, pues si bien los palmares del este y los de litoral son de especies emparentadas entre sí, además de presentar discontinuidades geográficas, son diferentes. En el primer caso se trata de palmares de Butiá Capitata, mientras que los del oeste son de Butiá Yatay. Son especies muy parecidas en apariencia, pero sus frutos son bien diferentes: mientras los de Butiá Capitata son ampliamente comestibles y se utilizan para la elaboración de diferentes productos (entre ellos el famoso licor), los frutos de Butiá Yatay son extremadamente duros. Además los ejemplares de Butiá Yatay son ligeramente más altos.

Las tres principales especies autóctonas de nuestro país son la palma Pindó (o Chirivá), y precisamente la Butiá Capitata y la Butiá Yatay. La Pindó es fácilmente diferenciable, pues sus líneas son más estilizadas, es de tronco delgado y alcanza altos portes, llegando a 20 metros de altura. No genera conglomerados densos como en el caso de las otras dos. Su hábitat preferente se inserta dentro de montes nativos y a menudo en quebradas (por ejemplo, en Quebrada de los Cuervos, Treinta y Tres).

En líneas generales, las palmeras uruguayas no comparten las áreas donde cada especie se haya alojadas y sus poblaciones se encuentran por tanto aisladas unas de otras. Limitadas áreas de contacto se registran entre las especie Butiá Capitata y Pindó, las cuales en dichos casos, llegan también a engendrar un híbrido entre ambas.

Las palmas Butiá llegan a medir 10 metros de altura. Resisten a fuegos intensos (lo que quedó demostrado recientemente en el Parque Nacional de Santa Teresa donde sobrevivieron aún inmersas en matorrales incendiados) pero se hallan en áreas primordialmente llanas y anegadizas, extensamente pastoreadas, en las cuales el ganado destruye sus rebrotes. Salvo en lugares inaccesibles al ganado, la falta de regeneración está hoy condenando el futuro de sus palmares, popularmente conocidos como “Palmares de Rocha”.

Las palmas Yatay llegan a los 12 metros. Si bien han retrocedido, parecen tener mayor oportunidad de permanencia, a juzgar por la regeneración que se observa en algunas zonas. Se desarrollan en áreas con buen drenaje.

Existe también sólo en el departamento de Rivera la especie “Yatay Enana”, que no suele superar los 2 metros y requiere suelos similares a los de la Yatay común.

Las palmas Pindó, al prosperar en áreas libres de pastoreo, se encuentran en menor riesgo que las anteriores. Aunque se encuentra prohibida, sobre todas pesa el peligro de la extracción furtiva, actividad que se halla prohibida, existiendo una ley al respecto.

Y como leeremos en una entrega próxima, el riesgo de supervivencia de una especie vegetal, en este caso el palmar, puede provocar la desaparición de especies del reino animal, cosa que lamentablemente ya aconteció en nuestro país. Próximamente dedicaremos una nota a esa especie hoy definitivamente extinta.

Compilación: L.D.I. Fuentes consultadas y recomendadas: “Flora Indígena del Uruguay” – J. Muñoz / P. Ross / P. Cracco (Editorial Hemisferio Sur) “El Uruguay y sus palmeras. Una familia cimbreante” - Carlos Antonio Brussa http://www.guayubira.org.uy/palmares/uruguay_y_sus_palmeras.html http://www.verdecountry.com/default.aspseccion=con&id_canales=174&id_contenidos=4804 http://avesdeuruguay.blogspot.com/ Imagen Original tomada desde http://imagenes.infojardin.com/subes/images/bwy1209994185c.jpg

martes, 9 de junio de 2009

El Cero de la Bahía de Montevideo y el Temporal de 1923

Seguramente muchos de nosotros hemos visto más de una vez los típicos carteles de hormigón de las viejas estaciones ferroviarias. Sobre un rectángulo mayor, el nombre de la estación; y sobre cada uno de los postes que lo sostienen, dos pentágonos con datos: la distancia a la vieja Estación Central (hoy fuera de servicio) y la altura sobre el nivel del mar, referida al cero de la bahía de Montevideo. Pero… ¿cuál es dicho cero exactamente?

El nivel de la bahía es bastante variable. Cuando el clima es calmo, alcanzan las acciones de influencia de la luna y del sol en las mareas para producir oscilaciones dentro de un rango de casi un metro.

Pero cuando azotan los vientos intensos del Sudoeste al Sudeste, marcan con anterioridad su llegada pues las aguas comienzan a crecer varias horas antes, reinando relación entre la amplitud de la creciente y la intensidad del viento que soplará. En tales circunstancias se han observado crecientes de un metro en apenas treinta minutos.

A su vez, los efectos de las estas crecidas se hacen bastante más notorios a medida que el río se estrecha: son más drásticas frente a Colonia que frente a Maldonado.

Durante abril de 1959, precisamente en Colonia y como lo mencionábamos en el artículo sobre la estancia Anchorena, el río alcanzó como producto de las descomunales descargas del Paraná y del Uruguay combinadas con dos semanas de sudestadas alturas nunca registradas antes.

Sin embargo, la mayor crecida de la que se tenga registro frente a Montevideo fue el 10 julio de 1923. A la hora 7 de la mañana se desató un temporal de dimensiones, con vientos de gran intensidad (que se estiman de más de 150 kms. por hora) y que duró hasta el día 12. Arrasó la costa, destruyendo por ejemplo las terrazas al mar del hotel Pocitos y sus bodegas (se dice que la gente en caminando luego por la playa encontraba botellas de vino de las mejores marcas) y las modernas ramblas no sólo de Pocitos sino también frente al Parque Hotel -donde los rieles del tranvía quedaron literalmente suspendidos en el aire como se ve en la nota gráfica- y la de Punta Carretas.

Se dice que las pocas casas diseminadas por entonces por la costa del barrio Sur de aquellos tiempos, no pudieron contener los embates furiosos de las olas de altura jamás vista. De hecho, en recuerdo a aquel estuario embravecido, mientras aún se reconstruían ranchos, ese barrio Sur vio nacer al Club Mar de Fondo, a través del cuál con su nombre sus fundadores no hacieron sino recordar con toda intencionalidad precisamente a ese temporal arrasador de 1923.

Parque Hotel - Temporal de 1923 - Foto Archivos de la I. M. de Montevideo

En Santiago Vázquez, donde hoy se hallan los puentes sobre el Santa Lucía, una balsa se encargaba de hacer el cruce del río. Desapareció, y según las crónicas, jamás fue encontrada, debiendo reemplazarse por otra similar. Cuando el temporal cesó, se había cobrado 7 vidas de esa Montevideo mucho menos poblada que hoy.

La altura de “las tranquilas aguas del puerto” llegaron en esa ocasión a 4,30 metros, superando en 30 centímetros los bordes de los muelles, inundando el puerto. Y decimos 4,30 metros porque el cero de la bahía está referido precisamente a un plano dado paralelo al nivel de a los muelles, a un nivel que se denomina "Cero de Wharton" y que se encuentra a 4 metros por debajo del nivel superior de los mismos.

Así pues, cuando se mencionan las cotas de los embalses nuestras represas o las alturas sobre el nivel del mar, en nuestro país las debemos considerar referenciadas al plano antes descripto.

Fuentes de referencia: www.cennave.com.uy ; Dir. Nal. De Hidrografía; I. M. de Montevideo; Club Atlético Mar de Fondo: http://www.camardefondo.com y otras.

sábado, 6 de junio de 2009

El Parque Anchorena y La Torre Gaboto

La Torre Gaboto - foto Mariana Lafont (diario Página 12)

Por este paraje, situado en las confluencias del Río de la Plata y el río San Juan, pasó en 1516 Juan Díaz de Solís y en 1520 Fernando de Magallanes que en su viaje hacia el sur encontraría el estrecho que hoy lleva su nombre, ansiado camino hacia oriente.

En 1527 llega el veneciano Sebastián Gaboto en busca de la legendaria Sierra de Plata que dará nombre al río. Recién será en 1542 que los españoles se afincarán en la zona, cuando el capitán Juan de Romero, enviado desde Asunción por el adelantado Alvar Núñez Cabeza de Vaca, instale una población, San Juan Bautista, que apenas duró seis meses.

Los españoles recién retornarán en 1681 a fundar allí la Guardia del San Juan, motivados por la fundación de Colonia del Sacramento por los portugueses.

La desembocadura del río San Juan, forma una Barra de definida silueta y blancas arenas; su curso es lugar ideal de navegación. A principios del siglo veinte, estas tierras protagonizan un hecho épico en la vida de uno de los personajes argentinos de la época.

Aarón de Anchorena era hijo de una acaudalada familia porteña y era poseedor de un gran espíritu aventurero. Junto a Jorge Newbery en 1907, se propusieron el cruce del Río de la Plata, pero de un modo muy particular: en globo. Una hazaña que lograron a pesar del mal tiempo y que les hizo descubrir estos parajes de los que Anchorena no se separarí jamás.

La idea era comprar el territorio donde bajase el globo "Pampero" en el cual estaban volando. Pero al no estar disponibles esas tierras, la madre de Anchorena compro 11000 hectáreas junto a la desembocadura del Rio San Juan, un terreno que Anchorena había visto desde el aire.

Jorge Newbery y Aarón de Anchorena, momentos antes de la histórica ascención del "PAMPERO". El salvavidas que pende pertenece al "Pampa", navío argentino. Foto: Instituto Argentino de Historia Aeronáutica Jorge Newbery (Juan Viegas)

El joven y emprendedor Aarón se dedicó desde entonces a modelar una obra arquitectónica y paisajística en la que ocupó el resto de su vida. En un enclave custodiado por las islas de Martín García y San Gabriel, donde en días claros emerge del horizonte la silueta de los edificios de Buenos Aires a 55 kilómetros al otro lado del río, hoy se reuerda la osadía de aquel vuelo aerostático de principios de siglo. Esa hazaña sólo es superada por las obras que Anchorena realizó en sus tierras.

Su casa, que recuerda la campiña inglesa, la capilla sobre el barranco, el establecimiento rural pionero de la época, la torre de Gaboto y un bosque de 686 hectáreas, son sólo algunas de sus más importantes realizaciones personales.

En 1965, los 87 años de edad, en 1965 fallece y lega al estado uruguayo un predio de 1370 hectáreas como testimonio de amor al lugar que fue testigo y cómplice de sus sueños. En el testamento, se dispone que el parque sea destinado con fines educativos para la población y que la residencia pase a ser lugar de descanso de los jefes de estado uruguayos.

Casco de la Estancia Presidencial Anchorena

Con una fachada de estilo normando, la entrada de la casa principal mira hacia un gran parque en el que se encuentra un lago artificial. El lado oeste de la residencia, de estilo Tudor, se orienta hacia el Río de la Plata. El interior, sobrio y confortable, recrea el clima de las fincas rurales inglesas. La sala, presidida por una gran chimenea, se reviste de lambriz y decora su techumbre con vigas de madera. Allí, se conserva una colección de pájaros embalsamados formada por especies provenientes de la zona.

El escudo de los Anchorena simboliza la tradición de la vieja familia. Desde el salón se pasa a la biblioteca, toda de madera, donde luce el magnífico apero de oro y plata del antiguo dueño de casa. El escritorio es una sobria habitación. Sirve como lugar de trabajo y conserva recuerdos como fotos del Pampa y de los veleros con los que Anchorena llegara incluso a Europa.

El señorial comedor con piso de mármol blanco y verde oscuro abre sus ventanales hacia el Río de la Plata. Cada detalle de la decoración recuerda las grandes pasiones de Anchorena: los viajes y la caza.

En 1927, como homenaje a los descubridores españoles al cumplirse 400 años de su llegada a estas tierras, Anchorena erige una monumental torre de piedra de 75 metros de altura. La efigie de Gaboto recuerda el propósito de la construcción y al pie de la cual se ubica la tumba que guarda sus propios restos, según sus deseos, desde su muerte en 1965. A esa fecha, Anchorena conservaba 4700 hectáreas de las 11000 que le había comprado su madre.

La escalera que conduce a la cumbre de la torre

Desde las alturas de la torre se domina una vasta extensión del Plata, del Río San Juan y de todo el parque. Un pequeño museo, emplazado en su interior, conserva numerosas piezas paleontológicas halladas en la zona, rica en restos de animales prehistóricos que las barrancas han ido dejando al descubierto. También atesora objetos de valor arqueológico, correspondientes a los asentamientos españoles encontrados en las excavaciones que se practicaron para construir los cimientos de este extraordinario edificio. Estas investigaciones se han reanudado para seguir esclareciendo el pasado.

Desde Buenos Aires, en los días claros, se divisa la torre que aporta al paisaje la belleza de sus líneas y que es muestra del espíritu decidido de quien la erigiera en aquellos años con limitados medios técnicos.

La costa del río San Juan, refugio de naturaleza y de tranquilidad, alberga en primavera y verano cientos de embarcaciones que se internan siguiendo su sinuoso curso. En sus márgenes crecen especies características de nuestro monte ribereño, como el Ceibo, el Canelón o el Sauce Criollo, asociadas a especies exóticas y de atractivos cambios estacionales. Al otro lado del río San Juan, la vegetación nativa dibuja el paisaje tradicional.

Mientras tanto, la rivera sobre el Río de la Plata cae a pico en pintorescas barrancas de 8 a 10 metros de altura donde es posible ver el proceso erosivo provocado por el embate de las olas, el viento y la lluvia. Resulta poco creíble que en las dos semanas de sudestadas que acompañaron las históricas inundaciones de 1959, el Río de la Plata haya lamido las cumbres de esos barrancos. Una marca perdura registrando el nivel máximo alcanzado por el río, producto combinado del entonces persistente viento y de los aportes diluviales del Paraná y del Uruguay.

En su testamento, Aarón de Anchorena legó al Estado una fracción del campo de 500 hectáreas aproximadamente, incluyendo sus plantaciones y edificaciones. A su vez, se destinó la casa principal -con sus colecciones y objetos de arte- para el uso de los Jefes de Estado. El parque forestal se extiende hoy a través de 686 hectáreas, diseñado por paisajistas europeos, alberga más de 140 especies arbóreas y arbustivas, algunas únicas en el país, provenientes de sus viajes por todas partes del mundo, lo que le confiere valor de arboreto.

Las más de 40 especies de Eucaliptos traídas por Anchorena desde Australia junto con otras especies nativas y exóticas conforman un mágico y calmo ecosistema coronado por el canto de los pájaros. El parque posee también abundante fauna: más de 75 especies de aves, especialmente acuáticas, que imponen su presencia en el lugar.

Sin embargo, el ciervo Axis, hoy disperso en todo el país, originario de Europa y que Anchorena introdujo en la década del veinte, se constituye en el mayor atractivo. Durante el día es posible ver numerosas manadas que recorren el parque.

Anchorena introdujo también otros animales como jabalíes, antílopes, canguros y búfalos. Unos prosperaron, otros no; lamentablemente el jabalí se extendió luego como maliciosa plaga a toda la región. La noche también alberga una urdimbre silenciosa de vida nativa. Bajo la luz de la luna, la presencia de los ciervos se intuye por sus gritos que rompen la noche y solo se acallarán por un instante cuando nuevamente el sol ilumine la obra de un visionario: Aarón de Anchorena.

El Parque Anchorena tiene un gran potencial para el desarrollo de actividades de investigación científica. Hasta el momento, se realizaron diversos estudios en coordinación con otras instituciones estatales, entre las que se encuentran el Departamento Forestal de la Facultad de Agronomía, el Departamento de Paleontología de Facultad de Humanidades y el Museo y Jardín Botánico de la Intendencia de Montevideo. Por su parte, el Ministerio de Ganadería Agricultura y Pesca, a través de la División Fauna, ha realizado el inventario de las especies animales , el relevamiento de los cultivos y los árboles y otros de carácter geo-paleontológico.

jueves, 4 de junio de 2009

Perdido frente a Montevideo: El Faro de La Panela

R.O.U. Panela - Antigua Edificación

Seguramente desde la costa oeste montevideana, al menos alguna vez hemos mirado ese destello proveniente de un sitio del río no lejano a la costa y que sin embargo no es demasiado atendible desde la propia ciudad.

Desde las playas del oeste, el insistente destello de luz capta la atención de la vista. Pero la memoria visual de las horas diurnas no recuerda que allí haya algo que nos pueda haber robado nuestra atención.

Sin embargo la vista puede descubrir un punto poco definido a lo lejos. Y al hacerse de binoculares, el contorno del islote de rocas surge prefectamente definido visto desde las playas de Punta Espinillo o La Colorada, a veces totalmente desconocidas para el montevideano céntrico.

La panela es un peligrosísimo peñón rocoso frente a las costas montevideanas, cerca de la desembocadura del Río Santa Lucía, señalado en las cartas de navegación desde tempranas épocas. Sin embargo, no fue hasta 16 de marzo de 1866 que se fondeó allí un buque faro para advertir la funesta presencia del escollo.

En 1915 se construyó la torre faro, una construcción habitable de dos pisos de altura. La altura del foco pasó a ser de 17,5 metros, el alcance geográfico, de 13.2 millas pero el lumínico de sólo 9,8 millas. Su intensidad luminosa es de 1550 candelas.

La característica de su foco es: luz blanca, 4 destellos cada 10 segundos y llama abierta a gas acetileno; lente circular dióptrico. Además está equipado con campana de niebla.

Dado que hablamos de millas náuticas, es un dato importante saber que cada una de estas equivalen a 1,852 kilómetros.

Las piedras de La Panela se encuentran en la ruta de los buques de cabotaje entre Montevideo y Buenos Aires. La instalación del Faro sobre las rocas de la Panela, tuvo una influencia sumamente beneficiosa en la disminución de los accidentes marítimos, no sólo sobre esos mismos escollos, sino sobre toda la zona cercana de la costa, que presenta demasiadas irregularidades peligrosas.

Hasta el año 1951, este faro fue tripulado. Mientras no se establecieron guardias rotativas, en los primeros años de la década del 30 -similares a las que se cumplen a bordo de los buques de nuestra marina militar-, los fareros se pasaban meses y aún años en las dos habitaciones, una sobre otra de La Panela. No era extraño que entre estos tripulantes se desarrollaran personalidades distintivas, como las que Zaguez pudo observar en el Pontón Faro del Banco Inglés.

Ambos faros son ahora automáticos. La vida en La Panela, y en el ex - buque faro del Banco Inglés era sumamente penosa. Isidoro Zaguez describió, en su novela "Banco Inglés" a los personajes que el mismo conoció viviendo un año en el buque faro.

Actualmente, la vida sigue siendo aislada en lugares como Isla de Flores e Isla de Lobos, incluso aún no es sencilla en Cabo Polonio. Lo más conveniente y eficiente es que estos faros estén atendidos por familias de tripulantes, conservando además una tradición transmisible de padres a hijos, de la mejor calidad, en un oficio duro como es el de ser torrero o farolero.

Torre actual de fibra de vidrio - Al fondo: Punta Espinillo

En el caso de la Panela, sobre el escollo de rocas en donde se encontraba la edificación ha sido instalada una torre de fibra de vidrio. La distancia entre la costa de Punta Espinillo y La Panela es de unos 10 kilómetros.

La navegación comercial pasa por un estrecho canal entre La Panela y Montevideo, por eso la turística es aconsejable que lo haga al sur, dejando no menos de 500 metros de distancia al faro dado los bajofondos que allí abundan. Una milla al oeste del faro, una boya además ofrece alerta del hundimiento del buque argentino Biguá en 1943.

Compilación: L.D.I.

miércoles, 3 de junio de 2009

Precisión sobre la nota "Trolebuses de Montevideo"

El 26 de mayo pasado, publicamos una compilación de notas y artículos sobre la historia de los trolebuses de Montevideo. Con dicha razón, el Sr. Marcelo Benoit, webmaster del sitio web "Trolebuses de Montevideo" e integrante de la Asociación Montevideana De Entusiastas del Transporte, se comunicó para hacernos saber que al trolebús 29, está hoy siendo restaurado por la Asociación, de modo lenta pero firme y se encuentra alojado en el Museo Aeronaútico, a cuyo personal agradecen.

Además también lo hizo Esteban Martínez, miembro del "Grupo Trolebuses de Montevideo" http://ar.groups.yahoo.com/group/trolebusesdemontevideo , grupo virtual abierto al ingreso de todos los interesados en el tema, y realizador de una amplia investigación histórica que puede visitarse en http://trolebusesmontevideo.tripod.com/portada.html

http://theageofthetrain.tripod.com/fotostb.html es el sitio original de una amplia galería fotográfica que recomendamos a visitar.

A veces, en archivos familiares, zonales, etc, puede encontrarse material que -a título propio- invitamos a hacer llegar tanto al "Grupo Trolebuses" como a la Asociación de Entusiastas para posterior disfrute de la toda sociedad en su conjunto.

El Sr. Marcelo Benoit es también consultor de Transporte Ferroviario y coordina el Grupo de Pasajeros en defensa de la Estación Central como Terminal de Trenes. Para más información e imágenes puede visitarse: http://www.grupodepasajeros.tk/

martes, 2 de junio de 2009

El Origen de Tónicas y Gaseosas Paso de los Toros.

"Una estampida que arrolla la sed... Paso de los Toros"

Una bebida uruguaya con toque inglés ¿Quién diría que el encuentro entre un Químico montevideano y un inglés en una ciudad del interior del Uruguay daría nacimiento a una bebida con resonancia mundial? La octogenaria Paso de los Toros tiene mucho para contar.

Paso de los Toros (Marca Registrada)

En el centro geográfico de Uruguay, por donde pasa el Río Negro, existían "baquianos que ayudaban a las carretas y a las tropas a cruzar el río, muy peligroso cuando la corriente era grande. Por su valor personal y fuerza, a estos baquianos se los llamaba hombres toros".

Así explica Pedro Armúa, en su Historia de Paso de los Toros, el origen del nombre de la ciudad uruguaya homónima. Ciudad que nació como pueblo en 1903 (pueblo Santa Isabel, por ley 2854 del 17 de julio de ese año), devino Villa Paso de los Toros (declarado así por el Parlamento uruguayo en 1929) y que, en 1953, logró la categoría de ciudad. Y, claro, fue en esa tierra de hombres toros donde, en una tarde sartreana, se originó la popular gaseosa tónica.

En la década de 1920, la ciudad de Paso de los Toros contaba con una población de unos 8.000 habitantes. A ellos fueron a sumarse dos: Jorge Jones, un inglés llegado a la localidad junto con los ferrocarriles (según dicen también fue quien llevó el primer automóvil y la primera pelota a Paso de los Toros), y en 1924, Rómulo Mangini, un descomunal montevideano de más de 100 kilos, practicante asiduo de lucha grecorromana y estudiante de Química en Montevideo, que llegó para trabajar en un comercio que la familia de su esposa tenía allí.

Al poco tiempo, el químico instaló una fábrica de soda, extendiendo la producción a los jabones “Teru-Teru” antes de decidirse por las bebidas refrescantes con gustos frutales.

Habría sido en una tarde de 1926 cuando los dos hombres, (que acostumbraban concurrir al club isabelino “25 de Agosto”), decidieron desafiarse a la búsqueda de una fórmula para elaborar un agua tónica lo más parecida posible a la inglesa “Bull Dog”, la única tónica que llegaba a Uruguay en ese entonces. Jones conocía los componentes, Mangini se encargaría de buscar las proporciones exactas.

El agua tónica, o simplemente “tónica”, era un refresco carbonatado aromatizado con quinina. La bebida tomó su apodo de los efectos médicos de este aromatizante amargo, un alcaloide que se extrae de la corteza del árbol de la quina, y que tiene propiedades antipiréticas, analgésicas y antimalaria. Su consumo inicial se redujo a las colonias inglesas de las zonas tropicales de Asia y África; pero luego se extendió por todo el mundo.

Mangini aceptó el reto. Siguieron meses de pruebas, fórmulas fallidas, y diversas combinaciones de agua y extractos vegetales. Con cada nueva combinación Mangini iba al club a ver a Jones, donde ambos la degustaban, esperando un dictamen favorable.

Después de varios meses y muchos intentos, un día de 1929 según la mayoría de las versiones, consiguieron su objetivo. Jones dio su visto bueno y veredicto: según su exigente paladar, la tónica uruguaya superaba a las importadas de Londres.

La bebida tuvo gran éxito y la distribución fue cada vez más amplia en el territorio, al punto que el centenar de empleados no daba abasto en la fábrica.

Sólo un empleado de la fábrica conocía la fórmula secreta de Mangini. Sin embargo, todos en el pueblo sabían algo: la receta incluía ralladura de cáscara de naranja. Así lo recuerda Raquel Torres, hija de uno de los primeros empleados de la fábrica: "Contrataban gente para rallar naranja. Las rallaban a mano, con ralladores parecidos a los de cocina. Usaban sólo la cáscara y regalaban las naranjas peladas, entonces todo el pueblo comía naranjas gratis".

Gran parte de la fórmula tiene los elementos clásicos de cualquier tónica, en particular quinina. Justamente, el agua tónica nació en el siglo XVII, al mezclarse quinina con agua para bajar la fiebre. Según la Real Academia Española, la quinina es un "alcaloide de la quina, principio activo de este medicamento febrífugo, una sustancia blanca, amorfa, sin olor, muy amarga y poco soluble, que se emplea en forma de sales".

Pero, para muchos, el secreto último de esta gaseosa era el pozo que había en la misma fábrica, de donde se obtenía el agua para elaborarla. Un pozo que aún está allí, sellado, en medio de las instalaciones abandonadas de Paso de los Toros.

El éxito fue vertiginoso. Enseguida empezaron a despacharse botellas a la vecina ciudad de Durazno y, luego, a Montevideo. Mangini tuvo que conseguir nuevos socios y, en 1947, se sumaron Frank Marshall y Adolfo Caorsi. Así, se fundó la Sociedad Anónima Agua Tónica Paso de los Toros y se empezaron a vender acciones en el pueblo. A diez pesos cada una.

A principios de 1950, la demanda capitalina era tan importante que Mangini resolvió poner una fábrica en Montevideo, en la Avenida Millán y Avenida de las Instrucciones.

"Un día –recuerda Armúa– llegaron a Paso de los Toros unos representantes de Pepsi Cola que ofrecían comprar las acciones de la fábrica. Mucha gente las tenía olvidadas en los roperos, y fue un revuelo, todo el mundo buscándolas. Pepsi las pagaba muy bien y todos las vendieron, locos de la vida." Hasta que, el 14 de febrero de 1955, la compañía norteamericana logró la mayoría absoluta. Un golpe duro para Mangini, que murió en 1957.

Con el paso del tiempo la cantidad de quinina se ha reducido a cantidades insignificantes desde el punto de vista médico, debido a los efectos secundarios que tienen altas dosis de esta sustancia, por lo que ahora se usa sólo en cantidades equivalentes a una cuarta parte de la dosis terapéutica y únicamente por su particular sabor.

La tónica es usada con frecuencia en una corte llamado gin tonic, que es una mezcla de gin (ginebra) y tónica. Hoy, además de las versiones estándares de la bebida, también se venden variantes sin azúcar o aromatizadas con limón (bitter lemon) o lima (bitter lime).

Y una curiosidad final: la bebida brilla bajo luz ultravioleta (luz negra) debido a la fluorescencia natural del sulfato de quinina presente en ella.

Hoy, la ciudad de Paso de los Toros recuerda la historia con una calle llamada Rómulo Mangini, sobre la que está la fábrica. Para los lugareños, todavía hoy grandes bebedores de esta gaseosa, hay dos próceres locales: Mario Benedetti –nacido allí–, y Rómulo Mangini, un montevideano que mereció ser un hombre toro.

Fuentes: Rodolfo Reich (diario La Nación); http://www.anibalvazquez.com/historia.php y otras