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martes, 29 de septiembre de 2009

Estampas del Camino del Indio (5ta. y Última Parte)

Ofrendo este trabajo a mis nietos: Joaquín y Valentina Rocha Izquierdo.

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Bañado y Camino del Indio - Pareja de federales - Panoramio - foto: Final Cut

BAÑADO LOS INDIOS.

El Biólogo de Casa Ambiental Giancarlo Geymonat brindó su opinión sobre los roles de la naturaleza en sistemas como el arroyo y bañado Los Indios.

“El bañado Los Indios representa hoy uno de los puntos de observación de fauna de mejor acceso para el amante de la naturaleza. El turista, al igual que nosotros, puede hacer un alto en el camino y munido de prismáticos, catalejos, o mejor aún, de un telescopio, podrá identificar unas ochenta y cinco especies de aves y admirar su comportamiento”.

“Desde el pequeño Junquero al gran Chajá, desde la esbelta garza mora al regordete Macacito y desde la nerviosa Golondrina a la estática Becasina, la diversidad de adaptaciones en formas, colores y movimientos parece infinita. Con suerte podremos ver fugazmente a varios mamíferos. Nutrias y carpinchos, comiendo tranquilamente tiernas hojas de camalotes; zorros recorriendo los pajonales en busca de algún pequeño ratón, murciélagos surcando las últimas luces de la tarde. Si permanecemos quietos durante un buen rato, cobrarán movimiento numerosas criaturas a nuestro alrededor: saltamontes, langostas y ranas, tímidas avecillas y hasta alguna culebra inofensiva se nos acercará sin temor. Otro mundo de sensaciones se abrirá ante nosotros si esperamos la puesta de sol. Y si por algunos minutos cerramos nuestros ojos y nos dedicamos sencillamente a escuchar, un halo místico y musical, formado por miles, millones de plantas y animales, crean un concierto de vida...”

“Pero si bien hoy estas exuberancias nos impactan, algunas narraciones de cronistas y naturalistas del siglo pasado nos indican que las condiciones y la dinámica de las aguas en el bañado de Los Indios ha sufrido severos cambios, principalmente a partir de la realización de las obras de canalización para la desecación de los bañados adyacentes.”

“Hoy, el antiguo arroyo de Los Indios perdió su cauce y se convirtió en un denso pajonal. Muchos factores han cambiado sensiblemente el espectáculo que hoy nos puede ofrecer el bañado de Los Indios, a pesar de que no hemos sido plenamente conscientes de dicho cambio.
Hoy depende de todos nosotros que el bañado de Los Indios perdure... que vuelva a brindarnos su concierto de vida.”

EL PUENTE.

Puente del bañado Los Indios, Ruta 14 - Panoramio - foto: Carlos Brandi

En la década de 1930 se construyó el puente sobre el ecosistema del arroyo y bañado Los Indios, el mismo implicó una ardua labor. Antiguamente se vadeaba por un afirmado de piedras que permitía el paso de las carretas, carros, caballos y la tropa muy próximo al puente, se le conoció como el Paso de las Carretas.

Durante la construcción del puente, dos obreros de la empresa ALBINO ZECCHI tuvieron un enfrentamiento, el sobrestante Corbo Hutton comunicó a la Sub. Comisaría de la Punta de la Sierra el hecho, en los siguientes términos: “... Comunico a ud. Que en la tarde de hoy (era el viernes 18 de junio de 1937) y a la hora 16 y10 dos obreros de la empresa ALBINO ZECCHI, que construye el puente “LOS INDIOS” se trabaron en pelea resultando herido de bala en el cuello el operario Gregorio Vizcaíno, lo que pongo en conocimiento de esa Policía a los efectos del caso: el heridor es el operario Mariano Deodoro Mieres, esperando la más rápida intervención saluda a Ud. muy atte. M. Corbo Hutton – Sobrestante”.

CONCLUSIÓN:

El Camino del Indio la construyó la empresa Neyeloff y Barrandegui donde los obreros emprendieron la obra prácticamente a pico y pala. Beltrán “Beto” Pérez –fundador del Museo Arqueológico de Castillos, que hoy lleva su nombre- relató su experiencia como obrero de esta ruta “... la empresa exigía más de lo que uno humanamente podía, era una vida dura y se trabajaba al extremo de socavar nuestra resistencia física... cobrar los salarios era una dificultad mayor, casi tan dura como la labor de abrir a pico y pala la ruta, la deuda llegaba hasta los sueldos de tres meses y apenas nos pagaban el de un mes... para exigir venían en un caballo árabe, para pagar en una mula manca”.

Las viviendas de los obreros del Camino del Indio eran precarias, consistían en unas tres hiladas de terrón, techo de paja y piso de tierra: unas aripucas. Cuando la construcción de la ruta se distanció del campamento a los obreros los trasladaban en camiones, sin toldos que los resguardaran del frío en invierno, del sol en el verano y de la tierra que al transitar del vehículo se levantaba dificultando la respiración.

El campamento permanecía hasta que a la empresa no le era redituable llevarlos y traerlos desde el lugar de la obra, armándose un nuevo asentamiento en la avanzada. La segunda guerra mundial afectó en la forma de hacer el trazado, pues la maquinaria existente en aquellas épocas no contaba con el combustible para ser movilizada a causa de la veda ocasionada por la contienda mundial.

El obrero a pico y pala y fundador del Museo “Beto” Pérez compuso un poema titulado “Camino del Indio” , del cual extraemos algunas estrofas:

Este Camino del Indio
Que culebrea hasta el Chuy,
Casi niño, a pico y pala,
En mis tiempos recorrí...

Armábamos la herrería
Debajo el canelón
Y, apenas amanecía,
Meta martillo y marrón!

Aquí dejamos el jugo
Y gotitas de sudor
Bajo el miserable yugo
De un gringuito explotador...

Qué tiempos aquellos tiempos
Difíciles de pelar!...
Arrastrados por los vientos
¿Dónde habrán ido a parar?

NÉSTOR ROCHA
puntoazul@adinet.com.uy

Mi Uruguay y Luis Daniel Ibarrola agradecen este invalorable aporte testimonial y absolutamente desinteresado a Néstor Rocha, periodista independiente, más de cuyas notas pueden encontrarse en www.chuynet.com.uy

sábado, 26 de septiembre de 2009

¿Un Barco por la Avenida 18 de Julio?

En la nota anterior publicamos esta fotografía de la apacible Plaza Independencia a fines de los 1880's

La cañonera "General Rivera" fue construida en los Talleres de la Escuela de Artes y Oficios, que estaba entonces en el antiguo edificio del Parque de Artillería, en la Avenida 18 de Julio, entre Tristán Narvaja y Eduardo Acevedo, donde actualmente se alza la Universidad.

Fue terminada de construir en el mes de febrero. Eran sus medidas: 35,5 metros de eslora, 6,65 de manga, 4,30 de puntal y 3,30 de calado, con un desplazamiento de 241 toneladas. Estaba armada con 4 cañones Krupp de 95 milímetros y una ametralladora Nordenfeldt de 25 mm.

Todo un problema logístico a resolver resultó ser el de la botadura, que dejó a la vista la terrible falta de previsión en la que se había incurrido.

Las opciones consideradas fueron: llegar a la Playa Santa Ana bajando por la calle Eduardo Acevedo, o atravesar el Cordón, la Ciudad Nueva y la Vieja a través del eje 18 de Julio – Sarandí para continuar luego por Pérez Castellano.

La playa Santa Ana no ofrecía un botadero seguro, así que a media construcción, se convino que sería necesario atravesar toda la ciudad. Pero sería relativamente sencillo utilizando el tendido de rieles tranviarios.

Estas empresas inmediatamente esgrimieron que los rieles no resistirían, e incluso que el pavimento podría hundirse donde estuviese socavado. Habría que distribuir el peso del buque más que sobre apenas rieles.

Ahora publicamos esta otra fotografía: la apacibilidad de la Plaza Independencia se ve trastocada por un navío, en marzo de 1884.

El barco sería transportado sobre rollizos de madera dura, extendidos sobre dos hileras de durmientes que se apoyarían en las vías, y a tracción humana.

Máximo Santos previó que la botadura se realizase el 1º de marzo, al conmemorarse dos años de su asunción. Sin embargo recién el 9 de marzo el barco estuvo montado para iniciarse su traslado.

Los batallones de la ciudad se encargarían del arrastre. El día 11 se llegó a 18 de Julio y Gaboto, el 12 a Magallanes, el 13 a Minas, el 14 a Tacuarembó... Se avanzaba apenas una cuadra por día... Nunca se había pensado que el trabajo fuese tan engorroso; además, semejante traslado dejó el servicio de tranvías de caballos interrumpido.

Seguramente al ir solucionando las dificultades, se consiguió para el día 18 llegar a hasta la calle Cuareim; el declive hacia la Plaza Independencia logró maravillas y para el 19 se estaba frente a la misma.

La Cañonera Rivera por la calle Sarandí, entre la Plaza Constitución y el Club Uruguay

A lo largo de la calle Sarandi debieron quitarse los arcos de iluminación que atravesaban la calzada. Incluso hubo un instante de breve zozobra, pues la cañonera en el codo de dicha arteria a la altura de la hoy Bartolomé Mitre, quedó apoyada en las edificaciones existentes, con muy escaso margen de maniobra, ya que allí el ancho de la calle se reducía (y aún hoy se reduce) a escasos 7 metros, lo que hacía sólo sobrar centímetros.

Con algunas dificultades se zafó del trance. El pasaje triunfante de la nave frente al esplendoroso Club Uruguay fue motivo de brindis y festejos sociales.

El casco fue finalmente botado mediante la utilización de aparejos en abril de 1884, luego de llegar hasta el Puerto de Montevideo.

Uno de los viajes de instrucción cumplido por la "General Rivera" en 1888, marcó el primer pasaje de un buque de la Marina Uruguaya por el Estrecho de Magallanes.

Tras casi 20 años en servicio, la cañonera sufrió una gran explosión que la inutilizó hundiéndola el 8 de octubre de 1903.

Compilación desde diversas crónicas: L.D.I.

jueves, 24 de septiembre de 2009

La Plaza Independencia y el Monumento a Artigas

Plaza Independencia sobre 1925.

La Plaza Independencia de Montevideo, se apoya sobre el límite entre la Ciudad Vieja, en el inicio del Centro, o lo que en la segunda mitad del siglo XVIII se conoció como Ciudad Nueva.

Fue diseñada en 1837 por el arquitecto Carlo Zucchi, dentro de un plan de ordenamiento para la ampliación de la ciudad, aunque el proyecto, finalmente fue modificado en 1860 por Bernardo Poncini.

La Plaza Independencia, visión hacia 18 de Julio, sobre fines de la década de 1880.

Desde 1896 y hasta 1906, se alzó en su centro la estatua de Joaquín Suárez, emplazada hoy en la plaza de Avda. Agraciada y Avda. Suárez; el trasladado a esa ubicación, en la que Suárez había residido, fue decisión del presidente José Batlle y Ordóñez.

Desde 1882, durante el gobierno de Máximo Santos, una ley aprobó el presupuesto para la erección de un monumento a José Artigas, "fundador de nuestra nacionalidad". La piedra fundamental se colocó el 25 de agosto de 1884, pero el monumento tardó muchísimo en concretarse. En ese mismo año se declara el 23 de setiembre, día de su muerte, fecha de duelo nacional.

Plaza Independencia, vista hacia Sarandí. Aproximadamente 1912.

En 1913 una comisión declaró ganadores del concurso de proyectos al italiano Angelo Zanelli (1879-1942) y al uruguayo Juan Manuel Ferrari, quien fue luego descartado.

El monumento fue inaugurado el 28 de febrero de 1923, de modo coincidente a la finalización del mandato presidencial de Baltasar Brum.

El 19 de junio de 1977, fue inaugurado un mausoleo anexo, en el que actualmente descansan los restos del prócer.

El monumento se alza sobre una base de granito nacional lustrado de color gris. Dicha base se halla atravesada por una banda de bronce de casi dos metros de ancho que lo envuelve el pedestal con imágenes del Éxodo del Pueblo Oriental.

Aunque fue finalmente ensamblada en nuestro país, la escultura fue fundida en bronce en Italia. Alcanza junto al pedestal 17 metros de altura.

Artigas, montado sobre su caballo, se orienta hacia el este, buscando con su mirada a la Estatua de la Libertad, que mira en sentido encontrado.

La estatua de la Libertad, enfrenta miradas desde la Plaza Cagancha a la Independencia con José Artigas (foto de 1868)

Lo rodean en la Plaza treinta y tres palmeras, que se colocaron junto a la instalación del monumento, en recuerdo a los 33 Orientales de la Cruzada Libertadora de 1825.

En los comienzos de la vida independiente de nuestro país, solo habían aparecido muy tímidos reconocimientos hacia Artigas, cuyo accionar en realidad se había dirigido hacia la creación de una gran Liga Federal.

En el año 1836, se vota la ley 122 por la cual le concedieron algunas fracciones de tierra a Artigas, a pedido de su hijo José María. Hubo después algunos intentos para repatriarlo que no dieron resultados. Próximo el fin de la Guerra Grande, el Gral. Oribe, Presidente del Gobierno Sitiador de Montevideo, nominó General Artigas en la Villa de la Unión a la actual Avda. 8 de Octubre.

Artigas falleció en Ibiray, Paraguay, el 23 de setiembre 1850, acompañado sólo por Ansina y algún otro allegado.

Para 1856 El gobierno de Venancio Flores envió en misión a Paraguay al Dr. Estanislao Vega con el fin de repatriar sus restos, lo que terminó ocurriendo bajo el gobierno del Dr. Gabriel Pereyra.

Al llegar al Puerto de Montevideo, un nieto y unas pocas personas más acompañaron el desembarco. La urna de latón quedó en un depósito de la aduana durante 14 meses. Fue llevado luego al Cementerio Central al panteón del presidente Pereyra y unos años más tarde trasladado al Panteón Nacional en el mismo cementerio.

Fue en realidad la necesidad de una imagen icónica no asociada a banderías políticas la que hizo resurgir de a poco el nombre y figura de Artigas.

Para 1884, se crea el Departamento de Artigas, segregado del de Salto, con capital en San Eugenio. El primer billete con su estampa, más precisamente sobre retrato de Juan Marraschino, aparece en 1896, emitido por el Banco República Oriental del Uruguay.

martes, 22 de septiembre de 2009

Estampas del Camino del Indio (4ta. Parte)

Ofrendo este trabajo a mis nietos: Joaquín y Valentina Rocha Izquierdo.

Néstor Rocha.

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Laguna Negra - Panoramio - Foto: Anonedu

LA LAGUNA DE LOS DIFUNTOS.

La Laguna Negra es una de las estampas paisajísticas de singular belleza. Antiguamente fue conocida como “Laguna de los Difuntos” en virtud de que en las cuevas de los cerros del lugar se encontraron esqueletos humanos, afirmándose que se trataba de indígenas acompañados de diversas utilerías de uso doméstico y de caza entre otros elementos.

Laguna Negra - Panoramio - foto: Carlos Brandi

Sus cerros, sierras y montes indígenas fueron lugar propicio para dar cobijo a personas con otros estilos de vidas: matreros como “El Cuba”, Mateo Cabral y otro de apellido Fuentes. Con éstos interactuaban los contrabandistas de cargueros a caballo llevando mercadería brasileña proveniente del Chuy a diversas partes del Este uruguayo; los ecosistemas enumerados fueron ambientes propicios para llevar a término el fin que buscaban.

Este mismo fenómeno se dio frente a este lugar, a la izquierda con orientación a la ruta 14 en el paraje conocido como Cerro Negro. En él vivieron numerosas personas al margen de los convencionalismos sociales dominantes o fuera de la Ley. Entre ellos, Santos Emilio Barboza, “El Brasilero”, que se dedicaba a la elaboración de carbón con la materia prima que le brindaba el monte indígena. En la convivencia directa con la naturaleza se ganó la amistad de diversos animales y por ejemplo, tenía algunos zorros: dos ellos se llamaban Marcelino y Cirilo.

Otra persona de nombre Juan Moreira apodado “El Pulga” ó “El Pulgar”, que aún vive, siendo más joven estuvo al margen de la Ley y se refugió en Cerro Negro oculto por mucho tiempo y subsistiendo con alimentos que proporcionaba el lugar o de pequeños hurtos de carne, galletas, yerba y tabaco en las estancias aledañas hasta que un día fue descubierto por los peones de la estancia Santa Ana. En su permanencia en Cerro Negro además de las incursiones por los establecimientos rurales se dedicaba a hacer figuras humanas o muñecos con tierra arcillosa o greda. Actualmente es peón de campo y aún permanece conchabado en distintos establecimientos rurales de la zona; es común verlo transitar a pie por el Camino del Indio.

LA PORTERA NEGRA.

En la intersección de las rutas 16 y 13 existió un núcleo poblado integrado por vecinos de la comunidad negra que superaba la treintena de familias y fue conocida como “La Portera Negra”. Dicha denominación no fue consecuencia de los vecinos asentados en el lugar, sino de una portera de grandes dimensiones pintada de bleque de la Estancia El Cerro y por la que se accedía antes de la construcción de la Ruta 16 a los parajes Peñón del Sauce, Los Ajos, Potrero Grande y Bañados Los Indios...

Este pueblito aportó a las estancias de la región peones “pa`todo” y las mujeres además de atender las tareas domésticas se dedicaban al lavado y planchado de ropa de las estancias del lugar. En sus proximidades existió un local de feria ganadera conocido como “La Feria del Ocho” y los troperos tenían como punto de reunión y distracción este vecindario.

Existieron en su oportunidad hasta tres almacenes y uno de ellos tuvo teléfono: precisamente el almacén San Cono de Marcos D`Onollo que actualmente es una tapera, único y mudo testimonio de aquella población de negros.

LOS ÚLTIMOS PARAÍSOS.

Casa Ambiental con la ONG Profauna efectuó un taller de video que utilizó como escenario y argumento básico imágenes de los ecosistemas del Camino del Indio; los protagonistas de este desafío fueron los jóvenes de Casa Ambiental. La temática seleccionada para la realización del film fue la introducción de especies exóticas y sus consecuencias en el medio ambiente.

Con ingredientes de aventura y amor en una escenografía natural y con el asesoramiento técnico especializado, se logró el cortometraje titulado “Los Últimos Paraísos”, estrenado en la Sala de Cine “2 de Mayo”.

EL RESCATE DE CAIFÁS.

El capataz de la estancia La Laguna Negra Rubén Iroldi Escobar era propietario de un perro de nombre Caifás. Un día, y como es costumbre diaria en los establecimientos rurales, salieron a cumplir diversas tareas. Iroldi partió con su Caifás y dos perros mas llamados Tarascón y Trabuco rumbo a la laguna; hacía tiempo que se les cruzaba un zorro que pifiaba a los perros y éstos le habían tomado encono porque no le podían dar alcance. Lo persiguieron hasta las sierras y el zorro se metió en una de las cuevas allí existentes y Caifás por ser más delgado de cuerpo se metió a capturarlo y quedó atrapado.

Ante esta situación, el 24 de septiembre de 1957, con total apoyo del propietario del establecimiento rural, se resolvió rescatar el perro atascado entre las piedras empleando punzones, picos y marrones pero no se logró el objetivo. El patrón como buen tozudo resolvió pedir apoyo al Batallón de Infantería Nº 12 de la ciudad de Rocha para recuperar el perro, gestión que se logró trabajando con barrenos hasta remover las piedras.

Luego de varios días de labor se recuperó con vida a Caifás. Durante la operación de rescate se contó con el apoyo del médico veterinario Dr. Milton Almandós.

Este gesto motivó que la Sociedad Protectora de Animales fuera hasta la estancia La Laguna Negra para la entrega de medallas y una placa de reconocimiento por la labor desarrollada en el rescate luciendo el siguiente texto: “AUPA en reconocimiento de quienes en noble gesto rescataron a un perro fiel: Caifás”.

Pero Caifás estaba marcado por la tragedia. Un día de los tantos acompañó a la peonada que fueron a desarmar un corral de cerdos ubicado en un lugar donde proliferaban víboras y una crucera le picó en el hocico por andar husmeando en el lugar. Nuevamente se luchó por su vida pero fue infructuoso y resultó imposible salvarlo.

Al respecto existe un romance compuesto por el peón de la estancia Oroniel Santurio del cual extraemos una parte de su composición:

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No importa lo que gastaron
Esta es la hazaña cumplida,
Del personal de una estancia
Que supieron con prestancia
Poner a salvo una vida,
No importa los cinco días
De trabajo realizado,
Ellos solo habían ansiado
Salvar a su amigo fiel
Como si hubieran soñado.

Para todo el personal
Y para el joven estanciero,
Les brindo el verso campero
Con un saludo cordial,
Al capataz igual
Que han hecho de la bondad,
Toda la felicidad
Al destruir un gran cerro
Y salvar un gran perro
De diez años de edad.
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EL COMANDO REVOLUCIONARIO.

Bañado Los Indios, sobre ruta 14 - Panoramio - Foto: Carlos Brandi

La Estancia La Blanqueada es el centro de diversas historias tejidas a lo largo de su extensa vida. Cuentan que en el año 1925, un comando revolucionario del Partido Libertador del Estado de Río Grande del Sur estuvo asentado por muy poco tiempo donde recibió un importante armamento proveniente de la capital de nuestro país.

El Dr. Amaranto Paiva Coutinho, titular de la estancia y médico de Santa Victoria Do Palmar, era integrante del Partido Libertador enfrentado al gobernador riograndense Borges Mederos. Este gobernante era considerado un déspota autoritario, rodeado por personas que estaban por encima de la ley y herederos de la filosofía de gobierno de mano dura de Julio Castilhos en Río Grande del Sur: eran los tiempos del gobierno de Getulio Vargas.

El Jefe del comando revolucionario brasileño era el Coronel Adalberto Correa quien cultivaba las mismas ideas que el Dr. Amaranto Paiva pero con perfiles personales diametralmente opuestos. Los revolucionarios se habían ubicado en uno de los montes de la estancia rumbo a la laguna, y en un lugar conocido como “Los Aguaíses”, recibieron el armamento esperado, acomodado en grandes cajones de máquinas de esquilar de marca alemana, que fue depositado en el almacén, ferretería y acopios de frutos del país de Simón Otero para de allí ser transportado hasta la estancia.

Cuando estaban realizando los preparativos del traslado de las armas al Brasil, todo aquel que llegara al establecimiento rural quedaba detenido. Cuentan que ese día “Ramireya” -un peón rural- salió de la estancia Corral de Palma para La Blanqueada y cuando llegó le salieron al paso cuatro brasileños que lo retuvieron; con mansedumbre campesina “Ramireya” empezó a desensillar su caballo frente a la atenta mirada de sus secuestradores. Caminó lentamente, sin apuro, abrió la portera del potrero para soltar su caballo e imprevistamente montó en pelo y se les fugó ganándose a las sierras de los Correa; allí abandonó su caballo agotado y llegó a pie a Castillos donde efectuó la denuncia en la comisaría.

Los campos del bañado Los Indios eran propiedad de la sociedad Yaguna (o Llaguna) y Terra (Gabriel Terra, presidente de la República de 1931 a 1938) y en este lugar estaba el puestero Claudio Rocha apodado “El Capincho” quien se encargó de cruzar el armamento por ser un conocedor de la zona.

Cuando el comando estaba acampado a la orilla del bañado para cruzar al otro lado llegó un comisario de apellido Cáceres o Cásales con cinco policías y entabló diálogo con Adalberto Correa para que depusiera de su actitud y se entregara. Éste tomó una metralleta y expresó: “yo no vengo a hacer lío acá en el Uruguay pero en un minuto barro con ustedes”.

El comisario ante esta situación dio vuelta con sus subalternos y avisó al destacamento de batallón que había en San Miguel. En tanto ocurría esto, los revolucionarios ya habían cruzado el bañado y en las proximidades de la comisaría del antiguo pueblo Gervasio y el Camino a la Higuera se produjo el enfrentamiento. Hubieron solamente heridos y uno de ellos fue el Coronel Adalberto Correa, que no quiso que el Dr. Álvarez Caimí lo anestesiara por miedo a que lo mataran. Allí concluyó la aventura revolucionaria de Correa.

ARTE RUPESTRE.

Sobre ruta 14, próximo al acceso a Potrero Grande existe una zona rocosa, lugar inmejorable para dominar una vasta región dando la sensación de un espacio infinito ante sí.

Este sitio no hace mucho tiempo llamó la atención a los lugareños y luego a los investigadores por determinadas formas grabadas en las piedras. Profesionales de la Universidad realizaron investigaciones al respecto dado que existen testimonios claros de identificación de los estudios realizados en lo que se supone que se trata de arte rupestre de alguna comunidad indígena que viviera en el lugar. Es un total misterio el significado de esos símbolos y la difusión que se ha dado de ella es prácticamente nula, al menos para el ciudadano común.

NÉSTOR ROCHA

puntoazul@adinet.com.uy Mi Uruguay y Luis Daniel Ibarrola agradecen este invalorable aporte testimonial y absolutamente desinteresado a Néstor Rocha, periodista independiente, más de cuyas notas pueden encontrarse en www.chuynet.com.uy

sábado, 19 de septiembre de 2009

¿Árbol o no?: El Ombú

Ombú en Barrancas de Belgrano, Buenos Aires. Un buen ejemplo (hay muchos) en el que no se puede identificar un tronco principal

El ombú o bellasombra (Phytolacca dioica) es una planta arborescente nativa de las Pampas argentinas y uruguayas. Pese a su tronco grueso y su gran porte (alcanza una altura de 10 a 15 m, con una amplia copa y grandes raíces visibles) es discutido si es un árbol, un arbusto o una hierba. Si tratamos de aplicarle al ombú la definición tradicional (“el árbol tiene tronco”), entonces es un árbol, o a lo sumo un arbusto. Pero no tiene madera dura sino hojaldrosa, y pertenece a un grupo de plantas herbáceas; entonces, botánicamente, es una “hierba gigante”. El peso específico de su madera es de apenas 374 gramos por litro. Una característica propia del ombú son los ejemplares con multiplicidad de brazos desde su misma base, no siendo extraños los ejemplares con más de una docena de los mismos. Otra característica es su extensa longevidad, más allá de que se hace difícil precisar su edad pues carece de anillos.

Floración

Dependiendo de la latitud o de la rigurosidad del invierno, puede llegar a perder todo su follaje. Se renueva en primavera, florece desde noviembre y fructifica desde el verano al otoño.

Fructificación

De madera esponjosa y blanda, contiene grandes cantidades de agua, lo que le permite sobrevivir en el entorno de escasas lluvias de la pampa seca. Se adapta bien a las costas, y se multiplica con buenos resultados mediante semillas en tierras arenosas y algo húmedas. Crece rápidamente, y es inmune a buena parte de los insectos que predan las hojas de la flora pampeana gracias a su savia tóxica; se dice que también ahuyenta de su alrededor a muchos de ellos. Su nombre es una voz guaraní que significa sombra o bulto oscuro. Las hojas del ombú son de forma elíptica y buen tamaño, hasta 20 cm de largo, de color verde oscuro brillante (más claro en el revés). Aparecen alternas, al cabo de un pecíolo de escasa longitud. Las flores son dioicas, y aparecen en racimos terminales de color blanquecino. Su fruto es una baya de color amarillento, pardo claro en la madurez, que contiene semillas ovoides de unos 3 mm de largo y color negro brillante. Es autóctono de Uruguay, Argentina y el sur de Brasil. Generalmente se desarrollan como especímenes aislados, aunque algunas veces se han encontrado agrupaciones importantes de esta especie, como en la llamada “Isla de Ombúes” del Cerro Arequita, Lavalleja y el “Bosque de ombúes”, sito en Rocha, a orillas de la laguna de Castillos, el cual es único en el mundo por su tamaño (extendiéndose por una franja de 20 km). Aunque es difícil precisar una longevidad, se estima que hay allí presentes ejemplares de más de 500 años.

¿Alguien puede aportarnos la edad real de este ejemplar en Bulevar España y Luis de la Torre que de niños tantas veces trepamos?

Hoy día hay pocos ejemplares silvestres. Es fácil encontrar referencias al ombú dentro del folclore rioplatense y en la tradición gauchesca. Su amplia copa servía de sombra a los viajeros durante las horas de sol más intenso, ganándole el mote de amigo del gaucho y su reiterada presencia en la poesía gauchesca. Pese a que su gran tamaño no parece condecirlo, sus características lo hacen apto para los principiantes de la técnica de bonsái.

Compilación: Eledeí

jueves, 17 de septiembre de 2009

Montevideo, 1925: Albert Einstein y Carlos Vaz Ferreira

Carlos Vaz Ferreira y Albert Einstein, "filosofando" en un banco de la Plaza Artola, hoy "de los Treinta y Tres"

El 14 de marzo de 1925, Albert Einstein, camino a Buenos Aires tocaría puerto en Montevideo. Pero no sería sino hasta el 24 de abril cuando regresaría y pasaría una semana en nuestro país.

A su llegada, a las 7 de la mañana, descendió en el puerto acompañado por el ingeniero uruguayo Amadeo Geille Castro. Declinó de modo amable a la invitación oficial de alojarse en el Parque Hotel y se hospedó en la residencia de la familia Naum Rossenblatt, de origen ruso-judío, domiciliada entonces en 18 de Julio 1515.

“En el Uruguay encontré una cordialidad auténtica como pocas veces en mi vida. Encontré ahí amor a la tierra propia, sin el menor delirio de grandeza” narra Einstein en su diario.

Asentó allí también que el Decano de la Facultad de Ingeniería, el Ing. Carlos María Maggiolo que “era una persona muy cordial, fina, callada y vuelta hacia dentro, nada americano”

El Ing. Armando Geille Castro en tanto, había sido designado secretario del ilustre visitante por el Rector de la Universidad, el Dr. Elías Regules. Había llevado a cabo ocho conferencias sobre la Teoría de la Relatividad (lanzada en 1923), con la escasísima bibliografía disponible por entonces. Incluso venía de permanecer con Einstein en Buenos Aires durante un mes y lo acompañó en el vapor de la carrera hasta Montevideo.
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Einstein se reunió con nuestro mayor librepensador agnóstico, Carlos Vaz Ferreira en la Plaza Artola, hoy “de los Treinta y Tres”, el día de su llegada. Un cronista de El País taquigrafiaba (seguramente absorto en su escucha) lo que al día siguiente sería publicado:

AE: - "Mi concepto del universo es circunferencial. Partiendo de un punto, la línea parece que se aleja de él, pero en realidad a él se acerca y en él termina. Quiero decir que lo que se aleja, se acerca y lo que se va, viene; que lo que está aquí, está realmente allí, que la luz es sombra; que lo que es, no es..."

CVF: - "No creo tanto pero sí que lo que se aleja puede en realidad estarse acercando; que lo que está aquí, puede en realidad estar allí; que la luz puede ser sombra; que las apariencias engañan, que lo que es, pero puede ser que lo sea y puede ser que no..."

AE: - "Fíjese en la luz del sol..."

CVF: - "Y quién puede afirmar que esa luz es del sol y que el sol es él?"

AE: “Es que seguramente ni el sol es el sol, ni la luz es la luz, ni que la estoy viendo, ni yo soy yo...”

CVF: “Yo no llego a ser tan radical, no afirmo que yo no sea yo, pero digo que es tan posible que no lo fuera o que lo fuera”

AE: “Usted dice que dice, pero por mi teoría, en verdad, no dice nada...” zanjó el hombre que hacía tambalear los cimientos de la Física en el primer cuarto de siglo.

CVF: “Y por la mía, usted puede ser que esté diciendo algo y puede ser que no”, ratificó casi con capricho nuestro autor de “Lógica Viva”.

AE: “¿Hablo con Vaz Ferreira?”

CVF: “Según mi teoría puede ser que sí” -Y retrucó: “Y yo, ¿hablo con Einstein?”

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A la noche del 25 brindó su primera lección académica. Durante sus conferencias, Einstein pidió que ante la menor duda se lo interrumpiera. El 26, paseó a la tardecita junto al Intendente por la Rambla y conoció el Hotel de los Pocitos, construido sobre la playa misma. Luego se le ofreció una ópera, Lohengrin, pero dejó asentado en su diario que “lo divirtió le asignaran un sirviente conmovedor, pero con el que sólo lograba comunicarse solo con ademanes”

El 27 en la tarde visitó juntos al Presidente de la República y al Ministro de Educación, y a continuación hizo lo propio con el cónsul suizo Guyer, quien había sido alumno suyo en Aarau, Suiza.

El 28 a la tarde acudió a una recepción dada por la colonia alemana, a la que –acotó- “Probablemente concurrieron solo los más liberales”.

De noche asistió a un banquete solemne dado por los judíos. Allí estuvo presente también la comisión de la Liga de Naciones para la Inmigración de Refugiados a Causa de la Guerra.

El 29 fue recibido en la Escuela de Ingenieros donde los estudiantes le otorgaron una medalla conmemorativa y llevó adelante su última lección académica. A la noche le fue ofrecida una gran recepción por el embajador alemán, a la que asistieron sólo políticos y científicos uruguayos.

El día 30 fue recibido en la Asociación de Ingenieros. De noche, el gobierno y la universidad lo homenajearon con un gran banquete. Apunta Einstein: “¡Tocaron la Guardia junto al Rin en vez del himno alemán! El embajador alemán y yo nos sonreímos.” La gente conmovedora y sin grandes ceremonias. Pero la cosa no va sin smoking.

De su regreso, el 1º de mayo, Einsten enuncia: “Nadie trabaja y no pueden circular autos. Me llevan en un vehículo de la intendencia al tranvía, y en un vapor del puerto junto con la numerosa comitiva hasta el barco francés “Valdivia”, muy mugriento y pequeño, pero de tripulación amable. Me dan pavor sus excusados, pero se podrán soportar 3 días (hasta Rio de Janeiro). Estoy con los nervios a la miseria. Pero hay que aguantársela.”

Ya a bordo del vapor Valdivia, Einstein escribió que Montevideo fue mucho más humano y agradable que en Buenos Aires, a lo que contribuyeron las dimensiones mucho más reducidas del país y de la ciudad. “Claro, esta gente hace pensar en los suizos y en los holandeses. Modestos y naturales. Que el diablo se lleve a los grandes estados con sus obsesiones. Los dividiría a todos en más pequeños, si tuviera el poder para ello.”

Fuentes: http://www.chasque.net/frontpage/relacion/0008/mundanalia.htm http://www.alberteinstein.info/ http://cinecuentos.blogspot.com/2008/03/einstein-vaz-ferreira.html http://www.montevideanos.com/visitantes.htm http://www.elpais.com.uy/08/10/07/pciuda_374126.asp

martes, 15 de septiembre de 2009

Estampas del Camino del Indio (3ra. Parte)

Ofrendo este trabajo a mis nietos: Joaquín y Valentina Rocha Izquierdo.

Néstor Rocha.

Corral de palmas en medio de los arrozales, a 23kms de El Maturrango Panoramio - Foto de Amgvvvv

LOS CORRALES DE PALMAS.

La región de Castillos tiene la singularidad de poseer numerosos corrales de palmas utilizados en la época colonial bajo el dominio de españoles y portugueses para el manejo del ganado; en el Camino del Indio encontramos varios de ellos.

En los troncos de las palmeras de estos corrales se ven con nitidez un estrangulamiento o estrechamiento y al respecto se manejan algunas hipótesis de este fenómeno: por un lado aseveran que es un traumatismo a consecuencia del trasplante, pero otros lo atribuyen al tiento o guasca de ganado vacuno mojado que unían una palma a otra y que al secarse iba generando una importante opresión sobre el tronco. Esta última versión fue recogida a un vecino de avanzada edad que se lo escuchó a un descendiente indígena asentado en la región.

Corral de Palmas - Panoramio - foto: Final Cut

Se maneja la hipótesis que estos corrales fueron construidas con mano indígena misionera y esclava. Los hay de diversas formas: solamente de palmas, de palmas y piedras, y de palmas y banana silvestre (bromelia fastuosa) Además existieron los de palmas con palo a pique entre cada una de ellas, y obviamente los de piedra exclusivamente.

FENÓMENO BIOLÓGICO:

Palma butiá de múltiples cabezas - Foto: IMM / Jardín Botánico www.montevideo.gub.uy/botánico

La Profesora Adriana Bonfrisco Mancebo, consultada al respecto precisó: “...de acuerdo a los datos extraídos del libro Flora arbórea y arborescente del Uruguay de Atilio Lombardo, la palma butiá tiene un tronco o estípite –los dos nombres son sinónimos- que se eleva entre cuatro y ocho metros. Hojas pinnaticompuestas, son hojas compuesta de hojuelas insertas de uno y otro lado del pecíolo de color ceniciento. La palmera tiene una ramificación monopodial simple y esto significa que tiene una yema –donde está el tejido joven- en el extremo superior del tallo hacia arriba que permite a la vez que éste crezca y la generación de hojas. Cuando las hojas caen, dejan una cicatriz en el pedacito de tallo que originó la yema, dándole un aspecto característico. Si se divide el tallo en dos o tres estípites, cada uno tiene un follaje vulgarmente denominado cabeza; esto es producto de una mutación según la información obtenida en el Departamento de Genética de la Facultad de Agronomía...”

A lo largo del Camino del Indio, en donde transcurre el palmar, es posible detectar palmeras con un único tronco y varias “cabezas”. Existen de uno y otro lado del Camino con desde dos hasta la que hubo de nueve “cabezas”: por ejemplo en la Estancia El Palmar, existió una con nueve a la que actualmente le quedan tres; en el mismo establecimiento existieron otras: una de siete a la que le quedan seis, y otra de seis de las que sobreviven cuatro. Otro ejemplo es en un establecimiento rural ubicado atrás de la Escuela del Paso del Bañado, que posee un ejemplar de cuatro follajes o cabezas.

LA RIQUEZA BIOLÓGICA: Casa Ambiental realizó diversos estudios pormenorizados de la riqueza biológica de la región de influencia de las lagunas Negra y Castillos. El Camino del Indio significó la columna vertebral de las investigaciones de zoólogos, botánicos y ecólogos constatando pistas valiosas para comprender mecanismos y procesos naturales que brindan un conocimiento para planificar políticas productivas y de desarrollo con sentido sustentable.

NÉSTOR ROCHA puntoazul@adinet.com.uy Mi Uruguay agradece este invalorable aporte testimonial y absolutamente desinteresado a Néstor Rocha, periodista independiente, más de cuyas notas pueden encontrarse en www.chuynet.com.uy

sábado, 12 de septiembre de 2009

Las Cascadas del Queguay

Salto del Queguay, márgen derecha - Foto de Tatebirra - Panoramio

Por la ruta 3, 25 kilómetros al norte de la ciudad de Paysandú, a la altura del km. 404, se llega al Puente sobre el Río Queguay, río que por su configuración de vertientes y desembocadura en el Uruguay se puede considerar hermano del Cuareim, del Arapey, del Daimán y del arroyo Negro.

A poco discurrir sus aguas corriente abajo del puente, el salto del Queguay, una caída de pocos metros de altura, interrumpe el caudaloso tránsito de 100 kms. con el que la corriente de agua divide el departamento desde la cuchilla de Haedo hasta su desembocadura en el río Uruguay.

Salto del Queguay, cortando el río de lado a lado - Foto de Dr. Pocho - Panoramio

El Salto del Queguay hace recordar al viejo Salto Grande del Río Uruguay, un “clásico” de la geografía uruguaya que con la construcción de la represa hidroeléctrica binacional, quedo sumergido para siempre bajo las aguas del río que dio nombre a nuestro país.

La cascada se encuentra en el interior de un campo privado, el establecimiento agropecuario Milagro S.A, al que se accede por margen derecho del río, inmediatamente al puente rutero.

Para el ingreso por tierra debe allí solicitarse autorización; el lugar es apto para pasear, pasar el día, pescar y bañarse con prudencia, es necesario advertir de la peligrosidad de esas aguas.

El paisaje destaca, además de por el salto, por la abundancia de fauna autóctona y los montes de galería que bordean el río.

Junto al camino de ingreso un pequeño monolito de mármol recuerda que por allí pasó el Gral. José Artigas en 1811, liderando el Exodo del Pueblo Oriental.

Otra vista del Salto del Queguay, es inevitable para quien conoció Salto Grande del Río Uruguay no recordarlo - Foto de Rauloo - Panoramio

Más abajo, la confluencia del arroyo Queguay chico y el Queguay grande sigue siendo uno de los únicos sitios junto a las quebradas del norte del país, donde todavía puede encontrarse algún lugar donde el monte nunca fue talado, lo que conforma reductos aislados de lo que una vez fuese una selva subtropical.

Si tiene el privilegio de llegar a este sitio, recuerde las reglas básicas: hágalo en grupos pequeños, mantenga la serenidad, cuide el hábitat, no haga fuego, no deje allí nada que haya llevado y como mucho, si hay algo que le gusta demasiado y realmente puede y sabe como cuidarlo, recoja tres o cuatro semillas. Las generaciones próximas agradecerán el cumplimiento de estas premisas.

Texto: Luis Daniel Ibarrola; fotografías seleccionadas de Panoramio.

jueves, 10 de septiembre de 2009

El Pitiayumí

Pitiayumí: de nuestras aves más pequeñitas, una de las más bonitas - foto: fotosaves.com.ar

Una de las aves que cuando nos acostumbramos a mirar entre el follaje de los árboles puede empezar a dejar de pasarnos desapercibida, es el Pitiayumí, o según su nombre científico universal “Parula Pitiayumi”

Su tamaño conspira contra su visibilidad, por lo que a veces es preferible primero intentar escucharlo: tienen de extremo a extremo apenas 10 centímetros y son inquietos.

Su desplazamiento preferente es en los niveles medios y altos del follaje.

Pertenece al género de los arañeros, representado por cinco especies en el Uruguay.

Habita en nuestros montes y se lo cataloga como un ave residente, de presencia común, con presencia en todos los departamentos del país, lo que incluye espacios enjardinados.

Su alimentación es mayormente insectívora, caza pequeños insectos con maniobras casi acrobáticas entre el follaje; pero también se alimenta de pequeños frutos. A veces lo identifica su canto, una serie breve y ascendente de notas agudas que repite esporádicamente.

Pitiayumí utilizando un laurel como pértiga - Foto: fotosaves.com.ar

Los machos pueden llegar a diferenciarse de las hembras por una presencia más marcada del antifaz sobre sus ojos. El dorso de ambos es azul, con una mancha olivácea sobre la espalda. El pecho es amarillo anaranjado, tornándose amarillo a medida que se baja hacia el vientre. Las plumas cobertoras alares poseen pequeñas barras blancas, al igual que las plumas timoneras.

Su nido es una pequeña tacita globular que construye con barba de monte o claveles del aire y pasa desapercibido en el ambiente.

En Uruguay, se reproducen a partir del mes de octubre.

Más información sobre aves uruguayas: “El País de los Pájaros Pintados” de Gabriel Rocha, 3 tomos (ed. Banda Oriental); “Aves del Uruguay” de Adrián B.Azpiroz (ed. Graphis), disponibles en librerías.

martes, 8 de septiembre de 2009

Estampas del Camino del Indio (2da. Parte)

Ofrendo este trabajo a mis nietos: Joaquín y Valentina Rocha Izquierdo.

Néstor Rocha.

Palmares de Rocha - Panoramio - foto de Amgvvv

LA SENDA EN EL PALMAR. A nuestra derecha se extiende un profuso palmar de la especie butiá capitata. Este ecosistema único en el mundo adquiere el nombre según el apellido de los propietarios o de otros elementos de denominación, por ejemplo “El Palmar de las Enviras”. La tradición oral indica que por el 1763 el Virrey Pedro de Cevallos mandó abrir una senda en el palmar –recuérdese que en esas épocas no existían los actuales trazados de rutas- para el traslado del tren de carretas, pertrechos, artillería, utilería y el ejército, con el fin de desalojar a los portugueses quiénes al mando de Tomás Luis de Osorio estaban atrincherados en la fortaleza de Santa Teresa. Al respecto, Orestes Araujo en su Diccionario Geográfico del Uruguay editado en 1900 establece: “...la noticia histórica de que fue el General Cevallos, en su célebre expedición a Río Grande, quien con un gallardo cuerpo de Gastadores y Zapadores, abrió a través de la selva de palmares el camino que aún conduce al Paso del Bañado.”

EL PALMAR DE TIBURCIO. Donde culmina el promontorio del Cerro de los Rocha, a principios del siglo XX, su propietario Don Tiburcio Rocha Rocha dejó un ejemplo difícil de emular en estos tiempos que transcurren: con enorme paciencia recogió las pequeñas palmeras butiá en riesgos de supervivencia de los lugares afectados a diversas tareas del laboreo de la tierra. Las trasplantó y paulatinamente ocupó un predio cuadrangular de una hectárea de extensión y por el resto de su vida las cuidó celosamente. Supo ignorar las ironías de sus vecinos por el trabajo que realizaba y hoy poseemos un tesoro y su ejemplo: el Palmar de Tiburcio. Al respecto, fue un pionero en la preservación de esta especie tan significativa y simbólica para los rochenses y particularmente los castillenses.

EL PASO DEL BAÑADO. El Paso del Bañado, conocido antiguamente como Paso de la Lechiguana, alberga en su baúl de los recuerdos numerosas historias. Existió en este lugar una importante concentración de pobladores con diversos comercios, desde almacén hasta herrería y pistas de carreras de caballos o pencas.

Obrero de la crin forestal - Foto: Néstor Rocha

La principal actividad laboral de estos vecinos fueron diversos rubros de la explotación agropecuaria; luego surgió una fábrica de crin vegetal que se obtenía de las hojas de palma; el pionero según la aseveración de vecinos fue un señor de apellido Dinegri. Luego se instalaron Benigno Sena con su planta de elaboración de fibra Miropalm, “Quico” Rodríguez y Fábrica Uruguaya de Alpargatas. Este hermoso paraje fue escenario de uno de los combates de la guerra civil de 1897, y al respecto recurrimos a una publicación del periódico “El Palmareño” de mayo 1997 de la pluma del Prof. Jesús Perdomo titulado “El combate del Maturrango - La Lechiguana” del cual extraemos el siguiente texto:

“...en el combate de La Lechiguana, en lo más duro del mismo, se peleó en la falda del cerro de este nombre: se enfrentaron dos contingentes nutridos, por lo menos trescientos cincuenta combatientes en cada bando; hubo heridos y muertos, se tomaron prisioneros... un combate en toda regla!”. Mario Ubal Olivera, nieto de una de las sobrinas del Coronel Leonardo Olivera -protagonista junto a otros héroes de la gesta emancipadora del Uruguay- comentó “... la espada que usó Leonardo en la Batalla del Sarandi y en la toma de la Fortaleza de Santa Teresa por el 1825 entre otros combates, fue utilizada por un tío mío llamado Gabino Ubal Olivera en la guerra civil de 1897 y estuvo en la Batalla del Maturrango. Los blancos derrotados y perseguidos se dispersaron. Gabino apremiado y temeroso de que la espada quedara en manos enemigas, la enterró separada de su vaina de suela y de su puntero de bronce en lo más espeso de los pajonales del Paso del Bañado. Lograda la paz de septiembre de 1897 junto a uno de sus hermanos y el negro Avelino Abreu, volvieron a buscar el arma, labor que les llevó un día. Encontraron la espada, pero la vaina nunca más apareció... En 1938 mi familia donó la espada, un trabuco y una foto de Leonardo Olivera al Museo de la Fortaleza de Santa Teresa”. En la Estancia de los Risso, en el galpón de esquila existió un cajón con restos humanos de tres personas que según la tradición oral, perteneció a combatientes de la batalla El Maturrango-La Lechiguana. Varios años después, en las primeras décadas del siglo veinte, fueron llevados en tres coches que arribaron a la estancia luciendo banderas blancas. Los referidos cuerpos pertenecían al Escuadrón San José. La memoria de nuestros mayores sigue aportando datos interesantes sobre la zona de influencia del Camino del Indio: por ejemplo Don Gil Taylor aseveró: “... en la Estancia Del Cerro, en las sierras del potrero El Aguay, que tiempo después fue propiedad de la Caja Notarial en un lugar conocido como La Piedra Hueca, existe una loza larga que pasando a caballo sobre ella retumba como que es hueca. Dicen que debajo hay enterrado, escondido, armamentos de la Guerra Civil del 97, de la gente de Aparicio...”.

NÉSTOR ROCHA - puntoazul@adinet.com.uy Mi Uruguay y Luis Daniel Ibarrola agradecen este invalorable aporte testimonial y absolutamente desinteresado a Néstor Rocha, periodista independiente, más de cuyas notas pueden encontrarse en www.chuynet.com.uy

sábado, 5 de septiembre de 2009

2112 Metros de Señorío: el Puente que Supo Ser el Mayor de Sudamérica

Puente Mauá - Foto Márcia Werlang - Flickr

El Puente Internacional Barón de Mauá es, sobre el río Yaguarón, en la frontera de Brasil y Uruguay, une las ciudades de Rio Branco (anteriormente Villa Artigas) y Jaguarão. Fue construido después de un tratado firmado en el 1918, entre los años 1927 y 1930, toda una marca de eficiencia y velocidad para la época tratándose de una obra de tal envergadura.

Vista desde la costa uruguaya (autor desconocido)

Abierto al tránsito el 30 de diciembre de 1930 e inaugurado formalmente el día 31, el puente denominado Barón de Mauá en homenaje al Barón y luego Vizconde de Mauá, mantiene notoria majestuosidad. Supo ostentar por muchos años el privilegio de ser el más largo de toda América del Sur, con sus 2112 metros de largo total (aunque apenas una pequeña parte discurre sobre el cauce permanente del río) y un sorprendente total de 85 arcos y 2046 pilotes; pero ostenta aún el capricho de las singularidades de su diseño que incluyen del lado uruguayo también una bifurcación "en pleno vuelo"

Barão de Mauá: un puente totalmente diferente a todos los demás. (Wikipedia)

Une ambas ciudades mediante dos enlaces laterales carreteros y uno central ferroviario.La mayor parte de la extensión del puente está ubicada en territorio uruguayo, siendo este el primer puente internacional que tuvo Uruguay.

Dos castilletes gemelos emergen en las costas del río, del lado uruguayo el puente se abre en forma de "Y"

Esta construcción multifuncional, está declarada monumento histórico nacional. Destaca por sus arcos alargados y sus particularísimos castilletes enmarcados cada uno entre cuatro torres coronadas de tejas musleras, destinados a oficinas aduaneras en cada extremo de la obra.

Brasil considera este puente integrando una lista de sus diez de arquitectura más destacada. Años atrás, cuando los ferrocarriles de AFE aún transportaban pasajeros, los convoyes llegaban por allí hasta la ciudad de Yaguarón. Retornaban cargados de gente y bolsos, en una suerte de camino de "quileros" sobre rieles.

Eledeí.-

Basado en amplia compilación y cotejo de fuentes desde internet.

jueves, 3 de septiembre de 2009

El Tornado de Carmelo - 21 de noviembre de 1985

Destrozos en edificaciones y vehículos. (Foto: Javier Osta)

Autor: Fernando Torena

Esta investigación y los relatos del tornado ocurrido el 21 de noviembre de 1985 en la ciudad de Carmelo, departamento de Colonia, ha sido desarrollada y compilada por el Técnico Meteorólogo Fernando Torena.

El material que se comparte con los lectores de la revista “Mi Uruguay”, ha sido incorporado al conocimiento tanto popular como académico, como fruto de los resultados de una investigación científica realizada por el autor de este artículo y el proyecto “Carmelo: desde el rescate de sus refranes y recuerdos colectivos, hacia un cultura de prevención”, que tiene como responsable del mismo a la Sociedad Civil “Amigos del Viento” y fue financiado por los fondos concursables del M.E.C, año 2008/2009.

La investigación comenzó en la Biblioteca Nacional, desde un artículo periodístico del diario “El País”, edición del día 22 de noviembre de 1985, que narraba algunos momentos vividos por los pobladores, así como también sobre los destrozos que había realizado un tornado entre las 14 y 15 horas del día jueves 21 de noviembre del año 1985, en la ciudad de Carmelo, departamento de Colonia.

Este artículo periodístico despertó el interés del autor, ya que él mismo, realiza investigaciones sobre este tipo de fenómenos meteorológicos de carácter extremo o severo, desde hace más de 8 años.

Un nuevo artículo relacionado a este fenómeno se encontró en internet, bajo el título: “El día del tornado” escrito por el Prof. Eraldo Bouvier; al poderse comunicar de forma telefónica con el Sr. Bouvier, se inició la investigación, con la recopilación de todas las circunstancias vividas por los pobladores de Carmelo, incluídas su experiencias de vida.

La investigación llevo casi un año, ultimando detalles, corroborando datos, regionalizando destrozos, recavando nuevos testimonios; las conclusiones del estudio fueron devueltas a la comunidad afectada en el mes de noviembre del año 2007, en un salón muy acogedor del Museo del Carmen, en la ciudad de Carmelo. Allí, especialmente se convocaron a las personas que vivieron tal experiencia en carne propia o bien del relato de vecinos o parientes.

La otra fuente de información del material presentado a continuación, forma parte de los objetivos del proyecto de la Sociedad Civil “Amigos del Viento”, bajo el título mencionado en párrafos anteriores; con el auspicio y respaldo económico del M.E.C, previa aclaración, aquí se presentan unos de los objetivos del proyecto: hacer tangible lo intangible, es decir, escribir estas experiencias vividas por nuestro compatriotas, y que las mismas sirvan de ejemplo para saber que tan vulnerables podemos ser ante lo desconocido (en ese momento para los pobladores de Carmelo) y que medidas preventivas debemos conocer.

Las narraciones de las experiencias fueron recolectadas por los alumnos de Ciclo Básico generación 2008 y 2009, del Liceo Nº1 David Bonjour.

A continuación se presentan las conclusiones de la investigación científica y de algunos de los relatos de los pobladores:

· Con la información proporcionada por los testigos (con un valor incalculable para este trabajo), se pudo concluir que parte de los daños fueron ocasionados por la formación de un tornado esa tarde de primavera.

· Según testigos y por el análisis del material proporcionado de diversas fuentes, tanto meteorológicas como fotográficas, alrededor de las 14h (hora local) del 21 de noviembre de 1985, ocurrió un fenómeno con las características de un tornado, del tipo supercelular (específicamente originado dentro de una mini- supercélula, siendo favorecido el miembro izquierdo de la misma, por lo tanto, podría haber tenido una circulación anticiclónica en superficie).

· Según la nueva nomenclatura utilizada por el NWS (National Weather Service) de los Estados Unidos, el evento puede clasificarse debido a los daños que causó, como un EF1 o EF2 (EF1: 154 a 196 km/h y EF2: 197 a 246 km/h). La situación también pudo estar acompañada por micro o macro descendentes con la clasificación EF1 y pudo haber caído granizo de un diámetro de 1.5 cm.

· El estudio de la situación, sin tener en cuenta a los testigos, bien habría podido explicar los sucesos originados por la supercelula, con su correspondiente tiempo severo; pero no la ocurrencia del tornado.

· Haciendo referencia a un trabajo del Sr E. L. Nascimento, bajo el título “La necesidad de una documentación mejorada de tormentas severas y tornados en Sudamérica” (traducción libre, el trabajo original se encuentra en inglés), se menciona por último la vital importancia que revisten las personas interesadas en dar testimonio de los sucesos que han vivido, o que puedan ser instrumentos de la observación cotidiana de la naturaleza (es decir, preparadas con el conocimiento básico de una observación meteorológica) para materializar una base de datos regional sobre eventos severos.

Foto de la vieja Barraca Iribarren, que en ese momento funcionaba como un estacionamiento. (Foto: Javier Osta)

Los relatos:
“El 21 de noviembre de 1985 era un día como todos. Mi madre estaba trabajando en el taller con mi abuelo, ella le alcanzaba las herramientas, etc. Estaban en un día común y corriente cuando de repente miraron por la ventana y estaba todo oscuro, salieron a ver que estaba pasando y vieron "como papelitos que volaban en el aire lejos y muy altos". Luego de eso, de un momento a otro, vieron como un embudo bajó, estuvo unos instantes abajo y luego subió nuevamente. En ese momento vieron más papelitos que volaban y mi abuelo asustado le dice a mi mamá:
-¡Mirá, no son papelitos! ¡Son chapas! Eran chapas de los techos, lo que volaba en el aire.
Luego de esos minutos, que para mi madre y mi abuelo fueron eternos, el cielo se despejó, quedó claro y empezó a llover. Tomaron el auto y fueron por calle Uruguay, donde más o menos creían que había bajado el tornado, y vieron los destrozos que éste había ocasionado. Luego fueron a casa de mi abuela donde estaban mis hermanos, pues mi padre se había ido a trabajar a Buenos Aires. Cuando entraron en la casa y vieron a mis hermanos y mi abuela sanos y salvos se tranquilizaron muchísimo”. - Juan Manuel Llaguno Jaime (clase del liceo: 3º5)

Vista interior de la barraca Iribarren. (Foto: Javier Osta)

“Una tarde de noviembre del año 1985, la ciudad de Carmelo vivió un fuerte tornado. Este nació en el Río de la Plata a la altura de la desembocadura del Arroyo de las Vacas, aproximadamente a las 3 de la tarde. A medio día, se notaba en el cielo una gran nube negra, que pasando los minutos empezó a tener movimiento: se notaba claramente en el campo que “la nube” giraba.

A la tarde se levantó un fuerte viento, mucha gente intentaba cerrar las ventanas de sus casas, pero el viento casi no permitía lograrlo. En el cielo invadido por “la mancha oscura”, se veían volar cosas: los más ingenuos creían que eran papelitos, pero lo que realmente volaba eran chapas de casas y objetos de gran tamaño.

En las escuelas, le ordenaron a todos los niños que se acostaran en el suelo, el zumbido que provenía de la calle, hacía que los niños se pusiesen mas nerviosos y que cumplieran fácilmente con la tarea recomendada por las maestras. El tornado avanzaba por calle Uruguay, arrasando con todo lo que se interpusiera en su camino.

En la calle General Flores, entre Zorrilla y Uruguay había unos galpones de gran tamaño que fueron completamente destruidos. A la escuela 92, le volaron los techos, con los alumnos dentro.
Luego se dirigió a la calle 19 de Abril donde destruyó unos galpones que se encontraban entre 19 y General Artigas, la ruina de los mismos ocasionaron varios heridos y una muerte. Luego de dejar la ciudad de Carmelo con grandes daños, este intruso siguió por Avenida Artigas hacia el norte y fue desapareciendo” - Catalina Buenahora (clase del liceo: 3º2)

“Fue en del año 85, en horas tempranas de la tarde. Según pescadores y personas que se encontraban en la costa, vieron el inicio de tres remolinos los cuales chocaron y se convirtieron en dos a la altura de “Punta Piedra”. Esto paso sobre el agua, a la cual levantaba.

Los remolinos siguieron hasta la altura del casino, donde tocaron tierra y comenzaron "como a saltar y avanzar". A cada salto avanzaban 100 metros. Los primeros daños fueron en el casino. Luego entró a la ciudad a la altura de la aduana y se desplazo un poco hacia el este avanzando hacia el norte entre las calles Dr. Zorrilla de San Martín, Uruguay y 19 de abril.

En cada lugar que picaba o rebotaba fueron arrancados techos y estructuras. En algunos de esos lugares llego a dañar gente; todo esto se produjo hasta Bulevar Artigas, donde fue el último punto que toco.

El panorama que se vio fue impresionante. En el cielo se veían volar diferentes elementos que parecían papeles, luego se dieron cuenta que eran las chapas de las casas.
El saldo fue muy trágico porque hubieron 2 personas muertas, varios heridos y destrozos materiales”. - Luis Brajús (clase del liceo: 3º2)

Taller mecánico Bombaci. (Foto: Javier Osta)

“En nuestra ciudad, hace 23 años, el día 21 de noviembre; por primera vez nos visitó un gran tornado. Carmelo quedó todo gris lleno de chapas que volaban por el aire, casas totalmente destruidas, autos aplastados y otros a los que levantó y cambió de lugar. Los árboles y cables caídos estaban en la vía pública, pero lo más desesperante fueron la vidas humanas que se llevó.
Lo que se puede destacar de aquel horrible momento es que la gente fue muy solidaria; todos se ayudaron tanto en lo económico como también en lo espiritual. Fue horrible y espero que no vuelva a pasar…” - Berta Carbone (clase del liceo: 3º2)

Según el relato de mi madre, “El 21 de noviembre de 1985 alrededor de las 15 horas me iba a vestir para casarme al llegar a la esquina de Lavalleja y José Pedro Varela; fue tan fuerte el viento, no podía seguir me volví y me resguarde en el techo de una casa fue unos segundos y me dije ¡que paso! Ya paso todo aquel viento tan fuerte. Cuando llegué a la Plaza Artigas veo el movimiento de la gente y el comentario fue que había pasado un tornado. En el Registro Civil era todo un bochinche, al fondo se había caído todo un galpón.”
Según el relato de mi padre, “Estaba en mi casa, armando la torta de mi casamiento y sentimos un fuerte viento y lluvia. Salimos para afuera, miramos hacia el centro de Carmelo: escuchábamos muchos ruidos y vimos volar chapas y tirantes que parecían papelitos. Fueron apenas unos segundos.” Micaela Correa (clase del liceo: 3º3)

“Mi madre cuenta que mi padre vivió ese desastre natural. Él trabajaba en el viejo Sanatorio de Carmelo; todos estaban muy asustados por la gente que ingresaba herida. No comprendían qué sucedía hasta cuando llegó una persona herida, contando que cuando el tornado comenzó en el Arroyo de las Vacas, se formo un gran embudo que arranco de raíz un gran y viejo árbol que estaba en el Rowing Club. Luego ese embudo cruzó el arroyo destruyendo todo a su paso, recorriendo en zig-zag las calles Uruguay, 19 de Abril y Zorrilla.
También recuerda que su prima estaba en sus clases de inglés, cuando sintieron el estruendo de las explosiones de las ventanas: volaron trozos de vidrios y se refugiaron debajo de las mesas. Cuando todo pasó, ella se asomó a la ventana y vio que su moto se encontraba dentro del concesionario Ford.
La Escuela Nº 6 también fue maltratada con sus alumnos dentro. El comercio de Igoa fue destruido en una parte, en frente había un galpón que usaban de cochera y el techo cayó totalmente. Y así fue arrasando varios lugares hasta terminar de golpe en un gran taller que todavía existe, en el que se encontraban personas trabajando. De ellas, un joven muchacho falleció y a otro debieron amputarle sus piernas, tras caerle un auto sobre las mismas. - Luciano Illescas (clase del liceo: 3º5)

Lógicamente es imposible contarles todos los relatos que pudimos obtener de abuelos, padres, madres, vecinos y gente de Carmelo; por intermedio de sus nietos, hijos e hijas. Las experiencias de nuestra gente en momentos muy difíciles donde muchas veces se ponen en juego nuestras vidas, es un material invalorable.
En memoria de las dos personas fallecidas ese día.

Nota: todas las fotos pertenecen al Sr. Javier Osta.
Nota de Mi Uruguay: Fernando Torena posee tres sitios web sobre meteorología que pueden ser consultados desde los enlaces a la derecha de nuestra columna central, ellos son: "Tornados en el Uruguay", "Revista Alerta Temprana" y "Estudio de Tormentas en Uruguay"
Mi Uruguay agradece a Fernando Torena por el material que nos preparó e hizo llegar.

martes, 1 de septiembre de 2009

Estampas del Camino del Indio (1ra. Parte)

Ofrendo este trabajo a mis nietos: Joaquín y Valentina Rocha Izquierdo.

Néstor Rocha.
INTRODUCCIÓN:

Camino Del Indio, Ruta 14 - Panoramio - foto: AlejandroT

Reiteradamente se enumeran los dones que la naturaleza brindó al territorio del Departamento de Rocha. Es un conjunto heterogéneo de paisajes: el océano con su costa y sus dunas, las Lagunas con sus variados ambientes y disímiles entre si, las sierras, los humedales o bañados de diversas características, el palmar butiá único en el mundo como también lo es el monte de ombúes entre otros componentes de la geografía de Rocha. A lo reseñado precedentemente hay que asociar las riquezas de otros elementos de la flora que implícitamente va acompañado de una extensa y diversificada fauna. No queda al margen de este contexto el factor humano que interactúa en esta obra “pictórica natural” dando una identidad propia incluso en su expresión idiomática. Rocha posee profundas y ricas raíces aún para descubrir, quizás a través de otros senderos; aprender a recorrer este territorio de una manera distinta y en ese transitar surgirán elementos, vivencias y matices de vida sorprendentes. El Profesor Humberto Ochoa Sayanes con el siguiente aforismo nos realiza una invitación o sugiere un camino: “La vida canta, a diario, con millones de voces, audibles e inaudibles, en trinos de aves, en rumor de agua, en suaves aleteos de mariposas, en palpitar de estrellas... Basta con dirigir la sensibilidad a estas manifestaciones para percibir su música y comprender su magnificencia... Cuando se lleva el alma dispuesta es fácil entender los mensajes del silencio”.

EL CAMINO DEL INDIO: Nombre que suena a una invitación de aventura, obviamente que sí, con andanzas distintas conduciéndonos a nuevos destinos siendo caminantes con capacidad de asociar una serie de contextos de vida y componentes físicos que brinda la naturaleza. De esta manera comprenderemos valorar y potencializar estos recursos para futuras generaciones. Marcando un punto de partida, el Camino del Indio o a Los Indios –como antiguamente se le denominaba- nace en la ciudad de Castillos y por ella surgirán diversas estampas a lo largo de su extensión. Este trayecto comprende las rutas 16 hasta el entronque con la 14, a la altura del Destacamento Policial Los Indios, luego por la 14 hasta arribar a la ruta 9 próximo al Balneario La Coronilla, precisamente en el trébol donde se emplaza el Resguardo de Aduana homónimo al balneario.

EL ANTIGUO CAMINO: Antes de que se construyera el Camino (hoy Rutas 16 y 14) se accedía a esos parajes por el Camino de las Sierras ó de Las Estancias, que desde Castillos tenía como punto de partida el Matadero o Abasto Municipal, continuando luego por la Cueva del Tigre prolongándose hasta llegar a la Punta de las Sierras, La Blanqueada, Peñón del Sauce, el Paraje Los Indios y otros. A lo largo de este trayecto se unían diversos caminos vecinales. Para transitar estos senderos era necesario abrir un sinnúmero de porteras, vadear bañados, arroyos, otros cursos de aguas menores y superar escabrosas sierras a ejemplo de otras vallas naturales.

INCIANDO EL VIAJE: A dos kilómetros de Castillos, en la loma del primer gran repecho, el Camino utilizó el predio de un corral de piedras de grandes dimensiones que estaba ubicado en los campos de Elciria Rocha de Rocha ó Da Rocha de Da Rocha que era acompañado por otro, pero de tunas de gran porte. Este corral de piedras, según descendientes de la referida propietaria fue construido por mano esclava e indígena. Era común que se realizaran periódicamente en él diversas actividades religiosas como ser: misas campales, casamientos, bautismos y confirmaciones. Además, en el domicilio de doña Elciria se dictaban clases de catecismo. Prosiguiendo este imaginario viaje nos encontramos con numerosos y variados escenarios paisajísticos que abrigan historias silenciosas de cuantiosas vivencias humanas. Hoy, algunas de ellas afloran al conocimiento público a través de la tradición oral como la crónica relatada anteriormente.

LA CUEVA DEL TIGRE. A nuestra izquierda luce gallardo el Cerro de los Rocha con su parte más prominente: La Cueva del Tigre.

Según la leyenda dice, un negro esclavo de nombre Joaquín, apodado “Barbate” y “propiedad” de Joaquín Sipriano Da Rocha, aceptó el desafío de matar al tigre o más bien yaguareté y para ello utilizó un gran facón mientras que en el otro brazo se envolvió un poncho grueso de paño. De esta manera se enfrentó al felino y tras una encarnizada lucha, ultimó al último yaguareté de la zona según la crónica recogida. Este lugar es una inmejorable atalaya para disfrutar y deleitarse a pleno de las bellezas naturales que conforman un interesante panorama de la región de Castillos. Este paisaje también fue escenario de otras actividades religiosas en la misma época que la narrada anteriormente y consistía en encender grandes hogueras en las noches de San Juan, San Antonio y San Pedro en las partes más altas del entorno de la Cueva del Tigre reuniendo a todos los vecinos del lugar.

LA SENDA EN EL PALMAR.

Palmares de Rocha - Panoramio - foto de Amgvvv

A nuestra derecha se extiende un profuso palmar de la especie butiá capitata. Este ecosistema único en el mundo adquiere el nombre según el apellido de los propietarios o de otros elementos de denominación, por ejemplo “El Palmar de las Enviras”. La tradición oral indica que por el 1763 el Virrey Pedro de Cevallos mandó abrir una senda en el palmar –recuérdese que en esas épocas no existían los actuales trazados de rutas- para el traslado del tren de carretas, pertrechos, artillería, utilería y el ejército, con el fin de desalojar a los portugueses quiénes al mando de Tomás Luis de Osorio estaban atrincherados en la fortaleza de Santa Teresa. Al respecto, Orestes Araujo en su Diccionario Geográfico del Uruguay editado en 1900 establece: “...la noticia histórica de que fue el General Cevallos, en su célebre expedición a Río Grande, quien con un gallardo cuerpo de Gastadores y Zapadores, abrió a través de la selva de palmares el camino que aún conduce al Paso del Bañado.”

EL PALMAR DE TIBURCIO. Donde culmina el promontorio del Cerro de los Rocha, a principios del siglo XX, su propietario Don Tiburcio Rocha Rocha dejó un ejemplo difícil de emular en estos tiempos que transcurren: con enorme paciencia recogió las pequeñas palmeras butiá en riesgos de supervivencia de los lugares afectados a diversas tareas del laboreo de la tierra. Las trasplantó y paulatinamente ocupó un predio cuadrangular de una hectárea de extensión y por el resto de su vida las cuidó celosamente. Supo ignorar las ironías de sus vecinos por el trabajo que realizaba y hoy poseemos un tesoro y su ejemplo: el Palmar de Tiburcio. Al respecto, fue un pionero en la preservación de esta especie tan significativa y simbólica para los rochenses y particularmente los castillenses.

EL PASO DEL BAÑADO.

Obrero de la crin forestal - Foto: Néstor Rocha

El Paso del Bañado, conocido antiguamente como Paso de la Lechiguana, alberga en su baúl de los recuerdos numerosas historias. Existió en este lugar una importante concentración de pobladores con diversos comercios, desde almacén hasta herrería y pistas de carreras de caballos o pencas.

La principal actividad laboral de estos vecinos fueron diversos rubros de la explotación agropecuaria; luego surgió una fábrica de crin vegetal que se obtenía de las hojas de palma; el pionero según la aseveración de vecinos fue un señor de apellido Dinegri. Luego se instalaron Benigno Sena con su planta de elaboración de fibra Miropalm, “Quico” Rodríguez y Fábrica Uruguaya de Alpargatas. Este hermoso paraje fue escenario de uno de los combates de la guerra civil de 1897, y al respecto recurrimos a una publicación del periódico “El Palmareño” de mayo 1997 de la pluma del Prof. Jesús Perdomo titulado “El combate del Maturrango - La Lechiguana” del cual extraemos el siguiente texto:

“...en el combate de La Lechiguana, en lo más duro del mismo, se peleó en la falda del cerro de este nombre: se enfrentaron dos contingentes nutridos, por lo menos trescientos cincuenta combatientes en cada bando; hubo heridos y muertos, se tomaron prisioneros... un combate en toda regla!”. Mario Ubal Olivera, nieto de una de las sobrinas del Coronel Leonardo Olivera -protagonista junto a otros héroes de la gesta emancipadora del Uruguay- comentó “... la espada que usó Leonardo en la Batalla del Sarandi y en la toma de la Fortaleza de Santa Teresa por el 1825 entre otros combates, fue utilizada por un tío mío llamado Gabino Ubal Olivera en la guerra civil de 1897 y estuvo en la Batalla del Maturrango. Los blancos derrotados y perseguidos se dispersaron. Gabino apremiado y temeroso de que la espada quedara en manos enemigas, la enterró separada de su vaina de suela y de su puntero de bronce en lo más espeso de los pajonales del Paso del Bañado. Lograda la paz de septiembre de 1897 junto a uno de sus hermanos y el negro Avelino Abreu, volvieron a buscar el arma, labor que les llevó un día. Encontraron la espada, pero la vaina nunca más apareció... En 1938 mi familia donó la espada, un trabuco y una foto de Leonardo Olivera al Museo de la Fortaleza de Santa Teresa”. En la Estancia de los Risso, en el galpón de esquila existió un cajón con restos humanos de tres personas que según la tradición oral, perteneció a combatientes de la batalla El Maturrango-La Lechiguana. Varios años después, en las primeras décadas del siglo veinte, fueron llevados en tres coches que arribaron a la estancia luciendo banderas blancas. Los referidos cuerpos pertenecían al Escuadrón San José. La memoria de nuestros mayores sigue aportando datos interesantes sobre la zona de influencia del Camino del Indio: por ejemplo Don Gil Taylor aseveró: “... en la Estancia Del Cerro, en las sierras del potrero El Aguay, que tiempo después fue propiedad de la Caja Notarial en un lugar conocido como La Piedra Hueca, existe una loza larga que pasando a caballo sobre ella retumba como que es hueca. Dicen que debajo hay enterrado, escondido, armamentos de la Guerra Civil del 97, de la gente de Aparicio...”.

LOS CORRALES DE PALMAS.

Corral de palmas en medio de los arrozales, a 23kms de El Maturrango -Panoramio -Foto de Amgvvvv

La región de Castillos tiene la singularidad de poseer numerosos corrales de palmas utilizados en la época colonial bajo el dominio de españoles y portugueses para el manejo del ganado; en el Camino del Indio encontramos varios de ellos.

En los troncos de las palmeras de estos corrales se ven con nitidez un estrangulamiento o estrechamiento y al respecto se manejan algunas hipótesis de este fenómeno: por un lado aseveran que es un traumatismo a consecuencia del trasplante, pero otros lo atribuyen al tiento o guasca de ganado vacuno mojado que unían una palma a otra y que al secarse iba generando una importante opresión sobre el tronco. Esta última versión fue recogida a un vecino de avanzada edad que se lo escuchó a un descendiente indígena asentado en la región.

Corral de Palmas - Panoramio - foto: Final Cut

Se maneja la hipótesis que estos corrales fueron construidas con mano indígena misionera y esclava. Los hay de diversas formas: solamente de palmas, de palmas y piedras, y de palmas y banana silvestre (bromelia fastuosa) Además existieron los de palmas con palo a pique entre cada una de ellas, y obviamente los de piedra exclusivamente.

FENÓMENO BIOLÓGICO:

Palma butiá de múltiples cabezas - Foto: IMM / Jardín Botánico www.montevideo.gub.uy/botánico

La Profesora Adriana Bonfrisco Mancebo, consultada al respecto precisó: “...de acuerdo a los datos extraídos del libro Flora arbórea y arborescente del Uruguay de Atilio Lombardo, la palma butiá tiene un tronco o estípite –los dos nombres son sinónimos- que se eleva entre cuatro y ocho metros. Hojas pinnaticompuestas, son hojas compuesta de hojuelas insertas de uno y otro lado del pecíolo de color ceniciento. La palmera tiene una ramificación monopodial simple y esto significa que tiene una yema –donde está el tejido joven- en el extremo superior del tallo hacia arriba que permite a la vez que éste crezca y la generación de hojas. Cuando las hojas caen, dejan una cicatriz en el pedacito de tallo que originó la yema, dándole un aspecto característico. Si se divide el tallo en dos o tres estípites, cada uno tiene un follaje vulgarmente denominado cabeza; esto es producto de una mutación según la información obtenida en el Departamento de Genética de la Facultad de Agronomía...”

A lo largo del Camino del Indio, en donde transcurre el palmar, es posible detectar palmeras con un único tronco y varias “cabezas”. Existen de uno y otro lado del Camino con desde dos hasta la que hubo de nueve “cabezas”: por ejemplo en la Estancia El Palmar, existió una con nueve a la que actualmente le quedan tres; en el mismo establecimiento existieron otras: una de siete a la que le quedan seis, y otra de seis de las que sobreviven cuatro. Otro ejemplo es en un establecimiento rural ubicado atrás de la Escuela del Paso del Bañado, que posee un ejemplar de cuatro follajes o cabezas.

LA RIQUEZA BIOLÓGICA: Casa Ambiental realizó diversos estudios pormenorizados de la riqueza biológica de la región de influencia de las lagunas Negra y Castillos. El Camino del Indio significó la columna vertebral de las investigaciones de zoólogos, botánicos y ecólogos constatando pistas valiosas para comprender mecanismos y procesos naturales que brindan un conocimiento para planificar políticas productivas y de desarrollo con sentido sustentable.

LA LAGUNA DE LOS DIFUNTOS.

Laguna Negra - Panoramio - Foto: Anonedu

La Laguna Negra es una de las estampas paisajísticas de singular belleza. Antiguamente fue conocida como “Laguna de los Difuntos” en virtud de que en las cuevas de los cerros del lugar se encontraron esqueletos humanos, afirmándose que se trataba de indígenas acompañados de diversas utilerías de uso doméstico y de caza entre otros elementos.

Laguna Negra - Panoramio - foto: Carlos Brandi

Sus cerros, sierras y montes indígenas fueron lugar propicio para dar cobijo a personas con otros estilos de vidas: matreros como “El Cuba”, Mateo Cabral y otro de apellido Fuentes. Con éstos interactuaban los contrabandistas de cargueros a caballo llevando mercadería brasileña proveniente del Chuy a diversas partes del Este uruguayo; los ecosistemas enumerados fueron ambientes propicios para llevar a término el fin que buscaban.

Este mismo fenómeno se dio frente a este lugar, a la izquierda con orientación a la ruta 14 en el paraje conocido como Cerro Negro. En él vivieron numerosas personas al margen de los convencionalismos sociales dominantes o fuera de la Ley. Entre ellos, Santos Emilio Barboza, “El Brasilero”, que se dedicaba a la elaboración de carbón con la materia prima que le brindaba el monte indígena. En la convivencia directa con la naturaleza se ganó la amistad de diversos animales y por ejemplo, tenía algunos zorros: dos ellos se llamaban Marcelino y Cirilo. Otra persona de nombre Juan Moreira apodado “El Pulga” ó “El Pulgar”, que aún vive, siendo más joven estuvo al margen de la Ley y se refugió en Cerro Negro oculto por mucho tiempo y subsistiendo con alimentos que proporcionaba el lugar o de pequeños hurtos de carne, galletas, yerba y tabaco en las estancias aledañas hasta que un día fue descubierto por los peones de la estancia Santa Ana. En su permanencia en Cerro Negro además de las incursiones por los establecimientos rurales se dedicaba a hacer figuras humanas o muñecos con tierra arcillosa o greda. Actualmente es peón de campo y aún permanece conchabado en distintos establecimientos rurales de la zona; es común verlo transitar a pie por el Camino del Indio.

LA PORTERA NEGRA. En la intersección de las rutas 16 y 13 existió un núcleo poblado integrado por vecinos de la comunidad negra que superaba la treintena de familias y fue conocida como “La Portera Negra”. Dicha denominación no fue consecuencia de los vecinos asentados en el lugar, sino de una portera de grandes dimensiones pintada de bleque de la Estancia El Cerro y por la que se accedía antes de la construcción de la Ruta 16 a los parajes Peñón del Sauce, Los Ajos, Potrero Grande y Bañados Los Indios... Este pueblito aportó a las estancias de la región peones “pa`todo” y las mujeres además de atender las tareas domésticas se dedicaban al lavado y planchado de ropa de las estancias del lugar. En sus proximidades existió un local de feria ganadera conocido como “La Feria del Ocho” y los troperos tenían como punto de reunión y distracción este vecindario. Existieron en su oportunidad hasta tres almacenes y uno de ellos tuvo teléfono: precisamente el almacén San Cono de Marcos D`Onollo que actualmente es una tapera, único y mudo testimonio de aquella población de negros.

LOS ÚLTIMOS PARAÍSOS. Casa Ambiental con la ONG Profauna efectuó un taller de video que utilizó como escenario y argumento básico imágenes de los ecosistemas del Camino del Indio; los protagonistas de este desafío fueron los jóvenes de Casa Ambiental. La temática seleccionada para la realización del film fue la introducción de especies exóticas y sus consecuencias en el medio ambiente. Con ingredientes de aventura y amor en una escenografía natural y con el asesoramiento técnico especializado, se logró el cortometraje titulado “Los Últimos Paraísos”, estrenado en la Sala de Cine “2 de Mayo”.

EL RESCATE DE CAIFÁS. El capataz de la estancia La Laguna Negra Rubén Iroldi Escobar era propietario de un perro de nombre Caifás. Un día, y como es costumbre diaria en los establecimientos rurales, salieron a cumplir diversas tareas. Iroldi partió con su Caifás y dos perros mas llamados Tarascón y Trabuco rumbo a la laguna; hacía tiempo que se les cruzaba un zorro que pifiaba a los perros y éstos le habían tomado encono porque no le podían dar alcance. Lo persiguieron hasta las sierras y el zorro se metió en una de las cuevas allí existentes y Caifás por ser más delgado de cuerpo se metió a capturarlo y quedó atrapado. Ante esta situación, el 24 de septiembre de 1957, con total apoyo del propietario del establecimiento rural, se resolvió rescatar el perro atascado entre las piedras empleando punzones, picos y marrones pero no se logró el objetivo. El patrón como buen tozudo resolvió pedir apoyo al Batallón de Infantería Nº 12 de la ciudad de Rocha para recuperar el perro, gestión que se logró trabajando con barrenos hasta remover las piedras. Luego de varios días de labor se recuperó con vida a Caifás. Durante la operación de rescate se contó con el apoyo del médico veterinario Dr. Milton Almandós. Este gesto motivó que la Sociedad Protectora de Animales fuera hasta la estancia La Laguna Negra para la entrega de medallas y una placa de reconocimiento por la labor desarrollada en el rescate luciendo el siguiente texto: “AUPA en reconocimiento de quienes en noble gesto rescataron a un perro fiel: Caifás”. Pero Caifás estaba marcado por la tragedia. Un día de los tantos acompañó a la peonada que fueron a desarmar un corral de cerdos ubicado en un lugar donde proliferaban víboras y una crucera le picó en el hocico por andar husmeando en el lugar. Nuevamente se luchó por su vida pero fue infructuoso y resultó imposible salvarlo. Al respecto existe un romance compuesto por el peón de la estancia Oroniel Santurio del cual extraemos una parte de su composición:

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No importa lo que gastaron
Esta es la hazaña cumplida,
Del personal de una estancia
Que supieron con prestancia
Poner a salvo una vida,
No importa los cinco días
De trabajo realizado,
Ellos solo habían ansiado
Salvar a su amigo fiel
Como si hubieran soñado.

Para todo el personal
Y para el joven estanciero,
Les brindo el verso campero
Con un saludo cordial,
Al capataz igual
Que han hecho de la bondad,
Toda la felicidad
Al destruir un gran cerro
Y salvar un gran perro
De diez años de edad.

............................................
EL COMANDO REVOLUCIONARIO.

Bañado Los Indios, sobre ruta 14 - Panoramio - Foto: Carlos Brandi

La Estancia La Blanqueada es el centro de diversas historias tejidas a lo largo de su extensa vida. Cuentan que en el año 1925, un comando revolucionario del Partido Libertador del Estado de Río Grande del Sur estuvo asentado por muy poco tiempo donde recibió un importante armamento proveniente de la capital de nuestro país.
El Dr. Amaranto Paiva Coutinho, titular de la estancia y médico de Santa Victoria Do Palmar, era integrante del Partido Libertador enfrentado al gobernador riograndense Borges Mederos. Este gobernante era considerado un déspota autoritario, rodeado por personas que estaban por encima de la ley y herederos de la filosofía de gobierno de mano dura de Julio Castilhos en Río Grande del Sur: eran los tiempos del gobierno de Getulio Vargas. El Jefe del comando revolucionario brasileño era el Coronel Adalberto Correa quien cultivaba las mismas ideas que el Dr. Amaranto Paiva pero con perfiles personales diametralmente opuestos. Los revolucionarios se habían ubicado en uno de los montes de la estancia rumbo a la laguna, y en un lugar conocido como “Los Aguaíses”, recibieron el armamento esperado, acomodado en grandes cajones de máquinas de esquilar de marca alemana, que fue depositado en el almacén, ferretería y acopios de frutos del país de Simón Otero para de allí ser transportado hasta la estancia. Cuando estaban realizando los preparativos del traslado de las armas al Brasil, todo aquel que llegara al establecimiento rural quedaba detenido. Cuentan que ese día “Ramireya” -un peón rural- salió de la estancia Corral de Palma para La Blanqueada y cuando llegó le salieron al paso cuatro brasileños que lo retuvieron; con mansedumbre campesina “Ramireya” empezó a desensillar su caballo frente a la atenta mirada de sus secuestradores. Caminó lentamente, sin apuro, abrió la portera del potrero para soltar su caballo e imprevistamente montó en pelo y se les fugó ganándose a las sierras de los Correa; allí abandonó su caballo agotado y llegó a pie a Castillos donde efectuó la denuncia en la comisaría.

Los campos del bañado Los Indios eran propiedad de la sociedad Yaguna (o Llaguna) y Terra (Gabriel Terra, presidente de la República de 1931 a 1938) y en este lugar estaba el puestero Claudio Rocha apodado “El Capincho” quien se encargó de cruzar el armamento por ser un conocedor de la zona.

Cuando el comando estaba acampado a la orilla del bañado para cruzar al otro lado llegó un comisario de apellido Cáceres o Cásales con cinco policías y entabló diálogo con Adalberto Correa para que depusiera de su actitud y se entregara. Éste tomó una metralleta y expresó: “yo no vengo a hacer lío acá en el Uruguay pero en un minuto barro con ustedes”.

El comisario ante esta situación dio vuelta con sus subalternos y avisó al destacamento de batallón que había en San Miguel. En tanto ocurría esto, los revolucionarios ya habían cruzado el bañado y en las proximidades de la comisaría del antiguo pueblo Gervasio y el Camino a la Higuera se produjo el enfrentamiento. Hubieron solamente heridos y uno de ellos fue el Coronel Adalberto Correa, que no quiso que el Dr. Álvarez Caimí lo anestesiara por miedo a que lo mataran. Allí concluyó la aventura revolucionaria de Correa.

ARTE RUPESTRE. Sobre ruta 14, próximo al acceso a Potrero Grande existe una zona rocosa, lugar inmejorable para dominar una vasta región dando la sensación de un espacio infinito ante sí. Este sitio no hace mucho tiempo llamó la atención a los lugareños y luego a los investigadores por determinadas formas grabadas en las piedras. Profesionales de la Universidad realizaron investigaciones al respecto dado que existen testimonios claros de identificación de los estudios realizados en lo que se supone que se trata de arte rupestre de alguna comunidad indígena que viviera en el lugar. Es un total misterio el significado de esos símbolos y la difusión que se ha dado de ella es prácticamente nula, al menos para el ciudadano común.

BAÑADO LOS INDIOS.

Bañado y Camino del Indio - Pareja de federales - Panoramio - foto: Final Cut

El Biólogo de Casa Ambiental Giancarlo Geymonat brindó su opinión sobre los roles de la naturaleza en sistemas como el arroyo y bañado Los Indios. “El bañado Los Indios representa hoy uno de los puntos de observación de fauna de mejor acceso para el amante de la naturaleza. El turista, al igual que nosotros, puede hacer un alto en el camino y munido de prismáticos, catalejos, o mejor aún, de un telescopio, podrá identificar unas ochenta y cinco especies de aves y admirar su comportamiento”.

“Desde el pequeño Junquero al gran Chajá, desde la esbelta garza mora al regordete Macacito y desde la nerviosa Golondrina a la estática Becasina, la diversidad de adaptaciones en formas, colores y movimientos parece infinita. Con suerte podremos ver fugazmente a varios mamíferos. Nutrias y carpinchos, comiendo tranquilamente tiernas hojas de camalotes; zorros recorriendo los pajonales en busca de algún pequeño ratón, murciélagos surcando las últimas luces de la tarde. Si permanecemos quietos durante un buen rato, cobrarán movimiento numerosas criaturas a nuestro alrededor: saltamontes, langostas y ranas, tímidas avecillas y hasta alguna culebra inofensiva se nos acercará sin temor. Otro mundo de sensaciones se abrirá ante nosotros si esperamos la puesta de sol. Y si por algunos minutos cerramos nuestros ojos y nos dedicamos sencillamente a escuchar, un halo místico y musical, formado por miles, millones de plantas y animales, crean un concierto de vida...”

“Pero si bien hoy estas exuberancias nos impactan, algunas narraciones de cronistas y naturalistas del siglo pasado nos indican que las condiciones y la dinámica de las aguas en el bañado de Los Indios ha sufrido severos cambios, principalmente a partir de la realización de las obras de canalización para la desecación de los bañados adyacentes.” “Hoy, el antiguo arroyo de Los Indios perdió su cauce y se convirtió en un denso pajonal. Muchos factores han cambiado sensiblemente el espectáculo que hoy nos puede ofrecer el bañado de Los Indios, a pesar de que no hemos sido plenamente conscientes de dicho cambio. Hoy depende de todos nosotros que el bañado de Los Indios perdure... que vuelva a brindarnos su concierto de vida.”

EL PUENTE.

Puente del bañado Los Indios, Ruta 14 - Panoramio - foto: Carlos Brandi

En la década de 1930 se construyó el puente sobre el ecosistema del arroyo y bañado Los Indios, el mismo implicó una ardua labor. Antiguamente se vadeaba por un afirmado de piedras que permitía el paso de las carretas, carros, caballos y la tropa muy próximo al puente, se le conoció como el Paso de las Carretas. Durante la construcción del puente, dos obreros de la empresa ALBINO ZECCHI tuvieron un enfrentamiento, el sobrestante Corbo Hutton comunicó a la Sub. Comisaría de la Punta de la Sierra el hecho, en los siguientes términos: “... Comunico a ud. Que en la tarde de hoy (era el viernes 18 de junio de 1937) y a la hora 16 y10 dos obreros de la empresa ALBINO ZECCHI, que construye el puente “LOS INDIOS” se trabaron en pelea resultando herido de bala en el cuello el operario Gregorio Vizcaíno, lo que pongo en conocimiento de esa Policía a los efectos del caso: el heridor es el operario Mariano Deodoro Mieres, esperando la más rápida intervención saluda a Ud. muy atte. M. Corbo Hutton – Sobrestante”.

CONCLUSIÓN: El Camino del Indio la construyó la empresa Neyeloff y Barrandegui donde los obreros emprendieron la obra prácticamente a pico y pala. Beltrán “Beto” Pérez –fundador del Museo Arqueológico de Castillos, que hoy lleva su nombre- relató su experiencia como obrero de esta ruta “... la empresa exigía más de lo que uno humanamente podía, era una vida dura y se trabajaba al extremo de socavar nuestra resistencia física... cobrar los salarios era una dificultad mayor, casi tan dura como la labor de abrir a pico y pala la ruta, la deuda llegaba hasta los sueldos de tres meses y apenas nos pagaban el de un mes... para exigir venían en un caballo árabe, para pagar en una mula manca”. Las viviendas de los obreros del Camino del Indio eran precarias, consistían en unas tres hiladas de terrón, techo de paja y piso de tierra: unas aripucas. Cuando la construcción de la ruta se distanció del campamento a los obreros los trasladaban en camiones, sin toldos que los resguardaran del frío en invierno, del sol en el verano y de la tierra que al transitar del vehículo se levantaba dificultando la respiración.

El campamento permanecía hasta que a la empresa no le era redituable llevarlos y traerlos desde el lugar de la obra, armándose un nuevo asentamiento en la avanzada. La segunda guerra mundial afectó en la forma de hacer el trazado, pues la maquinaria existente en aquellas épocas no contaba con el combustible para ser movilizada a causa de la veda ocasionada por la contienda mundial.

El obrero a pico y pala y fundador del Museo “Beto” Pérez compuso un poema titulado “Camino del Indio” , del cual extraemos algunas estrofas:

....................................
Este Camino del Indio
Que culebrea hasta el Chuy,
Casi niño, a pico y pala,
En mis tiempos recorrí...

Armábamos la herrería
Debajo el canelón
Y, apenas amanecía,
Meta martillo y marrón!

Aquí dejamos el jugo
Y gotitas de sudor
Bajo el miserable yugo
De un gringuito explotador...

Qué tiempos aquellos tiempos
Difíciles de pelar!...
Arrastrados por los vientos
¿Dónde habrán ido a parar?

NÉSTOR ROCHA - puntoazul@adinet.com.uy Mi Uruguay y Luis Daniel Ibarrola agradecen este invalorable aporte testimonial y absolutamente desinteresado a Néstor Rocha, periodista independiente, más de cuyas notas pueden encontrarse en www.chuynet.com.uy