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miércoles, 10 de septiembre de 2014

10/09/14: Centenario de la Muerte de Delmira Agustini

La poeta uruguaya Delmira Agustini. / BIBLIOTECA NACIONAL DE URUGUAY

Los cien años de la muerte de la poeta Delmira Agustini, asesinada por su exmarido, reabren el debate sobre el feminismo y la violencia doméstica en Uruguay. La autora de Los cálices vacíos es una de las fundadoras de la tradición más rica y singular de mujeres poetas de América Latina.

Rubén Darío, máximo exponente del Modernismo, fue su amigo personal y en el prólogo de una de sus obras la declaraba continuadora de Santa Teresa de Jesús por "la irrupción de su voz femenina" en las letras españolas de ese 1900. Pero nada más alejado de la santa española que Delmira Agustini, poeta de lo erótico, niña precoz de una familia adinerada de Montevideo, personaje absolutamente libertario que selló su desgracia con un matrimonio malogrado. 

Agustini es también el producto de algo que se estaba fraguando en la América Latina de principios del siglo XX, un nuevo mundo.

Para el Secretario de la Academia Nacional de las Letras de Uruguay, Ricardo Pallares, las poetas uruguayas son "una anticipación de los movimientos de emancipación de la mujer de principios del siglo XX, fenómeno que se vincula indisolublemente con el carácter aluvional de la llegada de inmigrantes europeos. Esa población encontró en el Río de la Plata un ambiente de tolerancia, y esto produjo una conducta permisiva de la burguesía y de las clases intelectuales".

Delmira Agustini se casó en 1913 con dudas, como revela su correspondencia con Rubén Darío ("internaré mi neurastenia para lanzarme al abismo medroso del matrimonio") En 1914 decidió divorciarse amparada por la primera ley de divorcio de toda América Latina (votada en 1913). Ese mismo año fue asesinada de dos disparos por su ex marido, que se suicidó después. La fotos de la escena del crimen tomadas por la policía técnica todavía causan horror. Hasta el día de hoy los estudiosos analizan los hechos y debaten sobre si hubo o no asesinato, mientras desde su obra Agustini declara: "Yo muero extrañamente... No me mata la Vida".


Imagen de la Generación del 45 en Uruguay, figuran entre otros, Benedetti, Idea Vilariño, Amanda Berenguer y en el centro, Juan Ramón Jiménez. / BIBLIOTECA NACIONAL DE URUGUAY



Pallares descarta cualquier paralelo entre el final trágico de la poeta y la violencia de género que en Uruguay causa la muerte de una mujer cada nueve días. Por su parte, las feministas y las poetas uruguayas de hoy consideran el crimen que sesgó la vida de Agustini como el prototipo de la violencia machista.

En todo caso, todos coinciden en que Agustini y otra gran poeta de la época, María Eugenia Vaz Ferreira, iniciaron una "genealogía" de autoras uruguayas. Con su claro liderazgo, estas mujeres ocupan el mismo lugar (inmenso) que tiene la poesía en aquella época. En 1938 otra gran autora, Juana de Ibarburú, invitó a Montevideo a la chilena Gabriela Mistral (Premio Nobel de Literatura en 1945) y una lectura pública de sus versos fue retransmitida en directo por la radio y seguida con fervor por miles de personas.

A mediados de siglo siguieron apareciendo mujeres en la poesía, como Susana Soca, Esther de Cáceres o Clara Silva, y en 1945 surgió la generación más completa de autores uruguayos, con escritores como Juan Carlos Onetti y Mario Benedetti. Nuevamente, se destacaron poetas como Idea Vilariño, Amanda Berenguer o Ida Vitale.

"Si hay que buscar una característica común de las poetas uruguayas ésta sería su intransigencia, ese no ceder a la facilidad, a la tentación de decir. Todas tienen una cosa muy tensa con el lenguaje", dice Silvia Guerra, poeta de 53 años.

Idea Vilariño continuó con estilo propio la temática erótica de Delmira Agustini, aunque su obra ha sido calificada como una poesía del amor. La bella mujer que fuera amante de Onetti era discreta, casi secreta, y durante años se negó a promocionar o dar a conocer su obra. Compartía con Onetti el pesimismo; de su pasión y de su ruptura nacieron versos muy conocidos en Uruguay: "Ya no será, ya no, no viviré contigo, no criaré a tu hijo, no coseré tu ropa".

Los poemas de Vilariño sorprenden por su modernidad, a veces con versos que podrían ser resumidos en un mensaje de texto o en un Tweet sin perder un ápice de su fuerza o belleza. En este aspecto se destaca Amanda Berenguer, menos conocida que Vilariño pero reverenciada por los críticos. Atea militante, Berenguer es la referencia absoluta en poesía experimental y trabaja constantemente el tema del paso del tiempo. Los amaneceres del Rio de la Plata, las frutas, los objetos de la modernidad componen una obra casi ausente de las librerías uruguayas pero luminosa: "Navío nictálope asumes el tríptico ilusorio/como una estrella presente pasada y futura".

Los años de la dictadura (1973-1985) y el declive económico del país no detuvieron el flujo incesante de mujeres poetas, con la generación de los 60 integrada por Nancy Bacelo, Marosa di Giorgio o Circe Maia, entre otras. Muchas de ellas mostraron un claro compromiso militante, como Circe Maia, de 82 años, que relata en uno de sus poemas los viajes para visitar a su marido preso durante la dictadura. La tradición continúa en nuestros días, con autoras que surgen y mantienen una constante producción.

Fuente: El País (España)

jueves, 6 de marzo de 2014

Aves Uruguayas: La Urraca



Uno de los pájaros mayores de Uruguay: la Urraca Común - foto: Claudio Girotto
Las urracas están emparentadas con los populares cuervos del hemisferio norte, los pájaros más grandes del mundo, de los que cabe acotar no existen en nuestro país, ya que los así mal llamados son en realidad buitres.

La Urraca Común (Cyanocorax Chrysops) es un ave hermosa, astuta, muy ágil en el manejo de sus patas y rápida para tomar su alimento y volver volando a una rama, ya que es difícil verla comer en el suelo. Prácticamente comen de todo: insectos, semillas, frutos, pichones de otras aves, pequeños reptiles o mamíferos.

Éstas aves no presentan dimorfismo sexual, lo que no permite distinguir machos de hembras. Incluso emiten sonidos similares, y un dato importante: son buenas imitadoras de otras aves. Su llamada de voz es aguda, a veces metálica, de trémulos píos ventrílocuos, a veces muy fuertes. Además también son capaces de imitar voces de otros animales.

Esopo ya en sus fábulas distinguía a este tipo de aves por su astucia y picardía.

Son pájaros grandes y relativamente confiados. Miden aproximadamente 34 centímetros. Son inconfundibles por lo sugestivos: de corona y copete negro aterciopelado, enseguida llaman la atención por una mancha celeste brillante en la nuca y sobre los ojos, a modo de cejas.

El pecho superior y el dorso es de color negro-azulado, mientras que pecho inferior y vientre son amarillos cremosos. Habita mayormente quebradas y montes ribereños.

De comportamiento conspicuo, llamativo y descarado, cambian continuamente de percha, buscando su alimento en los niveles medios del bosque. Se mueven usualmente en pequeñas y errantes bandadas bulliciosas de hasta 15 ejemplares, a veces acercándose a las casas campestres en busca de alimento.


Sin dudas, la urraca más expresiva que hemos visto fotografiada - L Marcio Ramalho


Estos córvidos presentes en buena parte de Sudamérica, son residentes comunes al norte del Río Negro, más aún hacia el litoral; pero también se las encuentran en Soriano, Flores, Florida, Durazno, Treinta y Tres y Cerro Largo.

Nidifican en primavera. Su postura es de 2 a 8 huevos que ponen sobre nidos muy sencillos, plataformas de hojas y palitos, ocultos en densa vegetación.

Más información sobre aves uruguayas: “El País de los Pájaros Pintados” de Gabriel Rocha, 3 tomos (ed. Banda Oriental); “Aves del Uruguay” de Adrián B.Azpiroz (ed. Graphis), disponibles en librerías.


lunes, 24 de febrero de 2014

Carlos Páez Vilaró (1/11/1923 - 24/2/2014)


Carlos Páez Vilaró con C1080, 14 de febrero de 2014 (Claudio Guido)


Carlos Páez Vilaró (Montevideo, 1 de noviembre de 1923 - Punta Ballena, 24 de febrero de 2014) fue un pintor, ceramista, escultor, muralista, escritor, compositor y constructor uruguayo.

Con 18 años viajó a Buenos Aires en 1941, para trabajar en una fábrica de fósforos y luego en el sector de las artes gráficas. A los 20 años regresó a Montevideo donde, impactado por las comparsas de los barrios Sur y Palermo, y por el conventillo Mediomundo, se vinculó a la comunidad afrouruguaya y comenzó a colaborar en la preparación del desfile de llamadas, interiorizándose en el folclore negro. A partir de este acercamiento realizó varias obras pictóricas mostrando distintos aspectos de la cultura y de la vida cotidiano del afrouruguayo: llamadas, bailes, religiosidad, casamientos, nacimientos, velorios, etc.

Gracias al contacto con escritores, músicos e investigadores como Ildefonso Pereda Valdés, Paulo de Carvalho Neto, Jorge Amado y Vinicius de Moraes publicó libros como La casa del negro, Bahía, Mediomundo y Candango. Profundizó sus investigaciones sobre la cultura afrodescendiente desde Salvador de Bahía y cada uno de los países americanos donde está presente (Colombia, Venezuela, Panamá, República Dominicana, Haití, etc.) a los países del África subsahariana. Colaboró con Albert Schweitzer en el leprosario de Lambaréné.

Entre varias ocupaciones, fue columnista de la revista semanal Caras y Caretas.

Se casó en 1955 con Madelón Rodríguez Gómez y se divorció en 1961. Tuvo seis hijos: Carlos Miguel (tenía 18 años cuando en 1972 formó parte del milagro de los Andes y fue el menor de los sobrevivientes, cumpliendo 19 años en la cordillera, Mercedes, Agó, Sebastián, Florencio y Alejandro (los tres últimos, de su actual esposa, Annette Deussen).

Además de la pintura incursionó en el cine en 1967, como coguionista de la película Batouk, dirigida por Jean-Jacques Manigot, largometraje de 35 mm en color de 65 minutos de duración. Los coguionistas fueron Aimé Césaire y Leopold Sedar Senghor que aportaron poemas. La película participó del Festival de Cannes de 1967.

En la Revista Life, 1964
El 14 de febrero de este año, hace apenas 10 días, había estado presente en el desfile de llamadas 2014, donde su comparsa, C1080, resultó ganadora. Carlos se despidió así con un nuevo sueño cumplido.

Hasta su fallecimiento en el día de hoy, vivió y trabajó en Casapueblo, ubicada en Punta Ballena, a 13 km de Punta del Este, Uruguay.

"Páez Vilaró venía con una insuficiencia cardíaca severa, su corazón estaba muy mal, tenía las aurículas dilatadas y luchó hasta el final", afirmó a EFE su secretaria personal, María Dezuliari.

"Estaba en la cama, se había levantado y se había vuelto a acostar. Acababa de hablar por teléfono con su médico", relató.

"Se fue a pintar al cielo esta mañana" rezaba un cartel adherido a la entrada de Casapueblo horas después.

"Despidiéndose" - (Iván Franco - EFE) 
Fuentes: WIKIPEDIA, EFE y otras.